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El complejo momento para Putin de cara a celebración del Día de la Victoria

Un profundo sentimiento de descontento se ha extendido por todo el país en los últimos meses, producto de las restricciones a internet, las malas cifras económicas, los ataques con drones ucranianos, entre otros. Con todo esto, la popularidad del mandatario ha caído y ahora la conmemoración del triunfo soviético en la Segunda Guerra Mundial no se exhibirá armamentol bélico pesado.

En esta foto compartida por la agencia estatal rusa Sputnik, el presidente ruso, Vladímir Putin, se reúne con militares en el Kremlin de Moscú el 12 de junio de 2025, como parte del programa "Tiempo de Héroes", cuyo objetivo es integrar a veteranos en altos cargos públicos. Foto: Archivo SERGEI BULKIN

El Presidente ruso, Vladimir Putin, no tiene nada que celebrar este sábado cuando conmemore el Día de la Victoria que recuerda el triunfo soviético en la Segunda Guerra Mundial. Si durante más de 20 años esta fecha significó una suerte ritual de la permanencia del régimen, ahora debe hacer frente al descontento por la economía y las restricciones de internet y tampoco podrá realizar la habitual exhibición de armamento pesado, por temor a los drones ucranianos.

Prueba de ello es lo ocurrido el lunes, cuando un dron ucraniano atacó una torre residencial en el distrito de Mosfilm de Moscú, a siete kilómetros de la Plaza Roja, mientras que francotiradores y sistemas antidrones ya estaban desplegados en las propias murallas del Kremlin.

En los días previos al desfile, el servicio de internet móvil en el centro de Moscú se ha visto interrumpido repetidamente, como parte de una serie de cortes diseñados para impedir que los drones ucranianos utilicen las redes civiles para la navegación.

Producto de las preocupaciones de seguridad, Putin propuso un alto el fuego a Ucrania para el 9 de mayo. En respuesta el Presidente ucraniano, Volodimyr Zelensky planteó un cese de las hostilidades, a partir del 6 de mayo. Sin embargo, el miércoles todo se echó atrás cuando en la región fronteriza de Sumy, dos personas murieron debido a que un jardín infantil fue atacado, por lo que el alto el fuego se dio por terminado.

Así, Zelensky dijo el jueves que Rusia seguía incumpliendo el alto el fuego propuesto por Kiev, y añadió que Ucrania continuaría sus ataques de largo alcance si Rusia seguía adelante con sus ofensivas. Luego, se informó que Moscú declaró unilateralmente un “alto el fuego” con Ucrania del 8 al 10 de mayo y amenazó con un ataque masivo con misiles contra el centro de Kiev si Ucrania no cumple, incluso advirtió a las embajadas extranjeras que abandonaran Kiev.

En medio de este contexto, se esperaba que las medidas de seguridad en la Plaza Roja el sábado fueran extremas.

Un profundo sentimiento de descontento se ha extendido por todo el país en los últimos meses. Esto, escribió el corresponsal de The Wall Street Journal Yaroslav Trofimov, podría representar el desafío más grave al gobierno de Putin hasta la fecha, y podría ser incluso más insidioso que el fallido golpe de Estado del caudillo Yevgeny Prigozhin en 2023.

Los servicios de seguridad rusos han respondido con nuevas y drásticas restricciones, bloqueando la mayor parte de la actividad en línea, imitando el Gran Cortafuegos chino. Estas restricciones, justificadas por la necesidad de prevenir los ataques con drones que continúan sin cesar, son tan severas que incluso los nacionalistas leales a la guerra han comenzado a hablar de una revolución inminente. En los círculos sociales de Moscú circulan rumores de supuestos preparativos de golpe de Estado y luchas internas entre las distintas ramas del aparato de seguridad, añadió.

Por ejemplo, se han prohibido las aplicaciones de mensajería extranjeras populares como WhatsApp y Telegram por considerarlas poco transparentes, y están intentando que todos utilicen la aplicación local Max. La supuesta transparencia de las interacciones a través de Max no ha pasado desapercibida, y la gente siente que su privacidad ha sido vulnerada.

En una columna del centro de estudios Carnegie, Alexander Baunov explicó que dado que las aplicaciones de mensajería también se utilizan para acordar servicios de pago, existe la sospecha entre el público de que se trata de otra forma que tiene el Estado de apropiarse de su dinero. Esta teoría se ha visto reforzada por las medidas fiscales adoptadas en los últimos meses, como el aumento del IVA del 20 % al 22 %, y la exigencia de proporcionar un número de identificación fiscal para las transferencias realizadas a través del sistema de Pagos Rápidos (que anteriormente solo requería el número de teléfono del destinatario).

“Esto no significa que la revolución sea inminente, ni que Putin, de 73 años, vaya a ser apartado pronto. Pero el cambio de ambiente es notable si se compara con diciembre pasado, cuando los funcionarios rusos se mostraban optimistas ante la esperanza de que el presidente Trump presionara a Ucrania para lograr un acuerdo de paz en los términos de Moscú, levantando las sanciones económicas y desatando una bonanza económica”, escribió Trofimov.

Un ejemplo del descontento es lo ocurrido con la influencer Victoria Bonya, un nombre muy conocido en Rusia que saltó a la fama en 2006 en la versión rusa del reality show Gran Hermano, quien a mediados de abril publicó un video advirtiendo al presidente ruso de que una serie de problemas crecientes corría el riesgo de descontrolarse.

