Unidad Social no colabora en nada con el progresismo

MESA UNIDAD SOCIAL SE REUNE CON MINISTRO DEL INTERIOR13505-2

El 28 de noviembre, la Mesa de Unidad Social se reunió con el ministro Blumel. Mario Téllez/La Tercera

¿Qué podemos obtener de quienes parecen más enamorados de su marginación y parecen asustados con la sola idea de ser realmente protagonistas de algo? Lo concreto es que no se sabe.


Caminan como si tuvieran hordas tras suyo y creen saber qué, cómo y cuándo quiere las cosas el pueblo. Dicen que todo lo que se hace en pasillos de la política es malo, espurio, pactado y que no se ha logrado nada. Cuando se les cuenta que el acuerdo constitucional fue a pesar de la elite política, sonríen un rato, pero luego señalan que todo fue hecho para que esa elite siguiera manejando los destinos de los chilenos, como si las sociedades no necesitaran ciertas dirigencias politizadas que encaminen y sepan darle un relato a algo. Es verdad que con el 18 de octubre todo esto cambió, pero, ¿no sería una oportunidad para acercarse de otra manera a la política? Ellos creen que no.

A la Mesa de Unidad Social le gusta decir que está lejos de todo lo que no beneficie a la gente. Cando sus voceros hablan de los partidos, es como si hablaran de un mal que está lejos de la pureza de la calle. Lo dicen como si no tuvieran ideas, como si sus planteamientos no necesitaran encuadrarse en un domicilio ideológico para lograr cambios, y como si querer cambiar lo que explotó no fuera una necesidad ideológica, aunque todos sepamos que cada miembro tiene su domicilio claro y su militancia en el Partido Comunista o el Humanista es conocida por todos.

No, ellos solo escuchan el clamor de la calle. Ellos solo quieren hacer lo que ésta quiere. Encuentran que es ofensivo para las grandes masas, que creen tener tras ellos, plantear la sola intención de presentarles un proyecto, ofrecerles un camino. Eso sería apadrinarlos, traicionarlos y traicionarse a ellos mismos en este futuro en el que pareciera que prefieren no hacer nada antes que llegar a algo.

Unidad Social, en su afán por renegar de todo, ha renegado también de la acción política, de la necesidad de dar pasos, de cambiar cierto pasado en la historia de Chile. Porque, ¿cuándo se había visto la elite presionada de la manera en que se vio presionada el 15 de noviembre? En la historia reciente no lo recuerdo. ¿Pero qué prefieren aquellos que dicen estar del lado correcto de la historia? Nada. Solo aparecen para decir lo que no habrían hecho en vez de lo que es o no correcto hacer; creen que la virginidad en materia de negociaciones los hará ser, de una u otra forma, los líderes de lo que se viene. ¿Pero qué se viene si no hay nada más que ganas de hacer como si se hicieran las cosas? ¿Qué podemos obtener de quienes parecen más enamorados de su marginación y parecen asustados con la sola idea de ser realmente protagonistas de algo? Lo concreto es que no se sabe.

Lo único que vemos son actos estériles como pedir marcar el voto como AC cuando hay -aunque eufemísticamente, es cierto- una opción para poder marcar efectivamente por una Asamblea Constituyente. Es como si quisieran solamente mostrar que, aunque no saben por qué se oponen, se están oponiendo, mostrando la diferencia, diciendo que están, pero no están de acuerdo con el plebiscito, para que así, si algo sucede, puedan salir airosos, sin una sola mancha y decir "les dijimos".

Bueno, lo cierto es que esto no colabora en nada con la izquierda, progresismo o como sea que se llame en el futuro. Es cierto, esta vereda política ha tenido grandes debates en su historia respecto de los procedimientos y las formas, pero acá no hay ni uno solo. Acá pareciera que hay miedo a lo añorado, terror a salir derrotados, pero quedándose en la derrota, en la mediocridad de no tener ganas reales de ofrecerle algo a ese pueblo del que prefieren hablar, pero se niegan a intervenir. Sí, porque la acción política necesita de la intervención de la teoría. Y en Unidad Social no hay acción, ni mucho menos teoría; hay solo ganas de hacer algo sin hacer nada.

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