El pacto Washington-Riad que abre la puerta al enriquecimiento de uranio y enciende alarmas sobre la seguridad en Medio Oriente
La administración Trump firmó con Arabia Saudita un acuerdo de cooperación atómica sin el veto al enriquecimiento que Washington exigió a otros socios del Golfo. Ante esto, legisladores estadounidenses y funcionarios israelíes advierten que el reino podría usar un programa civil para acercarse a la producción de una ojiva nuclear.
La administración de Donald Trump anunció un amplio acuerdo nuclear con Arabia Saudita que podría llevar al reino árabe a enriquecer su propio combustible para reactores, una concesión que rompe restricciones que Estados Unidos impuso durante décadas y que reactiva el temor a una carrera armamentística en Medio Oriente.
La noticia, según consignó The New York Times, sorprendió a Israel y encendió la oposición de legisladores estadounidenses, tanto de demócratas como republicanos.
El pacto se firmó bajo la Sección 123 de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos, el marco jurídicamente vinculante que fija las obligaciones de no proliferación en la cooperación nuclear.
Pero, el problema estaría en la información omitida en el acuerdo. Según indicaron dos fuentes a Reuters, el texto no incluye el “estándar de oro” que prohíbe a Arabia Saudita enriquecer uranio y procesar combustible atómico gastado, las dos vías que permiten obtener material para el desarrollo de una ojiva, ni un “protocolo adicional” de supervisión internacional reforzada.
De acuerdo con The New York Times, para cerrar el acuerdo con el príncipe heredero Mohammed bin Salman Al Saud, el líder de facto del país de 40 años, Trump tuvo que aceptar condiciones que podrían limitar el acceso de los inspectores internacionales a cualquier instalación en el país que consideren que podría servir como vía para desviar combustible a proyectos armamentísticos.
Además, el inquilino de la Casa Blanca habría accedido a que, tras un estudio conjunto con Arabia Saudita sobre la viabilidad económica de la producción de combustible nuclear, se podría permitir a los sauditas enriquecer uranio o reprocesar plutonio en su territorio.
Así, las condiciones del acuerdo difieren con los precedentes similares. En su pacto con Emiratos Árabes Unidos, en vigor desde 2009, Abu Dhabi aceptó inspecciones rigurosas y renunció a producir su propio combustible, lo que eliminó la infraestructura para fabricar un arma. Ese acuerdo se convirtió en el referente de la no proliferación, y con Riad Trump se aparta de esas restricciones.
La garantía de Rubio
El secretario de Estado, Marco Rubio, evitó confirmar el pacto ante los periodistas que lo acompañaban en Manila. “Quizás hoy mismo, cuando Washington despierte, haya un anuncio”, dijo. “Les prometo que lo sabrán”. Y, consultado por el riesgo de desarrollo de un programa armamentístico saudita, respondió que “basta con decir que Estados Unidos no va a llegar a ningún acuerdo con ningún país del mundo que conlleve el riesgo de proliferación”.
Sin embargo, el cuestionamiento se basa en las propias declaraciones del país árabe. El príncipe Mohammed ha prometido que construirá armas nucleares si Irán lo hace, y llegó a afirmar en una entrevista que lo haría “sin duda alguna”.
El reino, que posee reservas de mineral de uranio, anunció en enero de 2025 que enriquecería uranio para producir combustible eléctrico. Sin garantías estrictas, según los analistas consultados por Reuters, esa capacidad podría emplearse para obtener uranio altamente enriquecido, apto para material fisionable.
Con esto, la coherencia de Washington queda en entredicho, porque una de las justificaciones de su guerra contra Irán este año fue la negativa de Teherán a renunciar a su propio enriquecimiento.
Israel tomado por sorpresa
El anuncio habría tomado por sorpresa a Israel, que mantiene un programa secreto de armas nucleares y un reactor de investigación público, apuntó el New York Times.
La administración de Joe Biden había condicionado el acceso saudita a la tecnología estadounidense a que Riad estableciera relaciones diplomáticas con Israel, uno de los principales objetivos del premier israelí, Benjamin Netanyahu.
Sin embargo, Trump se desvinculó de ambos asuntos y avanzó con un acuerdo que, según el diario estadounidense, parece obviar por completo a Israel. Los analistas advierten que podría alentar a otros países, como Turquía, a desarrollar sus propios programas de enriquecimiento, y la oposición israelí lo leyó como una nueva señal del deterioro de la influencia del país en Washington.
En una entrevista de radio, el ministro de Economía israelí, Nir Barkat, comentó sobre el acuerdo Washington-Riad. “Si lo quieren para fines pacíficos, para cubrir sus necesidades energéticas, podemos gestionarlo”, declaró, y agregó que la normalización con Riad “sigue sobre la mesa” y que Netanyahu y Trump “no correrían riesgos por el Estado de Israel”.
A la vez, la oposición israelí también reaccionó al pacto. “Todo programa nuclear militar comienza con uno civil”, afirmó Avigdor Liberman, exministro de Defensa, quien pidió al Congreso frenar un acuerdo capaz de desatar una carrera armamentística.
El exministro de Defensa, Benny Gantz, también lo calificó como “una enorme oportunidad perdida”. Luego, agregó: “Una y otra vez, este gobierno extremista pierde oportunidades para cambiar Medio Oriente”, escribió en redes sociales. Por su parte, el exembajador israelí en Washington, Michael Herzog, apuntó a las garantías. “El hecho de que no esté vinculado a la normalización, ni que no estén claras las salvaguardias para impedir que Arabia Saudita inicie un programa militar, son motivos de preocupación en Israel”, declaró.
Venia del Congreso y la apuesta de Riad
El acuerdo requiere revisión del Congreso de Estados Unidos, que puede rechazarlo bajo la Ley de Energía Atómica. Podría haber oposición en el Congreso norteamericano donde, según Reuters, algunos miembros han exigido anteriormente estrictas salvaguardias para cualquier acuerdo que implique el desarrollo de energía nuclear.
A pesar de lo anterior -apuntó la agencia- es probable que el acuerdo prospere porque la oposición no reuniría los votos para anular la iniciativa presidencial. El texto incluye dos cartas complementarias secretas, y algunos legisladores anticipan que no votarán hasta que estas sean publicadas.
Según la misma agencia, Riad justifica su apuesta atómica en el plan Visión 2030, que busca reducir el consumo interno de crudo para liberarlo a la exportación. Washington también ganaría, ya que el acuerdo permite a su industria captar contratos multimillonarios y vigilar de cerca el programa saudita.
Si el pacto fracasara, Riad ya cuenta con opciones. En caso de que el pacto entre Estados Unidos y Arabia Saudita no prospere, incluso en esta etapa avanzada, varios países con industrias nucleares consolidadas han expresado interés o se consideran socios potenciales para el programa nuclear saudita.
Según informes citados por Reuters, la empresa estatal china China National Nuclear Corp (CNNC) presentó una oferta en 2023 para construir una central nuclear.
La estatal rusa Rosatom, que construyó una central nuclear en Egipto, también ha firmado acuerdos preliminares de cooperación con Riad. Otros posibles candidatos incluyen a Corea del Sur, que construyó reactores en Emiratos Árabes Unidos y Francia.
La elección del socio probablemente dependerá de las ofertas tecnológicas, el financiamiento y la alineación geopolítica, incluidas las condiciones relacionadas con el manejo del combustible nuclear, apuntó Reuters.
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