La caleta que tensiona a Puertecillo
La posibilidad de construir infraestructura para los pescadores tiene enfrentados a los habitantes de la playa de la Región de O’Higgins. Por un lado, están quienes viven del mar y, por el otro, comerciantes y vecinos de los condominios que llegaron a esa costa persiguiendo el paisaje idílico. La fractura es evidente y se explica por una pregunta difícil: ¿Qué pasa cuando una localidad aislada se desarrolla de pronto, sin un plan que la ordene?
“Nosotros somos nacidos y criados acá. Mi abuelo fue el que llegó de afuera. Y de ahí salió una rama importante de gente más joven, que es toda del mar”, dice Daniel Yáñez, 40 años. Su madre fue una de las personas que, en 1986, junto a pescadores de las localidades de Topocalma, Tumán, Orcura y Puertecillo, fundó el Sindicato de Trabajadores Independientes y Pescadores Artesanales de Puertecillo. Desde entonces, una de sus principales aspiraciones ha sido contar con un espacio propio donde desarrollar su actividad: concretar el sueño de una caleta en la playa.
A 35 kilómetros de Litueche, la playa de Puertecillo ha sido históricamente el espacio donde los pescadores del sindicato extraen y secan cochayuyo, su principal fuente de ingresos. El sector sur del balneario, en la Región de O’Higgins, pertenece a esa comuna y colinda con Topocalma, una zona marcada por la actividad forestal. Es allí donde el sindicato utilizaba parte del borde costero para operar al menos cuatro embarcaciones y realizar el secado del alga.
En 1998, mediante el Decreto N°240 del Ministerio de Defensa, que fija la nómina oficial de caletas pesqueras de Chile, se reconoció la caleta de Puertecillo, aunque sin infraestructura construida. Según antecedentes entregados por Sernapesca, el proyecto de caleta ya tenía un precedente en 2014, cuando el sindicato de pescadores del sector impulsó una concesión marítima menor para habilitar un varadero sin construcción. Sin embargo, un problema con la delimitación del sector frenó el avance de la iniciativa.
Diez años después, el proyecto volvió a activarse. El 1 de agosto de 2024, Sernapesca ingresó ante la Subsecretaría para las Fuerzas Armadas una solicitud de destinación marítima sobre un sector de playa de 15 mil metros cuadrados, por un plazo de 30 años y con fines de pesca artesanal.
El 28 de agosto de 2024, la subsecretaría declaró admisible la solicitud y dos días después publicó el extracto, con lo que el proceso entró formalmente en tramitación. Los pescadores del sindicato habían podido, por fin, levantar el proyecto que tanto buscaban. “Para nosotros no es solo mar, son zonas de trabajo”, dice Luis Álvarez, 52 años, actual presidente del sindicato. “Hemos dado la batalla por ese pedacito de playa para que la gente tenga su lugar”, añade.
El anhelo de una caleta parecía materializarse. Sin embargo, no anticiparon que, a partir de ese momento, comenzaría una reacción de la comunidad. Entre el 29 de agosto y el 16 de octubre de 2024, vecinos del sector de Puertecillo presentaron 237 cartas de oposición a la caleta ante el Ministerio de Defensa. Era la primera vez que los habitantes de la zona presentaban una oposición formal a los pescadores.
En esas cartas sostuvieron que la playa de Puertecillo es uno de los balnearios más relevantes de la Región de O’Higgins y advirtieron que la caleta proyectada podría afectar un ecosistema particularmente frágil.
Un balneario paradisíaco
En 2006 un vecino del condominio Punta Puertecillo, que pidió reserva de su identidad por temor a verse involucrado en un conflicto con los pescadores, llegó al balneario atraído por lo que entonces veía como una rareza: una playa aún poco intervenida, de acceso difícil, paisaje abierto y una sensación de aislamiento que la volvía única. Ese carácter excepcional no era solo una impresión personal.
En el Plan de Desarrollo Comunal de Litueche 2023-2027, Puertecillo aparece descrito como uno de los sectores más valiosos de la comuna por sus condiciones naturales, su oleaje habitual y su atractivo para turistas y aficionados a deportes acuáticos, como el surf.
Mary-Ann Cooper, directora de la Escuela de Turismo y Hotelería de la Universidad Andrés Bello, señala que en la última década destinos como Puertecillo han atraído inversionistas debido a la mayor accesibilidad que tiene el sitio y la posibilidad de otro estilo de vida: “Hay personas que buscan uno vinculado al océano y la naturaleza. Hay un cambio de prioridades, sobre todo después de la pandemia. Muchas personas generan una valoración por una calidad de vida más outdoor y Puertecillo pasa a ser eso”. Añade: “Pasó lo mismo con Maitencillo y en su minuto con la pandemia con Puerto Varas”.
