La guerra en Irán y el fantasma de la crisis alimentaria en el mundo
Por el estrecho de Ormuz transita un tercio del comercio marítimo de fertilizantes. Aproximadamente la mitad de la producción mundial de alimentos depende de fertilizantes nitrogenados sintéticos. Sin ellos, las cosechas se desplomarían, lo que elevaría los precios de alimentos básicos como el pan, el arroz, las papas y la pasta.
Desde que Estados Unidos e Irán lanzaron sus ataques contra Irán el 28 de febrero pasado, la atención se situó en el estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo y gas natural licuado. Sin embargo, por el paso de 34 kilómetros de ancho también transita un tercio del comercio marítimo de fertilizantes, lo que lo convierte en una arteria fundamental para la producción de alimentos, por lo que su bloqueo incrementa el riesgo de una crisis alimentaria en todo el mundo.
Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y principal negociador, declaró a última hora del miércoles que reabrir el estrecho de Ormuz sería “imposible” mientras Estados Unidos e Israel cometieran violaciones “flagrantes” del alto el fuego. En una publicación en X, añadió que Estados Unidos e Israel “no lograron sus objetivos mediante la agresión militar, ni lo harán mediante la intimidación”.
Las fuerzas iraníes se han apoderado de dos barcos en el estrecho de Ormuz, mientras que Estados Unidos e Irán han intensificado la imposición de bloqueos separados a esta vía marítima, indicó The Guardian.
Aproximadamente la mitad de la producción mundial de alimentos depende de fertilizantes nitrogenados sintéticos. Sin ellos, las cosechas se desplomarían, lo que elevaría los precios de alimentos básicos como el pan, el arroz, las papas y la pasta, y también encarecería los piensos para animales. Algunos de los países más pobres del mundo se encuentran entre los más vulnerables al aumento del precio de los fertilizantes.
“Estamos viviendo con el tiempo prestado”, dijo Pablo Galante Escobar, director de GNL (gas natural licuado) de Vitol, una empresa multinacional holandesa con sede en Suiza dedicada al comercio de energía y materias primas, durante su intervención en la Cumbre de Materias Primas del diario Financial Times celebrada el martes en Lausana, Suiza.
El periódico explicó que la reducción del flujo de GNL a través del estrecho ya ha frenado el consumo industrial. Escobar afirmó que alrededor del 40% de la disminución de la demanda de gas provino de las fábricas, en particular de las plantas de fertilizantes. El gas natural es una materia prima clave ara los fertilizantes nitrogenados, como el amoníaco.
“Esto no es sostenible, o la crisis energética se convertirá en una crisis alimentaria”, dijo, advirtiendo que la menor disponibilidad de fertilizantes afectaría negativamente el rendimiento de los cultivos y elevaría los precios de los alimentos en las próximas temporadas.
Los datos recientes del Banco Mundial en marzo dieron cuenta de la vinculación entre los combustibles y los fertilizantes. Por ejemplo, el índice de precios de la energía de la organización aumentó un 41,6 %, impulsado por un incremento del 59,4% en el gas natural europeo y del 45,8% en el petróleo crudo Brent.
En el mismo mes, los precios de los alimentos subieron un 2,7% y los de los fertilizantes un 26,2%. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido que, de persistir la crisis, los precios mundiales de los fertilizantes podrían alcanzar un promedio de entre un 15% y un 20% más en el primer semestre de 2026.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha señalado que “los fertilizantes son el principal problema que preocupa en la actualidad”, mientras que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) afirma que el número total de personas que se enfrentan a niveles agudos de hambre podría alcanzar cifras récord este año si continúa el conflicto desestabilizador.
Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), citada por The Guardian, en 2024 se transportaron por mar unos 16 millones de toneladas de fertilizantes desde la región. Después de Rusia, Egipto y Arabia Saudita, Irán es el cuarto mayor exportador mundial de urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado.
Medio Oriente es también la fuente de aproximadamente el 45% del comercio mundial de azufre, una materia prima clave para la fabricación de fertilizantes, así como para la producción de diversos metales y productos químicos industriales.
Pero desde que Irán comenzó a amenazar con atacar los buques mercantes, solo un goteo de embarcaciones que transportan amoníaco, nitrógeno y azufre, ingredientes vitales en muchos productos fertilizantes sintéticos, transitan por el estrecho hacia sus destinos.
Qatar Fertiliser Company (QAFCO), que es la mayor planta de exportación de urea del mundo y proveedora del 14% de la urea global, lleva casi un mes inactiva desde que Qatar cerró sus plantas de gas tras los ataques iraníes.
Doha no dispone de otra ruta alternativa para exportar urea que no sea a través del estrecho de Ormuz, y también depende de los envíos a través de esta vía para las importaciones de alimentos, tanto para sí misma como para los vecinos Emiratos Árabes Unidos.
Alza de precios
El Financial Times señaló que a menudo se hacen comparaciones con las crisis de precios de los alimentos de 2007-08 y 2022, cuando el aumento de los costos de la energía contribuyó a elevar los precios de los fertilizantes y el transporte, amplificando las perturbaciones en el comercio y aumentando el costo de los productos básicos.
