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Patricio Cabello, experto en bienestar juvenil: “Lo de Calama da cuenta de una urgente necesidad de atender la salud mental”

El profesor de la UNAB e investigador del CIAE de la U. de Chile advierte que luego de episodios como el asesinato de la inspectora, un sentimiento común es la culpa, por lo que llama a ser cautos con la comunidad escolar.

El viernes, en el Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama, se vivió un episodio que marcará un antes y un después en la violencia escolar: un brutal ataque con arma blanca de un alumno de 18 años terminó con una inspectora fallecida y otras cuatro personas heridas.

Patricio Cabellos, profesor de la U. Andrés Bello e investigador principal del Centro para el Desarrollo y Bienestar de la Adolescencia y la Niñez en la Era Digital, afirma que las características de este episodio son muy similares a los ataques que se han presentado en Estados Unidos.

Este lunes, además, un alumno fue detenido en un colegio en Curicó portando un arma de fuego, con lo que las alarmas de un efecto dominó se encendieron.

En ese contexto, el también investigador adjunto de CIAE de la U. de Chile advierte que se tendrán que tomar varias medidas para recuperar a la comunidad. “Es un hecho del que podemos decir con bastante claridad que tiene características nuevas frente a lo que hemos conocido como violencia en la escuela en nuestro país”, dice.

¿Qué es lo que tiene de nuevo?

Es un fenómeno que no habíamos tenido hasta ahora: un ataque planificado. Esto no se trata de una pelea que se sale de control. Se parece mucho más a situaciones como las que hemos visto en otros países, como en Estados Unidos. Esto no es una situación de violencia “tradicional” en el contexto escolar, como cuando hay peleas o enfrentamientos entre grupos. Todo parece indicar que hay una situación de salud mental importante detrás de las acciones.

¿Entonces, podríamos decir que es un hecho aislado y que no se relaciona con los otros tipos de violencia registrados?

No tenemos registro de algo similar y no me atrevería a decir tampoco si esto puede o no repetirse. Lo que sí me parece muy preocupante, y donde deberíamos poner mucho énfasis, es que este tipo de fenómeno da cuenta de una urgente necesidad de atender la salud mental de niños y adolescentes en el contexto escolar.

¿Qué rol juega la salud mental en este tipo de agresiones?

Por un lado, tenemos la posibilidad de que la persona que realiza estas acciones esté atravesando una situación límite. Es importante preguntarse por los apoyos que pudo o no haber recibido, pero hay que ser muy responsables, porque no sabemos qué hizo o no la comunidad escolar para prevenir, alertar o acompañar a esta persona, y probablemente no lo sabremos porque esto forma parte de una investigación penal. Sí queda claro que esta forma de violencia responde a un deterioro extremo de la salud mental de una persona en un contexto que desconocemos. También hay que pensar en la salud mental de la comunidad escolar y qué es lo que pasará ahora. Es una comunidad que va a entrar en un proceso bien complejo.

¿Cuáles son las primeras medidas que se deberían tomar en cuanto a salud mental?

Hay varias. Es muy importante que, si uno interviene en ese espacio, intervenga con todos los testigos de esta situación, porque los afectos que se pueden estar elaborando son muy diversos. Puede haber culpa por ejemplo, entre algunos que piensan que podrían haber dicho algo, que vieron, sintieron o percibieron, que tenían la intuición de que algo podía pasar. Luego están las personas que entran en shock y pueden tener incluso sintomatología de estrés postraumático. También se produce una sensación de inseguridad, de vulnerabilidad, que hay que atender. Tenemos algo que ocurre no solo con los estudiantes, también hay que pensar en los docentes que trabajan en el establecimiento. Esto ha causado conmoción pública y genera una sensación de inseguridad que tratamos de resolver con soluciones inmediatas. Todos tratamos de proponer más seguridad, más medidas, tratando de contener algo que vemos que se ha desbordado y que parecemos no entender.

¿Se puede recuperar la comunidad?

Claro, pero requiere de acompañamiento. Requiere un trabajo que tiene que ver con abordar los procesos afectivos que se gatillan después de esto. Se tiene que trabajar también específicamente con metodologías adaptadas para los estudiantes y también para los docentes.

¿Qué medidas concretas se pueden tomar ahora? ¿Debería haber apoyo constante?

En un hecho de tal magnitud la escuela tiene que buscar ayuda especializada. Esa ayuda puede encontrarse en profesionales, por ejemplo, de universidades que están especializados en estas temáticas y que pueden acompañar estos procesos. Los establecimientos educacionales en general cuentan con personal que puede recibir ese apoyo: equipos psicosociales, encargados de convivencia. Hay personas que pueden operar como catalizadores en este proceso, pero ante una situación de esta magnitud, es necesario un apoyo especializado.

¿Y el regreso a clases?

La escuela necesita apoyo, necesita apoyarse en especialistas y tomarse en serio el regreso a clases, sin intentar normalizar la situación a la fuerza. O sea, sin decir “está todo bien porque volvimos”. Aquí hay un trabajo serio que hacer. Hay algo que ha quedado marcado en la historia y en la identidad de esa escuela, y eso se tiene que trabajar.

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