Trump en “modo Nixon”: el efecto de la guerra contra Irán
Aunque algunos defienden que el líder MAGA estaría recurriendo a su propia versión de la “teoría del loco” del expresidente republicano, el polémico ultimátum del mandatario contra Irán -que amenazó con aniquilar al país islámico- provocó la condena de todo el espectro político estadounidense, sobre todo entre republicanos, e intensificó el debate sobre la fiabilidad de su conducta.
En las últimas semanas, dentro de la política estadounidense, se han multiplicado las preocupaciones y denuncias por el estado de salud de Donald Trump. Ya no debido a los problemas de circulación, moretones o los rumores de visitas secretas a hospitales ampliamente distribuidos en redes sociales.
Sus críticos sostienen que Trump parece haber perdido el control en sus mensajes en redes sociales, afectando la credibilidad de su actuar. Los ejemplos más claros son los últimos tuits sobre Irán, hablando de “abrir el jodido estrecho (de Ormuz)”, además de hablar de “destruir su civilización”.
Según The Washington Post, durante la campaña presidencial de 2024, Donald Trump reveló en privado a sus donantes una de sus tácticas de negociación favoritas. En una recaudación de fondos en Nueva York en mayo, contó cómo disuadiría la agresión china o rusa amenazando con bombardear Beijing o Moscú, sea cual sea el caso.
Ante esto, Trump dijo que el presidente chino, Xi Jinping, pensó que él “estaba loco”. Esta historia, que no ha sido confirmada por funcionarios rusos ni chinos, ilustra la forma en que el magnate ha abordado a sus adversarios extranjeros: utilizando la imprevisibilidad y la amenaza de una escalada catastrófica para obtener ventaja.
En lo que pareciera ser una reinterpretación de la llamada “teoría del loco” popularizada por Richard Nixon en los años 70, que busca que el oponente tema una reacción desproporcionada, Trump ha lanzado amenazas impactantes que, según él, sus adversarios no pueden ignorar; como presidente, ha amenazado -entre otras cosas- con retirarse de la OTAN tanto en 2018 como recientemente, aumentar los aranceles en 2025 y anexionarse Groenlandia a principios de este año.
Llevó al extremo esta estrategia con el ultimátum al régimen de la República Islámica: “Toda una civilización morirá esta noche”. Esto resultó en el frágil alto el fuego de dos semanas en Irán y la garantía de que los líderes del país permitirían el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, la vía marítima volvió a ser cerrada por Teherán tras los ataques de Israel a Líbano.
Pérdida de credibilidad
Pero la amenaza de Trump de aniquilar “toda una civilización” planteó la posibilidad de que fuera incluso más allá de su advertencia anterior y atacara infraestructura civil, lo cual viola el Derecho Internacional Humanitario. Su publicación desató el pánico de una escalada nuclear, provocó la condena de todo el espectro político y avivó el debate público sobre su credibilidad, moralidad y cordura.
“La amenaza del presidente de que ‘toda una civilización morirá esta noche’ no puede justificarse como un intento de obtener ventaja en las negociaciones con Irán”, declaró la senadora republicana por Alaska, Lisa Murkowski, en un comunicado el martes. “Este tipo de retórica es una afrenta a los ideales que nuestra nación ha buscado defender y promover en todo el mundo durante casi 250 años. Socava nuestro papel de larga data como faro mundial de libertad y pone en peligro directo a los estadounidenses tanto en el extranjero como en el país”, agregó.
La exrepresentante republicana por Georgia, Marjorie Taylor Greene, calificó la amenaza de Trump de “maldad y locura”. Tucker Carlson, el expresentador de Fox News y aliado conservador de Trump, acusó al mandatario estadounidense de profanar la Pascua con una publicación obscena en Domingo de Resurrección y de estar dispuesto a cometer un “crimen moral”.
Pero el alto el fuego de dos semanas dejó al liderazgo de la República Islámica aún en el poder y aun controlando el futuro del estrecho de Ormuz, mientras que los asuntos relacionados con el programa nuclear y de misiles balísticos de Irán siguen sin resolverse.
Así, a pesar de la cuestionable reclamación de victoria por parte de Trump, para el resto del mundo, la guerra “empieza a parecer una derrota militar, más grave que la de Irak o Afganistán”, afirmó a The New York Times el exsecretario de Estado para Asuntos Europeos de Portugal, Bruno Maçães. Luego, agregó que “esta creencia en un Estados Unidos todopoderoso capaz de resolverlo todo está desapareciendo”.