Sin embargo, la situación actual difiere de aquellas crisis anteriores en un aspecto crucial. Durante las últimas dos décadas, las monarquías del Golfo, como Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, han llegado a ocupar un lugar mucho más central en la economía alimentaria mundial de lo que suele reconocerse.
Actualmente, los estados del Golfo influyen directamente en la producción y circulación de alimentos, suministrando insumos químicos clave, exportando grandes volúmenes de fertilizantes terminados y controlando los corredores logísticos por los que se transportan alimentos y productos agrícolas a través de gran parte de Medio Oriente, Asia central y oriental y África.
Según la FAO, los agricultores se enfrentan a una doble crisis debido al aumento vertiginoso de los precios de los fertilizantes y el combustible. La agencia también teme que un cierre prolongado del estrecho pueda limitar el suministro mundial.
Los precios ya se han disparado en el mes transcurrido desde que comenzó el conflicto, lo que trae a la memoria los malos recuerdos del alza vertiginosa de los precios del combustible y los fertilizantes tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, así como la crisis mundial de fertilizantes de 2008, que se desencadenó por los altos precios del petróleo.
Los precios de la urea egipcia, que sirven de referencia, han subido más de un 60%, alcanzando los 780 dólares por tonelada, frente a los aproximadamente 484 dólares de finales de febrero, según el Grupo CRU, una consultora que realiza un seguimiento de los precios de las materias primas.
Los costos de los distintos tipos de fertilizantes -incluidos el fosfato diamónico (DAP), la urea y la potasa- aún no han alcanzado los niveles de 2022, para sorpresa de algunos analistas, aunque advierten que los precios siguen bajo presión, indicó el Financial Times.
Por otro lado, la congestión en el Canal de Panamá se ha intensificado a medida que los compradores asiáticos recurren al petróleo crudo exportado desde el Golfo de México en lugar de los suministros de Medio Oriente, y los buques cisterna superan las ofertas de los graneleros por los escasos espacios de tránsito.
Según Louisa Follis, jefa de análisis de carga seca a granel en la empresa de corretaje marítimo y consultoría Clarksons, que conversó con el Financial Times, esto ha provocado que los buques que transportan cargas de menor valor, como cereales, se enfrenten a costos de flete crecientes y retrasos, con tiempos de espera en el canal que se extienden hasta unos 40 días, mientras que los operadores de buques petroleros pagan millones de dólares para saltarse la fila.
Según indicó, algunas rutas de transporte de cereales ya han experimentado un aumento de entre el 50% y el 60% en las tarifas de envío.
Esto aumenta la presión sobre los agricultores estadounidenses, que ya tienen dificultades para competir con productores de menor costo como Brasil, añadió Follis, ya que las tarifas de flete más elevadas reducen los márgenes y dificultan el acceso a los mercados emergentes.
Calor extremo
A lo anterior se suma las conclusiones de un importante informe elaborado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en el que los expertos afirman que el suministro de alimentos en algunas zonas está siendo “llevado al límite” por las olas de calor cada vez más frecuentes y severas , tanto en tierra como en el mar.
Los agricultores podrían encontrarse con la imposibilidad de trabajar de forma segura durante hasta 250 días al año -más de dos tercios del tiempo- en regiones ya de por sí calurosas, como gran parte de India y el sur de Asia, el África subsahariana tropical y amplias zonas de América Central y del Sur, indicó el diario The Guardian que citó el reporte.
Así, el ganado ya está experimentando un aumento en las tasas de mortalidad, ya que el estrés térmico comienza para las especies comunes alrededor de los 25 °C. El calor extremo reduce la producción en las vacas lecheras y disminuye el contenido de grasa y proteína de la leche. Los cerdos y las gallinas no pueden sudar y, a medida que aumentan las temperaturas, sufren problemas digestivos, insuficiencia orgánica y shock cardiovascular.
Los rendimientos de la mayoría de los cultivos agrícolas comienzan a disminuir a temperaturas superiores a 30 °C, con daños que incluyen el debilitamiento de las paredes celulares y la producción de toxinas. En algunas zonas, los rendimientos del maíz han disminuido alrededor de un 10%. Los del trigo han caído casi en la misma proporción y se prevé que sigan disminuyendo a medida que las temperaturas superen los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
Las olas de calor oceánicas también están matando peces, ya que el calor reduce el nivel de oxígeno disuelto en el agua, lo que provoca una disminución masiva de las poblaciones.
Richard Waite, director de iniciativas agrícolas del centro de estudios World Resources Institute, que no participó en el informe, afirmó a The Guardian que era crucial empezar a adaptarse al aumento de las temperaturas desde ahora, proporcionando a los agricultores las herramientas, los conocimientos y las alertas tempranas que les ayuden a anticiparse y protegerse contra las condiciones meteorológicas extremas.
“Sin adaptación, el calor extremo reducirá el rendimiento de los cultivos y la ganadería, obligando a destinar más tierras a la agricultura para mantener la producción de alimentos. Esto provocaría mayores emisiones derivadas del cambio de uso del suelo, lo que a su vez agravaría aún más los impactos climáticos en la agricultura”, afirmó.
“Lo que se necesita es lo contrario: ampliar las soluciones que ayuden a los agricultores a mantener e incrementar de forma sostenible la productividad, incluso en un clima cambiante, para romper ese círculo vicioso en lugar de reforzarlo”, concluyó.
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