“La gente te tiene miedo, los artistas tienen miedo, los gobernadores tienen miedo”, dijo en el video de 18 minutos publicado en Instagram, que ha acumulado 26 millones de visualizaciones y más de 1,3 millones de me gusta en los últimos cuatro días.

Enumeró una serie de problemas que, según ella, ningún gobernador regional se atrevería a plantear directamente a Putin: las inundaciones en Daguestán, la contaminación petrolera a lo largo de la costa del Mar Negro, el sacrificio de ganado en Siberia, los apagones de internet y la presión que sufren las pequeñas empresas debido al aumento de los precios y los impuestos.

“¿Sabes cuál es el riesgo?”, preguntó Bonya, que vive fuera de Rusia . “Que la gente deje de tener miedo, que se sientan atrapados en un resorte comprimido, y que un día ese resorte comprimido se dispare”.

Problemas económicos

Una de las analistas rusas más prominentes, Tatiana Stanovaya escribió en X que “los recientes acontecimientos en Rusia sugieren que el sistema está teniendo dificultades para hacer frente a las crecientes presiones. Estas incluyen tensiones internas cada vez mayores, maniobras entre bastidores entre las élites, rumores de un golpe de Estado, un control más estricto y reactivo, temores de perder dicho control y una mayor exposición a los ataques y asesinatos ucranianos. Todo esto se desarrolla en un contexto externo cada vez más complejo: un Medio Oriente desestabilizado y un estancamiento en torno a Irán, un Trump distraído y una Europa más militarizada (incluida una Europa con capacidad nuclear)”.

“Por primera vez en años de guerra, podría producirse un cambio. Las presiones han llegado a un punto en el que demasiados actores dentro de Rusia se enfrentan a una nueva realidad: el statu quo comienza a amenazar su propia posición. Si nada cambia, la supervivencia se vuelve difícil, si no imposible”, añadió.

En la misma línea, una columna publicada por el centro de estudios Carnegie, Alexander Baunov escribió que la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2002, “obligó a los distintos grupos de élite a unirse para sobrevivir”. “Ahora, la incertidumbre sobre el resultado del conflicto está resquebrajando los cimientos del régimen, y toda la estructura se está desmoronando. Incluso si sobrevive, ya no será lo que era”, indicó.

“Los investigadores que estudian las épocas oscuras de los periodos políticos de la historia reconocerán esa difícil de describir sensación de desvanecimiento, cuando el antiguo poder aún no ha desaparecido, pero ha dejado de ser visto como algo natural o evidente”, añadió.

El panorama económico también está cambiando. El crecimiento militar ya no se traduce en mayores ingresos ni oportunidades. El tono de la reunión de Putin sobre temas económicos del 15 de abril fue muy diferente al de las anteriores entre el presidente y el bloque económico.

La decisión de Donald Trump de declarar la guerra a Irán y el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Teherán provocaron un drástico cambio en las finanzas rusas. Anticipando ingresos adicionales por petróleo y gas, el gobierno incrementó el gasto presupuestario en marzo de 2026 en un 44% con respecto a marzo de 2025 (4,7 billones de rublos frente a 3,25 billones), superando tanto los 4,1 billones de rublos de febrero como los de enero de 2026. Las compras gubernamentales, incluidos los pedidos de defensa, crecieron casi un 40 % interanual en los primeros tres meses del año.

Al mismo tiempo, el Ministerio de Finanzas suspendió las compras de divisas (yuanes) y oro provenientes de los ingresos extraordinarios del petróleo y el gas para el Fondo Nacional de Riqueza (FNR) desde el 30 de marzo hasta mayo . Las autoridades rusas se permitieron retomar la política fiscal proinflacionaria de tiempos de guerra, que consistía en gastar dinero aquí y ahora.

El déficit del presupuesto federal durante los primeros tres meses de 2026 alcanzó los 4,6 billones de rublos, 2,3 veces el déficit del primer trimestre de 2025, que fue de 1,9 billones. Los ingresos por petróleo y gas de marzo se calculan tomando como referencia febrero, por lo que el cierre del estrecho de Ormuz aún no se refleja en esas cifras ni en el déficit.

A todo esto se suma la caída en la popularidad de Putin. Alrededor del 73% aprueba la gestión de Putin , la cifra más baja desde el 71% registrado en febrero de 2022, según la encuesta de la Fundación de Opinión Pública (FOM) publicada el 1 de mayo.

El Centro Ruso de Investigación de la Opinión Pública (VCIOM), otra empresa encuestadora controlada por el Estado, informó que casi una cuarta parte de los rusos no confía en el presidente, lo que supone otro récord posterior a 2022.

Según los expertos, citados por el diario Kyiv Independent, estos márgenes no pueden tomarse al pie de la letra en medio de la censura omnipresente y la propaganda rusa de tiempos de guerra.

Algunos argumentan que apuntan a otra cosa: una creciente división entre las facciones “civiles” y “de seguridad” ( siloviki ) del régimen en relación con la represión de internet.

“No se trata de que a la gente le guste menos Putin. En realidad, no sabemos cuánto les gusta, porque no es eso lo que se pregunta”, afirmó al Kyiv Independent, Anton Barbashin, cofundador y director editorial de Riddle Russia.

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