Susannah Buchan, oceanógrafa: “La conservación de áreas marinas se ve como un cacho y un freno al desarrollo; Chile está en un punto medio”
La experta en cetáceos e investigadora que trabaja desde 2007 en Chile advierte que el mar sigue subrepresentado en la discusión sobre desarrollo, y plantea que proteger el ecosistema marino también es asegurar el bienestar y sobrevivencia de la especie humana.
Con casi 20 años de expediciones en Chile, la oceanógrafa británica Susannah Buchan se ha convertido en una de las voces más influyentes en el estudio y la conservación del océano austral. Su trabajo ha estado marcado por el monitoreo de grandes cetáceos, el análisis de su comportamiento y su rol como especies indicadoras de salud, productividad y biodiversidad marina.
Actualmente es investigadora asociada del Centro COPAS Coastal y del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza), además de ser científica visitante del Woods Hole Oceanographic Institution y recientemente estuvo en la XV edición de Congreso Futuro, que finaliza hoy. Con ese bagaje aborda la relevancia ecológica de zonas emblemáticas, como el Archipiélago de Humboldt, alerta sobre el alto riesgo de colisiones entre ballenas y embarcaciones y cuestiona la lentitud de los avances regulatorios.
¿El océano está siendo subrepresentado en la discusión sobre desarrollo?
En lo personal, uno sigue estando como en una burbuja. Ahora, desde ahí yo veo harto más, e igual he visto en los ya casi 20 años que estoy en Chile que se conversan mucho más temas del océano.
Cada vez más se ve una tendencia positiva, y tiene que ser así, porque finalmente Chile es más mar que tierra, y además muchos viven del mar.
Usted descubrió que estas ballenas tienen un dialecto propio. ¿Por qué esto es importante?
Descubrimos que las ballenas azules de la Patagonia chilena, las que se alimentaban ahí, tienen huellas acústicas, como un dialecto, un canto característico que identifica a toda la población del Pacífico sur oriental.
Eso lo caracterizamos, lo reportamos y nos dimos cuenta de que era una manera de trackear a estas ballenas, a esta población, que además están en peligro de extinción. Nos ha permitido seguir monitoreándolas y entenderlas mucho mejor en su hábitat.
¿Y cuál es la importancia del mar chileno como hábitat de las ballenas?
Todas las especies se vienen a alimentar a Chile. Aquí no hay nada de reproducción. Es como el restaurante, y después, la discoteca está en otro lado. En todos esos hope spots (área protegida) de ballena en la costa de Chile, uno tiene ciertos focos de alta productividad por su naturaleza, porque son animales gigantes que necesitan mucha comida.
¿Por qué las ballenas corren peligro y qué factores estructurales pueden explicar sus muertes?
Nosotros publicamos un trabajo sobre colisiones que mostró un muy alto riesgo y muy altas tasas de mortalidad en ballenas por colisión con grandes embarcaciones. Son donde hay focos de ballena y donde hay puertos o mucho tránsito. Es el riesgo principal hoy en día para las grandes ballenas en Chile.
¿Y cómo se pueden planificar las rutas de tránsito marítimo para hacer que estas no coincidan con el paso de ballenas?
Estamos trabajando con algunas empresas y también con el gobierno, donde cruzamos la presencia de los animales con el tráfico marítimo. Y entonces podemos hacer predicciones sobre el riesgo de colisión. Y estamos en ese proceso, ha ido avanzando lento, demasiado lento a lo mejor, pero igual se está avanzando.
¿Cree que hay voluntad política para avanzar en cambios como la modificación de rutas navieras o regular los límites de velocidad?
Va lento, pero hay algunas cosas que están considerando en algunas algunos planes de manejo de áreas protegidas, en distintos comités técnicos que asesoran al Estado. Si cada vez más va a haber más tráfico, conviene que esté bien ordenado, bien planificado.
¿Cómo se puede equilibrar la necesidad de crecimiento económico con la protección de rutas migratorias o zonas de alimentación de cetáceos?
Yo no estoy esperando que toda la costa de Chile sea un área protegida, me parece que no puede ser así. Y las actividades económicas, industriales, ocupan la mayor parte de la costa.
Pero cuando vemos ciertas áreas que deberían estar protegidas es como que instalen una autopista en las Torres del Paine. Hay ciertas partes que no son aptas para eso. Hay ciertos sectores que debiesen ser protegidos, y hay que avanzar en eso.
¿Cree que en Chile todavía se entiende la conservación como una especie de freno al desarrollo?
Sí, pero no es la excepción. La excepción son muy pocos países, como Costa Rica, Nueva Zelandia. La norma no es así, siempre la conservación se ve como un cacho, y un freno al desarrollo. Y creo que Chile está en un punto medio, que es bueno, y que se ve cada vez más la conciencia ambiental. Aunque son procesos lentos.
¿Y qué le falta a Chile para consolidar una red efectiva de áreas marinas protegidas?
Tiempo e inversión, que es -como siempre- la solución a todo. Requiere mayor financiamiento y un reconocimiento de hacerlo por el bien del país. No hay necesariamente algo tan comercial ahí, sobre todo estas grandes áreas que son como una cuenta de ahorro. Una inversión a largo plazo.
¿Qué está en juego si no actuamos para proteger el océano?
Nuestro bienestar y sobrevivencia. Está todo íntimamente vinculado al océano. Así que no podemos darle la espalda.
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