El archivo de Chomsky: El Gringo Godfrey Stevens

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"Hacía ocho o nueve años que no venía a Chile", dijo la semana pasada Godfrey Stevens, el exboxeador que se halla radicado en Australia desde 1986. Campeón nacional y sudamericano del peso pluma, disputó el título del mundo frente al japonés Shozo Saijyo en Tokio y perdió por puntos en 15 asaltos (febrero de 1970).

Godfrey John Stevens González nació el 27 de junio de 1938 (cumplió 79 años). Medía 1,69 metros y pesaba 57 kilos y fracción cuando combatía. Criado en la Población Juan Antonio Ríos, barrio de futbolistas, practicó varios deportes, entre ellos el básquetbol, causante de la fractura de nariz que siempre exhibió.

¿Cuándo se puso los guantes por primera vez? "Mi padre, el británico Charles Edwards Stevens Radford, que era contador en la firma Williamson Balfour, quería que aprendiera defensa personal y me compró unos guantes de boxeo en la tienda Gath & Chávez (Estado y Huérfanos) cuando tenía 10 años. Antes, mi madre, la chilena Blanca González, me había obligado a recuperar un juguete que me quitó un amigo al que yo le temía. "Él es de tu mismo porte", me advirtió con una varilla en la mano. Cerré los ojos y no paré de lanzar golpes, la mayoría al aire, pero me quedé con mi juguete".

La carrera del Gringo Stevens se hizo peldaño a peldaño, siempre dirigida por su entrenador Emilio Balbontín. Empató con Domingo Rubio (1961), le ganó a Claudio Barrientos (medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956), obtuvo el cinturón nacional frente a Elías Vargas (1963), perdió dos veces ante el argentino Carlos Cañete por la corona sudamericana en el Luna Park (1964 y 1965), obtuvo ese título contra el transandino Cucusa Jorge Ramos (1967) y se impuso a adversarios del ranking mundial como el colombiano Mochila Antonio Herrera (tercero en 1968), el estadounidense Bobby Valdez (séptimo en 1969) y el mexicano Copetón José Jiménez (1969).

A la disputa por el cinturón mundial llegó con 32 años ante un rival que tenía 10 años menos. Al regreso de Japón tuvo un recibimiento impresionante, desproporcionado para un perdedor. "Jamás, ni por ventura, pude soñar algo así. La gente rompió el cordón de seguridad en el aeropuerto… Durante el trayecto por la Alameda hasta la Plaza de la Constitución miraba con vergüenza y pesar la verdadera alegría de la gente. '¡Qué mal estamos que celebramos una derrota!', pensaba. No lo concibo hasta hoy".

Las fortalezas de Stevens en sus 84 peleas (71 ganadas, 10 perdidas, tres empatadas) fueron su profesionalismo, la técnica que le permitió combatir en la corta y en la media distancia, la velocidad y su defensa. Las debilidades: su falta de pegada y la fragilidad de sus arcos superciliares, dañados desde los cabezazos del peso liviano Valentín Brown, de Panamá, a quien le concedió cinco kilos de ventaja y con quien combatió dos veces en el Teatro Caupolicán colmado. La primera vez fallaron empate (5 de julio de 1963). La segunda, perdió por KO técnico en la quinta vuelta y resignó su invicto (2 de agosto de 1963).

Ya veterano, Stevens peleó en el extranjero con tres notables campeones del mundo: Rubén Olivares, de México (agosto de 1972); Eder Jofré, de Brasil (julio de 1973) y Alexis Argüello, de Nicaragua (febrero de 1977), cuando tenía 34, 35 y 38 años, respectivamente. "Volví al cuadrilátero para subsanar problemas materiales. Los enfrenté a sabiendas de lo que me significaba: con Olivares perdí por puntos en 10 rounds; con Jofré, en cuatro, porque me conectó en el hígado y yo tenía amebiasis, y con Argüello, en dos, porque su recto de izquierda me rompió el párpado derecho".

¿Quién fue su ídolo en el ring? "Sugar Ray Robinson, el más grande boxeador de todos los tiempos".

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