Por eso, en 2007, Jorge Gálmez, exdueño de MallSport, adquirió la Hacienda Topocalma, unas 17 mil hectáreas que incluían el acceso a Puertecillo. La familia Gálmez, bajo la representación de su abogado, Julio Vial, señala que es precisamente por la belleza natural del lugar que decidieron invertir en el sitio.
Con el control del fundo también llegaron restricciones sobre algunos caminos que los lugareños habían utilizado históricamente para la pesca y el transporte de cochayuyo. La familia defiende este cierre como el cauce natural de la parcelación que les fue entregada.
Más tarde, en 2014, llegó el desarrollo del exclusivo condominio Punta Puertecillo. Solo en su primera etapa, el loteo contempló 140 sitios de cinco mil metros cuadrados. En al menos cien de ellos se permitió levantar dos viviendas. Eso empujó la llegada de unas 240 familias. Hoy, en su página web, el proyecto ofrece más de 300 sitios, partiendo desde 12 mil UF.
Las parcelas comenzaron a venderse rápido, atraídas por el prestigio creciente de la playa, su paisaje y su condición de enclave surfista. Con el tiempo llegaron familias de alto poder adquisitivo, entre ellas empresarios, figuras públicas y propietarios de segundas viviendas que veían en el lugar un refugio costero difícil de replicar en otros puntos del litoral central.
Fue en ese contexto que la tramitación del proyecto de caleta encendió las alarmas entre los nuevos habitantes de la playa.
El principal reparo en Punta Puertecillo no apunta a la existencia de una caleta en sí misma, sino a su emplazamiento sobre la playa. La describen como un espacio especialmente expuesto a las marejadas de invierno, estrecho, ambientalmente sensible y poco apto para embarcaciones permanentes. A eso suman el temor de que una concesión a largo plazo pueda abrir la puerta, más adelante, a usos más intensivos del borde costero, alejados del carácter local que hoy dicen querer resguardar.
“No estamos hablando de un simple cambio en el paisaje, sino de una intervención que altera profundamente el uso del espacio y rompe el estado natural que hoy caracteriza a Puertecillo”, comenta Paula, vecina del sector que pidió resguardar su identidad.
“Nunca se había visto algo similar. Más aún cuando se trata de una playa pública, y el proyecto, en la práctica, termina beneficiando directamente a tres familias, lo que abre preguntas legítimas sobre el uso de un espacio que es de todos”, afirma Andrés, otro vecino del condominio que también pidió reserva de su nombre.
El mismo residente agrega que existe inquietud entre los propietarios de segundas viviendas e inversionistas: “Es probable que esto genere preocupación entre quienes invirtieron en el lugar precisamente por su identidad y su entorno natural. Cuando ese atributo cambia, inevitablemente surgen dudas sobre el futuro del sector”, sostiene.
Ese malestar quedó plasmado en las 237 cartas de oposición ingresadas.
Pese a estos reparos, el 14 de mayo de 2025, el Ministerio de Defensa desestimó las oposiciones al concluir que “no es posible acreditar” que los argumentos de los reclamantes encuadren en las causales legales exigidas para objetar el proceso.
Miedos a futuro
La discusión por la caleta abrió una grieta inesperada en un balneario que, hasta hace no tanto, se pensaba a sí mismo como una comunidad pequeña capaz de convivir entre mundos distintos. Durante años, en Puertecillo compartieron espacio las familias de pescadores de siempre y los surfistas santiaguinos que comenzaron a llegar atraídos por las olas y el aislamiento del lugar.
La diferencia económica no había derivado en una fractura social. Después del terremoto y tsunami de 2010, recuerdan algunos en la zona, varios de esos nuevos residentes incluso ayudaron a reconstruir casas y a levantar el pueblo. Pero algo se rompió con los loteos, el crecimiento inmobiliario y, más recientemente, con la tramitación de la caleta.
“La falta de planificación puede destruir un pequeño pueblo costero como Puertecillo cuando coinciden dos presiones: loteos de parcelas rurales usados irregularmente para viviendas, y obras como una caleta pesquera. El problema no es el crecimiento de población y actividad, sino que ocurre sin normas, sin infraestructura y sin protección ambiental, lo que generará un deterioro rápido del lugar y de la calidad de vida”, advierte el arquitecto de la Universidad Católica y máster de urbanismo en Harvard, Luis Eduardo Bresciani.
