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Orbán y el fin de una era en Hungría

La derrota del primer ministro Viktor Orbán a manos de Péter Magyar en las elecciones del domingo pasado termina con un período de 16 años, que muchos húngaros consideran marcado por la corrupción, una economía a la baja y un régimen cada vez más autoritario.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, pronunciando un discurso frente al Museo Nacional de Budapest, el 15 de marzo de 2025. ZOLTAN FISCHER

El partido oficialista húngaro Fidesz, de Viktor Orbán, trató de moldear la campaña de las elecciones parlamentarias del domingo pasado como un conflicto entre “Zelensky o nosotros”: el líder opositor, Péter Magyar, era retratado en las propagandas del partido del primer ministro como una “marioneta de Bruselas”, y se le situaba junto al presidente ucraniano. Pero por los gritos de celebración que se escucharon en las calles de Budapest una vez conocido el resultado de las urnas, la elección parece haberse tratado de otra cosa: “El Fidesz o cualquiera”.

En este caso, ese “cualquiera” resultó ser Péter Magyar, con su partido recientemente creado Tisza, de centroderecha y el único que fue capaz de agrupar a toda la oposición húngara. El futuro primer ministro, caracterizado por su denuncia a la corrupción “endémica” en el país, consiguió dos tercios del Parlamento, y muchas expectativas pesan sobre él, después de 16 años de gobierno de Orbán.

En sus primeras declaraciones públicas desde su histórica derrota electoral del domingo, un Orbán visiblemente afectado admitió que “una era política ha terminado” en Hungría. En una entrevista con el medio progubernamental Patrióta, reconoció la magnitud del descalabro de su partido con una franqueza inusual. “Esta es una clara derrota”, afirmó. “La magnitud de la derrota es enorme”.

En la plaza Batthyany, al frente del Legislativo, donde se aglomeraron los seguidores de Tisza, Henry, de 51 años, comentó: “Estamos muy optimistas respecto a que este gobierno corrupto por fin se vaya. Queremos una política más transparente o, básicamente, más democracia. Bajo Orbán no había democracia para nada”.

La magnitud de la celebración el resto de la noche del domingo, similar a una victoria futbolística, fue posteriormente comparada por los medios internacionales con la caída del comunismo en Hungría, en 1989. Y, de hecho, la participación electoral esta vez fue la más alta, con un 77,8%, superando a las parlamentarias de 1990.

Peter Magyar, líder de la oposición a Orbán. Foto: Xinhua. David Balogh

El diagnóstico de Balázs Zoltán, profesor de ciencias políticas en la Corvinus University de Budapest, es claro a la hora de explicar la derrota de Orbán. “Hubo cansancio electoral, falta de libertad de prensa, corrupción, la generación joven odiaba la retórica y la política antieuropeas, la exclusión de las becas Erasmus, la actitud prorrusa cada vez más descarada”, comenta el experto a La Tercera.

“Por otra parte, el estancamiento económico desde la pandemia de Covid-19, la alta inflación, el colapso de gran parte de la infraestructura social, sanitaria y de transporte... Y también una postura política excesivamente ideologizada, además de una especie de arrogancia por parte de Orbán, presentándose como una figura internacional importante, sin ningún poder real. Al final, su campaña se centró en cuestiones que a la mayoría de los húngaros no les afectaban”, añade.

Gábor Scheiring, profesor de política comparada de la Georgetown University Qatar, responde sobre los motivos de la caída de Orbán: “La respuesta corta es: la economía dejó de funcionar. La política económica de Orbán se basaba en un acuerdo específico: reprimir los salarios, atraer a los fabricantes de automóviles alemanes y de baterías de Asia para obtener mano de obra barata para el ensamblaje, canalizar los fondos estructurales de la UE hacia una clase oligárquica leal y endulzar todo el paquete con energía rusa barata y una retórica nacionalista y de guerra cultural. Durante una década, la fórmula funcionó. Luego, todos los pilares se resquebrajaron a la vez”.

