¿Quién era Camilo Catrillanca Marín?

Hoy, a las 16.00 horas, los restos del comunero serán sepultados en el cementerio mapuche de la comunidad Temucuicui.


En agosto de 2011 un grupo de 30 estudiantes protagonizó la toma de la Municipalidad de Ercilla. Su vocero, estudiante del Liceo Técnico Profesional de Pailahueque, era Camilo Catrillanca Marín.

La movilización se realizó en rechazo a la “cantidad excesiva de Carabineros” en las comunidades mapuches, relataba entonces Catrillanca en un video publicado en YouTube, donde aparecía junto a otros dos jóvenes dirigentes. “No queremos más allanamientos en nuestras comunidades”, pedía el entonces escolar, asegurando que el actuar del personal policial provocaba “daños sicológicos a los niños de la comunidad”, exigiendo el pronunciamiento del entonces ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, “porque él es el encargado de esta militarización”.

Así, a sus cortos 16 años, Camilo Catrillanca comenzaba a cimentar su carrera como dirigente estudiantil mapuche, pues la propuesta de fondo era la creación de un liceo intercultural.
Camilo Marcelo, quien falleció la tarde del miércoles durante un operativo del “Comando Jungla” de Carabineros en la comunidad Temucuicui de Ercilla, nació el 13 de septiembre de 1994 en Victoria. Hijo de Marcelo Catrillanca y Teresa Marín, tenía un linaje de liderazgo. Nieto del histórico lonko Juan Catrillanca

Su comunidad llora la partida del “lamien” (hermano en mapuche) y preparan su último adiós. “Cayó uno de mis nietos, tal como cayeron los otros weichafe, así ha respondido el Estado”, se lamentó su abuelo tras el deceso.

Muerte en el Cesfam

Tras recibir un tiro en la cabeza, Camilo Catrillanca fue trasladado de urgencia al Centro de Salud Familiar (Cesfam) de Ercilla. Allí dejó de respirar en medio de los disturbios protagonizados por sus cercanos, que exigían justicia. No era la primera vez que Camilo era el protagonista en ese centro asistencial. Ahora aparece fresca en la memoria aquella mañana del 25 de septiembre de 2012. Fue el día de la inauguración del anhelado consultorio, que se vistió de gala para recibir al entonces ministro de Salud, Jaime Mañalich. De pronto un grupo de 10 a 15 individuos, entre ellos

Camilo Catrillanca, irrumpió en la ceremonia con un gran lienzo que pedía “Libertad a los presos políticos mapuches”, para luego a punta de chuecas y palos “proferir amenazas a la autoridad”, reza el parte policial. Seis años después el policlínico fue escenario de su muerte.
Aquella fue la primera que vez el “weichafe Catrillanca” (guerrero en mapudungun) era puesto a disposición de la justicia, detenido como autor de desórdenes públicos.

Cinco meses después, en febrero de 2013, otra vez cayó en manos de Carabineros, luego de que él, junto a un grupo de comuneros mapuches protestaran en el tribunal de garantía de Collipulli en medio de la audiencia de formalización de otro comunero, imputado por el asalto a un parcelero en la zona de Chiguaihue. Otra vez fue detenido por desórdenes graves contra Gendarmería.

Pero sin duda, el escenario policial más complejo que vivió en sus cortos 24 años fue el ocurrido en octubre pasado. El 23 de ese mes, Camilo Catrillanca viajaba en una camioneta junto al menor M.P.C. de 15 años, el mismo que fue formalizado por receptación de vehículo, tras el presunto asalto a los docentes de Ercilla.

De pronto, Carabineros les realiza un control policial rutinario, advirtiendo que el vehículo no contaba con patente delantera y que la trasera no coincidía con el número de chasis de la camioneta, que la autoridad logró constatar había sido robada a la empresa Coopelan en Los Ángeles, región del Biobío.

Catrillanca y el menor, que el miércoles lo acompañaba en el tractor donde recibió la bala, fueron formalizados aquella vez por receptación de especies robadas, aunque la jueza de Collipulli, María Fernanda Lagos, declaró ilegal la detención, “por realizar diligencias investigativas autónomas, para lo cual no está facultada la policía y que no pueden ser el fundamento de la privación de libertad de los imputados”, reza la resolución de la magistrada. La misma jueza, este jueves, volvió a declarar ilegal la detención del menor, ahora tras la balacera en Temucuicui.

Nueva casa

La partida de Camilo Catrillanca fue sentida en su comunidad, pues se dedicaba a las labores agrícolas en el predio. Sus cercanos lo califican como “un muchacho tranquilo y trabajador”. “No se metía con nadie”, dicen.

Camilo tenía una hija y su señora estaba embarazada, relatan en Ercilla.

Estaba construyendo una nueva casa en el sector del exfundo La Romana, el que alguna vez perteneció al agricultor René Urban y que Catrillanca y su familia recuperaron para sí. Ahí lo están velando.

Era el tractorista de la comunidad Temucuicui, donde vivía él y su familia. Le enseñaron desde niño a operar para asumir esa tarea de grande. El tractor es común de la zona. Cuentan que con él atendía a unas 120 familias. Trabajaba el suelo, hacía leña y labraba los huertos.

Y a pesar de que en su adolescencia se perfiló como dirigente estudiantil, “dejó los estudios para trabajar la tierra”, indican. Esto, dice su padre, Marcelo Catrillanca, “lo decidió tras participar de la recuperación de predios”.

Dicen que el camino donde el miércoles por la tarde recibió el impacto de bala es el que siempre hacía desde la casa de sus papás a la suya. El de ese día fue su último viaje, pues de ahí salió en carro policial al Cesfam de Ercilla, luego al Servicio Médico Legal, para regresar en una urna a su comunidad.

Hoy a las 16.00 horas su féretro, donde cuelga una foto de él de niño montado a caballo, junto a un colgante del Che Guevara, saldrá de su casa rumbo al cementerio mapuche de Temucuicui. Será tirado por caballos, como ordena la tradición mapuche, donde le darán el último adiós al weichafe Catrillanca.

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