Tras la recomendación favorable emitida el 12 de febrero por la Comisión Regional de Uso del Borde Costero de O’Higgins, el alcalde de Litueche, Rodrigo Palominos (IND), envió el 5 de marzo una carta a El Mercurio en la que denunció un eventual “amarre político” y un golpe económico para el sector. “Se pretende condicionar el uso de una playa clave para miles de personas y golpear el motor económico local —el turismo— beneficiando a un pequeño grupo de personas que, además, son habitantes de otra comuna, Navidad”, señala el texto.
Al respecto, el edil recalca que Navidad, la comuna vecina, cuenta con caletas a las que podrían recurrir los pescadores: “Si tienen dos caletas, ¿por qué hoy quieren venir a formar otra y no es su comuna?”. Además, agrega su preocupación por afectar el turismo que se produce en la playa. “Ese punto es el atractivo turístico y deportivo de la comuna, porque llegan surfistas de todo el mundo, porque están las mejores olas de todo el mundo”.
Para Juan Pedro Sabbagh, presidente de la Junta de Adelanto de Puertecillo, parte del conflicto se instaló en una narrativa levantada sobre supuestos que, a su juicio, no se corresponden con lo que realmente se está discutiendo y genera incertidumbre. “¿Cómo se te ocurre que van a hacer un muelle o un radier de hormigón? Puras cosas que están construyendo una narrativa que hace que la gente se oponga, porque se imagina cosas equivocadas”, dice.
La controversia también dejó heridas en Litueche. Gabriel Figueroa, comerciante y dueño de un hostal en el centro de la comuna, cuestiona que actores locales —como la Cámara de Comercio, juntas de vecinos y clubes deportivos— no hayan sido considerados en una discusión que, sostiene, afecta directamente al territorio. “Somos actores relevantes de la comuna y nos dolió mucho que ellos hayan votado sin llamar a nadie”, afirma.
Desde el sindicato, en cambio, la lectura es otra. “El problema es con los que habitan el condominio. Quieren algo muy privado. Cuántas veces los botes les hemos salvado la vida a ellos mismos. El drama es económico y político”, dice Cecilia Masferrer, presidenta de la federación.
Desde el mundo académico y técnico, en todo caso, sostienen que todavía hay espacio para un acuerdo. El arquitecto Alberto Texidó, quien ha trabajado en planes maestros para puertos y costas, afirma que “hay muchas formas de diseñar una caleta, con menos o más impactos” y que, en este caso, la inquietud pasa por conocer con mayor detalle el proyecto y evaluar su capacidad de compatibilizar distintos usos del borde costero.
En una línea parecida, Christian de la Barra, de Fundación Rompientes, sostiene que en otros lugares, “tanto veraneantes como pescadores, se han puesto de acuerdo para impulsar proyectos de caletas armónicas”, que aportan a la actividad pesquera, la identidad local, el turismo y los servicios que requiere el sector.
“Nosotros queremos hacer una caleta moderna, no una caleta invasiva. No queremos poner nada en la playa, queremos seguir protegiéndola como lo hemos hecho hasta ahora”, señala el presidente de los pescadores.
Sin embargo, en Puertecillo esos puntos de encuentro hoy parecen lejanos. Entre comerciantes y emprendedores locales persiste el temor de que la controversia termine afectando el atractivo del balneario y espantando inversiones. “Nos molesta como comerciantes e inversionistas. Cuando tú tratas mal a quienes son inversiones de alto nivel, el día de mañana pescan su plata y se van”, dice Figueroa.
Por ahora, sin embargo, esos temores siguen siendo una proyección. La caleta aún está en trámite. Según explica Dionisio de la Parra, director regional de Sernapesca en O’Higgins, la solicitud permanece a la espera de que la Subsecretaría para las Fuerzas Armadas apruebe la destinación. “Si el trámite avanza favorablemente, el sindicato de pescadores deberá presentar un plan de administración de la caleta. Dicho plan debe ser evaluado y aprobado”, señala.
Para otros, en cambio, las consecuencias ya no son una amenaza futura, sino una realidad presente.
Muchos pescadores, asediados por la incertidumbre de no tener un lugar donde trabajar, han optado por vender sus botes. Luis Álvarez comenta que de las cuatro embarcaciones que solían operar en la playa, hoy solo queda una. Otros han debido trasladarse hasta la localidad de Matanzas —a 40 kilómetros de distancia— para seguir en la pesca.
Algunos, simplemente, ya piensan en irse. Después de seis generaciones de pescadores, Daniel Yáñez ya no puede aguantar más. La imposibilidad de contar con una caleta para trabajar lo empujó a tomar una decisión que describe como dolorosa. “Probablemente, en un tiempo más me retire de acá”, cuenta. Compró un terreno en la Región del Biobío: un lugar donde, dice, espera poder seguir trabajando.
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