“Trump también sufre una importante falta de credibilidad”, escribió el estratega nacional del Partido Demócrata y director ejecutivo de Bannon Communications, Brad Bannon, para The Hill.
Luego, el estratega demócrata añadió que “hay dos razones por las que la situación de Trump ha empeorado. Primero, el ataque de Trump contra Irán es una guerra de elección, no un conflicto por necesidad. Segundo, el ataque contra Irán ha provocado un aumento en los precios del petróleo, lo que a su vez ha intensificado la preocupación pública por la inflación”.
“En modo Nixon total”
Pero las amenazas desatadas, los engaños y las distracciones, según señaló un análisis de The Globe and Mail, podrían ser las medidas que utiliza un presidente que ve frustradas sus pretensiones sobre Irán.
Con amenazas que hasta ahora no se han materializado y objetivos bélicos que han cambiado constantemente, el inquilino de la Casa Blanca está recurriendo a la insensatez y el engaño como instrumentos diplomáticos, argumentan sus detractores.
La estrategia aplicada por Trump, según el medio canadiense, estaría en mantener a Irán desequilibrado, en parte sugiriendo -mediante amenazas cada vez más agresivas y explosiones retóricas obscenas- que él mismo podría estar desequilibrado. Un diagnóstico cuyos críticos creen que se aplica a su estado mental. Sus partidarios, por su parte, replican que Trump, si bien quizás no sea diplomático, es un genio natural como negociador y un gran negociador nato.
Por ejemplo, según Newsweek, el adherente de Trump y portavoz de Turning Point USA -la organización conservadora del fallecido activista MAGA, Charlie Kirk- Andrew Kolvet, declaró el martes que, si el mandatario lanzara una bomba nuclear sobre Irán, “sin duda pediría un juicio político”.
Sin embargo, luego añadió: “No creo que eso sea siquiera posible. Él ya lo negó (...) El presidente Trump está haciendo lo que hace. Por eso fue elegido presidente. Creo que está lúcido y tiene el control. Tengan paciencia. Tengan fe. No saquen conclusiones precipitadas”.
De una forma u otra, Trump parece estar adoptando un enfoque similar al que Richard Nixon aplicó en la guerra de Vietnam. “Lo llamo la teoría del loco”, explicó el republicano en 1968 durante su campaña a la presidencia a quien terminaría siendo su jefe de gabinete, H. R. Haldeman.
“Quiero que los norvietnamitas crean que he llegado al punto en que haría cualquier cosa para detener la guerra. Les haremos pensar: ‘Por el amor de Dios, Nixon está obsesionado con el comunismo. No podemos contenerlo cuando está enfadado -y tiene la mano en el botón nuclear-’ y que el mismísimo Ho Chi Minh estará en París en dos días suplicando la paz”, explicó después.
Cincuenta y ocho años después, una frase análoga podría ser: “Quiero que los iraníes crean que he llegado al punto en que haría cualquier cosa para detener la guerra. Les haremos pensar: ‘Por Dios, saben que Trump está obsesionado con el islam radical. No podemos controlarlo cuando se enfada -y tiene el dedo en el botón nuclear-’ y que el mismísimo ayatola estará en Islamabad en dos días suplicando la paz”.
Al respecto, el columnista de The Wall Street Journal, Holman Jenkins, señaló que el mandatario está en “modo Nixon total”.
“Es su modelo de presidente que, a pesar de la implacable presión de la prensa del Watergate -el escándalo que llevó a la renuncia de Nixon-, ejerció con audacia sus poderes de comandante en jefe incluso cuando su base política se desmoronaba”, aseguró Jenkins.
Además de las críticas de sus partidarios, según explicó The Washington Post, quienes afirmaron haber votado en contra de nuevas guerras, Trump también enfrentó la reacción de los belicistas, quienes sospechan que Irán está jugando con él para ganar tiempo.
“Esta oferta del país musulmán de Pakistán es otra táctica dilatoria inútil y peligrosa, por la que Irán es famoso”, declaró el martes Morton Klein, presidente de la Organización Sionista de América y partidario de Trump.
También, el locutor de radio conservador Erick Erickson, a veces crítico con Trump, afirmó que el presidente tenía pocos resultados que mostrar tras su política de confrontación.
“Hay que reconocerlo: el presidente, a través de sus extravagantes tuits, absolutamente indignos del Líder del Mundo Libre, ha logrado un alto el fuego de dos semanas con Irán”, escribió en redes sociales. “Ahora, Irán tiene dos semanas para conseguir armas y suministros de Rusia y China, instalar baterías antiaéreas y prepararse para la segunda ronda”, finalizó el locutor.
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