“La inflación acumulada desde 2020 alcanzó el 50%. Los ingresos medios netos de los hogares húngaros pasaron del tercio superior de Europa del Este al inferior bajo el mandato de Orbán. La apuesta de la ‘Apertura al Este’ por las fábricas de baterías chinas fracasó al disminuir la demanda mundial de vehículos eléctricos. Y entonces Bruselas recortó los fondos. Cuando Orbán ya no pudo cumplir sus promesas, la superestructura cultural e identitaria se derrumbó con él. Los votantes que habían tolerado el autoritarismo cuando sus ingresos eran estables dejaron de tolerarlo cuando sus presupuestos familiares se redujeron”, explica Scheiring, quien fue miembro de la Asamblea Nacional de Hungría.

Péter Magyar en un evento de campaña.

Acusaciones de corrupción

Aunque en su pensamiento político Magyar no era muy distinto a Orbán, su discurso se concentró en el tema de la corrupción. Además, el candidato de Tisza fue distanciándose de las posturas prorrusas de su adversario. “Magyar era, sencillamente, el mensajero idóneo para ese momento. Es un antiguo miembro de Fidesz, lo que le otorgaba credibilidad entre los votantes que no eran liberales ideológicos, pero que estaban agotados y enfadados”, indica Scheiring.

Para Nora, una dependienta en una tienda de souvenirs en Budapest, Magyar y Orbán son esencialmente lo mismo. Ella vota por la Coalición Democrática, de centroizquierda, y a sus 53 años ha pasado más de una campaña en el campo, intentando convencer a sus compatriotas de darle la espalda al Fidesz.

“He visto cómo los alcaldes de ciertos pueblos han exigido a los votantes, para obtener trabajos, para obtener beneficios en sus municipios, el sacar fotos de los votos para indicar que votaron por Fidesz. He visto gente que ni siquiera sabe leer, que llega a un local de votación y que pregunta simplemente, ‘disculpe acá, ¿cómo voto por Fidesz?’, sin mucho saber lo que están votando”, indica.

Al respecto, Scheiring afirma que “las elecciones se celebraban, pero el terreno de juego estaba sistemáticamente sesgado: distritos electorales manipulados, medios de comunicación controlados por el Estado que dominaban aproximadamente el 80% de la cuota de mercado, publicidad estatal utilizada para asfixiar al periodismo independiente y servicios de inteligencia acusados ​​de fabricar información criminal contra la oposición. ¿Se podía votar para derrocar a Orbán? Sí. Solo se requería una extraordinaria crisis económico-moral y un esfuerzo político por parte de Magyar y el resto de la oposición. Se trataba de un régimen autoritario competitivo”.

Propaganda del Fidesz mostrando a Volodymyr Zelensky y Péter Magyar, con la frase “Peligrosos. Detengámoslos”, en el centro de Budapest.

Al consultar con habitantes de Budapest, la palabra más repetida fue “corrupción”. En ese sentido, después de cuatro mandatos consecutivos, el Fidesz era considerado como una coalición de amigos que se enriquecían a sí mismos más que un proyecto político.

Al respecto, Zoltán comenta: “Yo diría que, hiciera lo que hiciera, se aprovechó principalmente de estructuras y actitudes preexistentes: la política del resentimiento, en la que solo los demás son responsables de todos los problemas, un orgullo nacional mal concebido, la alienación del mundo exterior y una predilección por el liderazgo autoritario con un considerable culto a la personalidad. Él, su familia y su círculo íntimo se enriquecieron enormemente, extendiendo el capitalismo de amiguetes que, sin embargo, también tenía sus raíces en la época del comunismo tardío”.

Agenda valórica

Isabella, una estudiante de 22 años, comentó sobre la pérdida de derechos que afectó a las comunidades LGBT durante los años de Orbán. “En 2020, por ejemplo, se le quitó a la gente transgénero la posibilidad de cambiar su nombre y su género oficialmente. Por otro lado, desde el gobierno se trató a la homosexualidad como algo ‘tan dañino’ como la pedofilia”, cuenta la joven a La Tercera.

En ese sentido, recuerda que una de las últimas manifestaciones del orgullo gay en Budapest fue prohibida, porque, bajo la perspectiva gubernamental, estaba “en contra de la seguridad de los niños”. Durante los mismos años, el matrimonio homosexual se prohibió y se restringió la adopción solo a parejas casadas.

“Y encima, en ese caso, los niños terminan en los servicios de protección de menores del Estado. Y es bastante peligroso, ya que justamente en este último tiempo se ha sabido de muchos pedófilos que están a cargo de esos recinto. Es un problema con muchas capas, al final”, indica Isabella.

