La polémica salida de Argentina de la OMS en medio de brotes internacionales
Desde el ministerio de Salud argentino se informó que la decisión de abandonar la OMS tiene que ver con “profundas diferencias” con la gestión del organismo. Esto, destacando el manejo de la pandemia de Covid-19 y lo que ellos consideran una “politización” de las recomendaciones sanitarias.
Hoy lunes empezó la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra, y un tema inusual se tomó la agenda del evento: la retirada de Argentina de la OMS, que el gobierno de Javier Milei notificó el año pasado, pero de la que no se sabe si se puede o no aceptar. La medida, tomada por los libertarios a modo de seguir lo hecho por Donald Trump con Estados Unidos, llega en un momento crítico, en el que, entre otras cosas, Argentina protagonizó los medios internacionales por ser el origen del crucero que tuvo un brote de hantavirus.
Los obstáculos no son pocos: por un lado, la misma OMS no tiene un mecanismo legal corriente para que un país pueda retirarse de esta, y por el otro, esta acción del Gobierno no ha sido consultada con el Congreso argentino.
Mientras tanto, la diplomacia argentina teme un empeoramiento de la imagen país, y envió una carta a todas sus delegaciones, para explicar la decisión y asegurar que la cooperación sanitaria continuará. Sin embargo, el brote de hanta no es el único problema sanitario del país sudamericano: registró un aumento de la mortalidad infantil por primera vez en 25 años, junto con alzas en los casos de sífilis y tuberculosis.
Desde el ministerio de Salud argentino, Mario Lugones señala que la decisión de abandonar la OMS tiene que ver con “profundas diferencias” con la gestión del organismo. Esto, destacando el manejo de la pandemia de Covid-19 y lo que ellos consideran una “politización” de las recomendaciones sanitarias.
En opinión del gobierno, la salida de la OMS vendría a “afirmar la soberanía” de Argentina en el ámbito de la salud. El país se adhirió a la organización en 1948, mediante una ley que fue aprobada por el Congreso. Por eso mismo, algunos sectores sostienen que la retirada también debería ser sancionada por el parlamento, en tanto tratado internacional incorporado al derecho interno.
La acción del gobierno argentino llega casi un año después de que el gobierno de Donald Trump hiciera lo mismo, contando entre sus razones los “fallos de la OMS durante la pandemia de COVID-19”, en particular “la obstrucción del intercambio oportuno y exacto de información crucial” y que la OMS “ocultó dichos fallos”. En su retirada, el gobierno estadounidense señaló que la agencia “ha llevado una agenda politizada y burocrática impulsada por naciones hostiles a los intereses estadounidenses”.
La retirada argentina ocurre en un momento crítico, en el que los expertos sanitarios advierten el riesgo de una nueva pandemia, aún más devastadora que las últimas emergencias de salud pública. Un grupo de expertos de la OMS advirtió que, tras la crisis del ébola en 2015, e incluso considerando el covid, “la preparación global no está a la altura del riesgo de pandemia”.
Una serie de factores dificultan una respuesta suficiente a las crisis sanitarias: el riesgo de pandemia empeora, la confianza de la ciudadanía se está erosionando y la desigualdad se está enquistando. “El mundo no es más seguro”, avisan en un documento publicado la semana pasada, justo cuando la OMS declaró emergencia global por los brotes de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda.
La Junta de Monitorización de la Preparación Global (GPMB, por sus siglas en inglés), que es la que preparó el documento citado, se creó hace ocho años para “ayudar a garantizar que el mundo nunca más experimentara una crisis devastadora como la epidemia de ébola en África occidental”. En su opinión, hasta el momento la inversión y medidas desplegadas han sido suficientes, y aseguran que cada vez las futuras pandemias serán más frecuentes, y más peligrosas para la salud mundial.
Todo esto está ocurriendo en una situación mundial que ya tiene una nueva emergencia sanitaria en curso. Ya hay en marcha un esfuerzo internacional para contener el brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda, que ha infectado a cientos de personas y causado ya decenas de muertes presuntas. Por su parte, Estados Unidos ha activado una ley de salud pública para restringir la entrada de personas desde la región afectada.
El domingo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la epidemia de ébola como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”. Si bien el último brote aún no cumple con los criterios de una “emergencia pandémica”, la OMS advirtió que la alta tasa de positividad y el creciente número de casos y muertes en las distintas zonas sanitarias apuntan a “un brote potencialmente mucho mayor del que se está detectando y notificando actualmente”. Solo en la RDC, ya habrían más de 100 muertos a causa del nuevo brote de ébola.
Volviendo a Argentina, la constitución misma de la OMS no establece un procedimiento de retiro para sus miembros, y solo Estados Unidos tenía una reserva expresa, una “puerta especial” para salir cuando lo hallara conveniente. Esa excepción no existe para Argentina, por lo que Buenos Aires está en un limbo legal, mientras que, a causa del brote de hantavirus, la organización ha pedido a los dos países mencionados que reconsideren su decisión.
Al respecto, la oposición argentina se ha mostrado contra la medida. Alejandra Lordén, diputada radical, señaló a Infocielo: “Nuestro país aún en desarrollo necesita garantizar el acceso a la salud universal y regirse por estándares de calidad, por eso es un error salir de la OMS“.
La ex diputada nacional Graciela Camaño, por su parte, publicó en X: “Hoy la Organización Mundial de la Salud estará discutiendo la presentación del gobierno para salir de la OMS. Presentación unilateral, caprichosa, ideológica, que desconoce responsabilidades constitucionales, cooperación internacional. Y, sobre todo, salud pública”.
Desde la Federación Sindical de Profesonales de la Salud, Fesprosa, una declaración firmada por 3 mil médicos se opone a la medida: “salir de la OMS implica romper la cooperación internacional, perder acceso a financiamiento, información epidemiológica estratégica y espacios de decisión global. Es dejar afuera a la Argentina de la mesa donde se discuten las políticas sanitarias que afectan a millones. No hay soberanía en el aislamiento ni en el seguidismo”.
En los efectos prácticos del abandono de la OMS, si Argentina consigue finalmente retirarse, dejará de participar en la gobernanza sanitaria global. No podrá votar en las normativas internacionales de salud, además de dejar de integrar los sistemas globales de alerta temprana y vigilancia epidemiológica, por lo que será más difícil que el país sudamericano participe en las respuestas conjuntas. Otras cosas que se verán obstaculizadas por esta retirada serán el compartir datos de laboratorio en tiempo real y recibir asistencia técnica ante la aparición de nuevas variantes de virus o brotes transfronterizos.
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