Manuel Gárate, historiador: “A Kast le ha resultado muy bien presentarse como el antioctubrista”

El académico de la UC e investigador del COES proyecta y pone en perspectiva los resultados de ayer, así como el escenario político chileno del último tiempo.




La posibilidad de que José Antonio Kast ganara no era en absoluto descartable, observa hoy el historiador Manuel Gárate, docente del Instituto de Historia de la UC e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), a propósito de los resultados de ayer y del Chile que viene. “Todas las encuestas lo decían, a pesar de que a las encuestas les tenemos hace tiempo un alto grado de desconfianza. El desfonde de Sichel daba una señal. También, el hecho de que no se sabía muy bien cuál era la posible votación de Boric en las regiones: me llamó mucho la atención que el norte, que tradicionalmente ha votado por la izquierda, esta vez tuvo un giro importante hacia las posiciones de Kast y de Parisi”.

Tanto el fenómeno de la violencia en La Araucanía como el de la migración en el norte, agrega el autor de La revolución capitalista de Chile, “están pegando fuerte en el debate, y creo que Boric y una buena parte de la centroizquierda no los han tomado mucho en cuenta, o bien no tienen una respuesta clara para eso, porque la respuesta siempre choca de algún modo con los ideales progresistas, como se ha visto en Europa y en Estados Unidos. No es un fenómeno nuevo, pero aquí no lo conocíamos y ahora pegó con fuerza”.

Mirando hacia adelante, remata, “cualquier coalición que quiera ser mayoría va a tener que hacerse cargo de ese tema. Más allá de las posiciones de convicción ética, por así llamarlas, hay que dar también un paso práctico sin abandonar, por supuesto, las convicciones: hay que caminar hacia soluciones y no dejar que la cuestión se regule sola. Ahora bien, el problema de la migración lo está teniendo el gobierno de Piñera y no es achacable ni a Boric ni a la centroizquierda, pero tampoco desde ahí ha surgido una respuesta. La zanja no es la respuesta correcta, creo yo, pero es una respuesta y es una respuesta fácil. Y la respuesta de Parisi va por la misma línea”.

Hubo en el discurso que Boric dio anoche algún guiño a Allende y a sus palabras del 4 de septiembre de 1970. ¿Cómo ve un historiador la referencia a un discurso dado por alguien que obtuvo la primera mayoría en un sistema donde alcanzaba con la mayoría relativa?

Aquí la historia puede jugar para bien o para mal. Si, en una lógica de historiador, me pregunto a qué se parece la instancia en la que nos vamos a encontrar en los próximos días, creo que tiene algo de la elección del 70, aunque acá yo veo más lo de 1988. Pienso que se puede parecer más al plebiscito del 88, pero con un grado mucho menor de movilización. Y lo que le ha agregado un nivel de liquidez enorme a todo esto es el voto voluntario, por lo que es muy difícil dar una mirada.

En cuanto al discurso de Boric, hubo algo de llamar a la calma, de que se vayan tranquilos a sus casas, pero también había una preocupación y no había la fiesta que había al otro lado. Y eso te dice algo. Ahora, la estadística indica también que ningún candidato desde el retorno a la democracia que haya salido segundo en una primera vuelta ha ganado en la segunda. El escenario es hoy distinto, pero algo pesa la estadística en la historia. Y creo que el sentido común llama a buscar los electores de centro, pero creo también que se ha venido instalando que el electorado vota cada vez más por personas, menos por coaliciones, y es mucho más difícil que un candidato traspase votos de manera automática, salvo los que quizá tengan un elemento carismático mayor, como ME-O o Parisi (y aun así, creo que tampoco se van a movilizar por lo que ellos digan). Se puede dar un escenario del tipo “todos contra Kast”, una especie de lucha antifascista, pero creo que sería un error, porque no estamos frente a un fenómeno de fascismo. Si uno es riguroso históricamente, el fascismo no es esto, sino que se parece mucho más a fenómenos tipo Trump, Bolsonaro o lo que hemos visto en países de Europa Oriental, como Polonia y Hungría, donde hay un apoyo popular importante.