Otra de las medidas “valóricas” que se tomaron en Hungría, y que generaron titulares fuera de sus fronteras, fue la idea de que para que una mujer pudiera abortar, tenía que escuchar el latido del corazón del feto.

Péter Magyar y Viktor Orbán se estrechan la mano en una sesión plenaria del Parlamento Europeo. Alain ROLLAND

¿Una nueva Hungría?

Respecto de los desafíos más inmediatos que enfrenta el país, Zoltán apunta: “Importantes cambios constitucionales, reforma electoral, limitación del mandato del primer ministro, reformas judiciales, restauración de las autonomías locales, educación. Todo eso está en la lista. El Fidesz enfrentará una crisis interna. Creo que Tisza será difícil de integrar, y preveo que sufrirá cambios considerables. No es un partido propiamente dicho, sino más bien una red de islas Tisza, como se autodenominan. Cabe preguntarse cómo podrán transformarse en un agente político”.

Durante la elección del domingo, Henry y Edina estaban sentados cerca del Parlamento. Respecto a lo que esperaban del nuevo gobierno, Henry se refirió a la baja de impuestos en los vegetales: “Es una promesa que Tisza ya hizo, la de bajarles los impuestos a las verduras. Para mí es algo lógico: si comparamos con los holandeses, y el tamaño de su industria, y el tamaño de su país, y aún así producen casi 100 veces más verduras que nosotros”.

De 51 años, Henry trabaja en marketing online, y se muestra entusiasta con la idea que los fondos europeos congelados vuelvan a Hungría, lo que podría traer un boom económico al país. “Estoy optimista de lo que podrá hacer un gobierno de Tisza”, señaló.

Péter Magyar, candidato de Tisza, partido de la oposición.

Lo que se espera, más que todo, es un reinicio positivo de las relaciones entre Budapest y Bruselas, después de 16 años con Orbán como el “bloqueador en jefe” de la Unión Europea. “El país necesita desesperadamente el apoyo internacional, y el nuevo primer ministro seguramente estará dispuesto a asumir el costo de una mayor alineación con la UE, ya que cuenta con apoyo popular para ello. No espero que desempeñe el mismo papel exagerado que Orbán. Mucho dependerá de cómo logre cooperar más libremente con los países vecinos. Espero que se deshaga de los aliados personales de Orbán en estos países”, indica Zoltán.

“Respecto de Ucrania, creo que se desarrollará una relación considerablemente más cordial, aunque Orbán ha creado un ambiente muy tóxico en Hungría, cuya disipación llevará tiempo. Por lo tanto, Hungría deberá actuar con cautela. Pero a diferencia de cualquier político de Fidesz, Magyar visitó Bucha y otros lugares de Ucrania, y sabe perfectamente lo que está en juego”, completa.

“Nos vamos a casar”

Para Scheiring, las consecuencias del cambio de mando serán inmediatas en el continente: “El desbloqueo inmediato es real. Préstamo para Ucrania, paquete de sanciones a Rusia, vía de adhesión a la UE. Hungría había sido el principal obstáculo para la UE, como señaló un analista, y varios expedientes estancados ahora avanzan. También conviene leer con atención a Magyar: no bloqueará el préstamo a Ucrania, pero tampoco aportará financiamiento. Se trata de un cambio de postura hacia las posiciones europeas mayoritarias, no de un cheque en blanco para los europeístas”.

Para Henry, que vuelvan los fondos europeos a Hungría es algo central. “Y estoy muy entusiasta con lo que Tisza pueda llegar a hacer”, comenta al respecto. De la nada dice: “Edina, que está al lado mío, va a ser mi esposa el próximo mes”.

“Así es, nos vamos a casar acá al lado”, agrega Edina, de 46 años. Frente a la pregunta sobre si les alegra saber que cuando se casen el retrato en el Registro Civil no tendrá la cara de Orbán, los dos miran extrañadísimos. “¡¿Me estás diciendo que en Chile tienen un retrato del presidente en el Registro Civil?! Eso me recuerda a antes, en los tiempos del comunismo y las imágenes de los camaradas por todas partes…”, opina esta ciudadana húngara.

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