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Voto nulo o blanco: el factor que inquieta de cara al balotaje

La idea de que aumenten los votos que no manifiesten preferencia ni por Jeannette Jara o José Antonio Kast toma fuerza y expertos vaticinan que podría acercarse al 20%.

Santiago, 16 de noviembre 2025. Elecciones presidenciales 2025 en el Liceo Poeta Federico Garcia Lorca comuna de Conchali. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

Cuando Franco Parisi afirmó que “más del 75%” de sus electores preferiría votar nulo o en blanco en la segunda vuelta presidencial, el comentario no solo remeció su propio mundo político. También encendió una alerta en los comandos de Jeannette Jara y José Antonio Kast. El excandidato del PDG obtuvo 19,71% en primera vuelta -más de 2,5 millones de votos- que hoy aparecen como una fuerza importante para el balotaje del 14 de diciembre. Sobre todo porque otros parlamentarios de su propio partido, como la diputada Pamela Jiles, reforzaron la tensión con un llamado explícito al #VotoNuloYBlanco, instalando la idea de que la protesta electoral podría convertirse en un elemento incómodo del balotaje.

¿Pero cuánto peso efectivo tendrá el voto de los seguidores del PDG? ¿Votar nulo o blanco sería votar Parisi? Andrés Scherman, director académico del Magíster en Comunicación Política de la UAI, sostiene que “podría haber un aumento de nulos y blancos, especialmente entre votantes de Parisi, pero no creo que sea sustancial ni un récord”. El académico hace la comparación con elecciones en países con voto obligatorio -como Argentina y Brasil-, donde las diferencias entre primera y segunda vuelta suelen ser mínimas, y en Chile este balotaje no exhibe la competitividad que elevó la participación en 2017 o 2021.

JORGE LOYOLA/ATON CHILE

Pese a ello, las encuestas ya muestran una inflexión. Según Cadem, los votos nulos y blancos podrían pasar del 9% registrado en primera vuelta, a un 20% en la segunda. El Panel Ciudadano UDD proyecta un salto de 10% a 15%, mientras que Criteria estima un crecimiento de entre 7% y 14%. Para Gustavo Campos, investigador del Centro de Democracia y Opinión Pública de la U. Central, el aumento responde más a la obligatoriedad del voto que a los llamados políticos.

“Es la primera presidencial con padrón e inscripción obligatoria. Los obligados a participar muchas veces manifiestan su molestia a través del nulo o del blanco”, señala. Sobre la estrategia de Jiles, agrega que la diputada “busca atribuirse un porcentaje difícil de demostrar, pero comunicacionalmente lo instala”.

Voto histórico

Desde 1989, los votos nulos han promediado 5,3% y los blancos 3,3%, con peaks asociados a elecciones con muchos candidatos o procesos legislativos complejos.

En las parlamentarias de 1997 (donde el voto era voluntario, pero la inscripción obligatoria) los nulos llegaron a 12,56% en senadores y 13,51% en diputados. Sumando blancos, el total alcanzó 17%. En 2017, la elección de senadores registró el récord: 29,9% de votos nulos y 21,6% de blancos (con inscripción automática y voto voluntario), cifras explicadas por la fragmentación de listas y una oferta difícil de decodificar para los votantes.

El retorno del voto obligatorio volvió a elevar estos números. En la elección de consejeros constitucionales de 2023 -con inscripción automática-, los nulos alcanzaron 16,99% y los blancos 4,55%, interpretados como una respuesta al desgaste tras dos procesos constitucionales fallidos. Y en las elecciones municipales y de concejales de 2024, la tendencia se repitió: consejeros regionales registraron 14,54% de nulos y 11,24% de blancos; concejales, 12,75% y 8,49%, y la primera vuelta de gobernadores, 10,30% y 7,44%. “En cargos donde la gente tiene menos información o los percibe más lejanos, los nulos y blancos aumentan mucho”, explica Scherman. A eso se suma que esas elecciones no coincidieron con una presidencial: “Cuando no hay figura como ancla, cuesta más elegir y los nulos suben”.

JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

En los procesos presidenciales, en cambio, los números han sido moderados. Las segundas vueltas de 2005, 2009, 2013, 2017 y 2021 mantuvieron rangos similares, incluso con diferencias políticas significativas. Scherman explica que “las presidenciales ordenan el mapa: cuando solo hay dos opciones, la predisposición a anular disminuye”.

Sin embargo, reconoce que este año el padrón obligatorio podría elevar la cifra, porque “hay un segmento que antes simplemente no votaba y ahora expresa su rechazo dentro de la urna”.

Campos aporta un dato reciente que podría anticipar un cambio: la comparación entre las elecciones de 2021 (sin obligatoriedad plena) y 2024 (con obligatoriedad total). En 2021, los nulos y blancos en alcaldes fueron 1,93%. En 2024 saltaron a 10,8%. En gobernadores, pasaron de cerca de 6,1% a 17%. “Son cargos uninominales, similares a la lógica presidencial”.

Y sigue: “Uno podría esperar que el porcentaje de nulos y blancos en la segunda vuelta presidencial aumente significativamente. Sin embargo, dada la historia de nulos y blancos en elecciones presidenciales, no debiese ser un número muy dramático ni algo que genere un desbalance importante. Uno esperaría cifras parecidas a las de alcaldes (10%) o gobernadores (17%), aunque es difícil preverlo; depende mucho de cómo se desarrollen las campañas, el grado de polarización y cómo se interpele a este votante obligado, que no es politizado ni ideologizado, sino que vota por alternativas que ofrecen soluciones concretas. En ese sentido, el voto nulo o blanco puede ser una señal de rechazo a un sistema político bastante deslegitimado”.

SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

Ese malestar también se ve en los votantes. Por ejemplo, Cristóbal Cornejo (24) reconoce que hoy votaría nulo: “Ninguno de los dos me convence y Kast difícilmente será mi opción. Pero quiero ver debates. No cierro la puerta”. Algo similar plantea Oliver Salinas (39): “Estoy entre votar nulo o apoyar a Jara para que el voto no se pierda. Todavía tengo dudas. No estoy seguro”.

Scherman asevera que “van a subir los nulos y blancos, y probablemente la mayoría va a venir de votantes de Parisi, con un sector más pequeño de votantes de Matthei”. Pero advierte que el fenómeno no debería sobredimensionarse. “No estarán cerca de la cantidad de nulos y blancos que tuvimos en las parlamentarias recientes”. El fenómeno responde, dice, simplemente al voto obligatorio y a ese porcentaje del padrón que, antes, se mantenía al margen y hoy está forzado a participar.

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