Yo creo que el resultado de la segunda vuelta va a depender del grado de movilización. Si convence a la gente de que vaya a votar, creo que Boric tiene una posibilidad importante, si es que se repite un poco la lógica del Apruebo y del Rechazo. Pero es muy difícil de decir. Como historiador, uno tiende a preguntarse a qué se parece esto, y creo que muchos de mi generación nos acordamos más al 88: tal vez porque no habíamos nacido el 70 o porque consideramos que el 70, en Guerra Fría y sin segunda vuelta, es un escenario muy distinto.

En la presidencial de 1970, un eslogan de la campaña de Jorge Alessandri decía, “tranquilidad para mañana”. Anoche, por su parte, Kast habló principalmente de “paz”, “orden” y “tranquilidad”, y además lo hizo como quien está predicando…

Es verdad que no estaba hablando en el lenguaje de la manifestación, pese a que estaba frente a un público: era como si hablara para la TV, muy tranquilo, llamando a la calma, a la paz. Creo que le ha resultado muy bien presentarse como el antioctubrista, el antimanifestación, el antiviolencia en La Araucanía. Le conviene mucho ese discurso en este momento, porque probablemente mucho del voto de derecha que votó por él no está votando por su versión más dura, sino por la versión que traiga tranquilidad, y eso es una derrota para los llamados “octubristas”. Me gustaría saber cómo ha sido el voto en el centro de Santiago, el voto cercano a Plaza Italia: creo que ahí hay mucha gente que tradicionalmente votó por la Concertación, incluso por la izquierda, y que hoy, por una cuestión práctica, está votando por Kast.

Durante el año se ha venido hablando del desfonde de los grandes conglomerados, partiendo por la ex Concertación. ¿Cómo se ve eso tras los resultados presidenciales y parlamentarios de ayer?

Han estado dando por muertos a esos dos sectores, pero la elección parlamentaria dice otra cosa. Y creo que hay mucho analista al que le encanta dar por iniciados nuevos tiempos y matar a los viejos tiempos, pero lo que uno sabe en historia es que, en general, lo que hay son procesos de largo aliento. Por supuesto que hay quiebres, pero incluso los quiebres se manifiestan en el mediano y en el largo plazo, y por ese lado no ha terminado el ciclo antiguo. Creo también que hay un voto bastante racional en la parlamentaria y probablemente más pasional en la presidencial. Evidentemente, se desfondan los dos grandes conglomerados de la Transición en el ámbito presidencial, pero cuando vamos a lo más territorial, a las caras que se conocen más, ahí permanece una lógica más tradicional.

También hay mucha gente que es parte del octubrismo o del fenómeno de la protesta y que no vota, y eso lo leyó mal un sector de la izquierda que pensó que porque van a protestar, van a ir a votar, lo que no es automático. Muchas de esas personas no están “ni ahí” con el sistema en su conjunto, y menos con las elecciones.

Si el nuevo escenario es heredero del estallido, ¿cabrá recordar que el 18-O encarnó al principio un rechazo general a la política institucional y a los políticos?

Los últimos tiempos nos han demostrado que todo se puede desmentir en la siguiente elección. Cuando ganó el Apruebo, o tras la elección de convencionales, se dijo que se había acabado la derecha, pero la nueva elección nos demuestra que no. Una forma de pensar no desaparece porque le vaya mal en una elección. Siempre va a haber una derecha, siempre va a existir una izquierda, también. Que puedan tomar formas distintas es parte de los tiempos.

Por otro lado, hay mucha gente que en un momento sintió que el estallido era la descarga de una rabia por cuestiones como el alza del transporte, y que lo puede haber apoyado en un momento, pero después se cansó de eso y también se puede haber asustado: esa gente pudo haber votado Apruebo, pero después pudo haber dicho, “no quiero más violencia”. Ese voto cruzado existe, y muchas personas toman esas decisiones. Hay mucha gente cuyo voto es muy pragmático y muy influido por lo que pasa en el día a día y que, según eso, también, vacilan.

Los resultados de ayer volvieron a serles esquivos a los impulsores de una derecha “moderna” y “liberal”, ¿no?

Hay un deseo frustrado de un sector importante respecto de la construcción de una derecha liberal, pero la hora de los quiubo, eso se termina asociando normalmente a una suerte de bonapartismo: orden y seguridad, que es lo que representa Kast. Eso se privilegia por sobre algo que puede parecer más sofisticado y que tiene mucho que ver con una derecha que ha viajado más, que ha estudiado en el extranjero, y que también uno podría ver en el mundo que hay detrás de Boric, donde no están esencialmente los sectores populares. También ahí hay mucha persona que ha estudiado afuera y que trae ideas que muchas veces no van de acuerdo con los sectores populares, porque esos sectores en realidad se desconocen bastante: no sabemos bien cómo votan.

Ahora, hay algunos en la derecha que, o tienen un conocimiento más real o tienen mejor olfato. Una derecha popular, pese a que la han dado por derrotada muchas veces, puede tener más esperanza que esa derecha liberal que, para mí, ojalá existiera. Dicho eso, yo entendía a la “derecha social” de Desbordes o de Ossandón como una derecha más preocupada de los derechos sociales y acá hago una diferencia con la “derecha popular” de Kast: una derecha que promete orden, fin a la delincuencia, controlar el narco, que son todas promesas muy complicadas. Ningún conglomerado las ha podido cumplir.

¿Cómo ve el escenario de una posible crisis económica?

Creo que en lo económico estamos enfrentando fenómenos absolutamente nuevos. No estamos en algo parecido a la crisis del 30, ni a la crisis de la deuda de los 80. Tampoco se va a parecer a la crisis subprime. Más allá de que las culpas que unos les echen a otros, la posible crisis económica que viene tiene que ver con un problema global: con la energía, con las cadenas de abastecimiento, con el nivel de endeudamiento. Hay también una crisis climática que ya está impactando fuertemente la economía, al mismo tiempo que se produce una transformación energética. Si a eso se les suman los factores internos, esto puede ser complicado. Es posible que el mundo vaya a estar en crisis, y va a ser difícil para cualquier candidato prometer, como escuché decir a Kast, que vamos a volver al crecimiento, que podremos volver a la situación cercana a la que teníamos, digamos, el 2015, dada la situación internacional y el grado de dependencia de la economía chilena de los factores internacionales.

Ahora, hay que hacer una salvedad. Esta sigue siendo una economía muy dependiente de materias primas, sobre todo del cobre, y es probable que ante los problemas de abastecimiento y ante el requerimiento de una transformación hacia la electricidad en el mundo, la demanda por cobre aumente. Entonces, podríamos tener una paradoja: un sistema político inestable, con condiciones económicas inestables, pero que entremos en un nuevo superciclo del cobre, que de alguna manera tape ese problema. Pero eso va a depender totalmente de factores externos.

¿Qué se puede esperar de los poderes estatales que se están renovando y de su relación con la Convención Constitucional?

Estamos en una situación que me recuerda una película: La suma de todos los miedos. Se sumaron la pandemia, el estallido, un período de incertidumbre respecto de la nueva Constitución, y al mismo tiempo la posibilidad real de que se elija un gobierno que sea anti-Convención. Hace algunas semanas Kast dijo que estaría por rechazar en el plebiscito de salida si la Convención no hace lo que él espera que se haga. Entonces, podríamos tener una situación inédita de un gobierno que camina hacia un lado, una convención que está planeando un Chile que va en otra dirección y una situación en que no se sabe si el electorado chileno tiene algunos rasgos esquizofrénicos o si pretende lograr el equilibrio de las fuerzas. Hay un problema con los poderes del Estado, y no va a quedar otra que conversar, porque si no, vamos a llegar a una situación muy crítica. El peligro que veo en el futuro es que lleguemos a una situación de bloqueo, y ese bloqueo puede tener algún tipo de salida autoritaria. No me gustaría decir “violenta”, pero sí autoritaria.

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