Baño de realidad en Temucucui



Por Juan Ignacio Brito, periodista

Izkia Siches fue a Temucuicui a dialogar. La recibieron con tiros al aire y barricadas. Tuvo que huir y refugiarse en una subcomisaría. La experiencia constituye un baño de realidad que debe hacerla reflexionar acerca de cómo enfrentar lo que ocurre en el sur.

Lo que allí se vive demanda en primer e ineludible lugar la restauración del imperio de la ley, porque, como la titular del Interior aprendió a la fuerza el martes, no hay diálogo posible si este queda a merced de los violentos. Sin embargo, contra toda evidencia, la ministra sostiene que es posible conversar en un ambiente donde estos han declarado la guerra al Estado y amedrentan a la ciudadanía. Resulta urgente que La Moneda reestudie su aproximación a un conflicto en el que una minoría audaz y atropelladora se impone a una mayoría hastiada y atemorizada.

Por demasiado tiempo, la izquierda ha bajado el perfil a la dimensión de seguridad de la cuestión mapuche. Ahora que está en el gobierno, debe revisar ese negacionismo y corregir el enfoque casual con que parece acercarse al problema.

La caravana de la jefa de gabinete -cuyo equipo desoyó las advertencias de Carabineros- pudo sufrir una desgracia mayor si los atacantes hubieran sido más resueltos. Marcelo Catrillanca acusó que la visita a Temucuicui había sido “muy improvisada”. Siches estimó que la presencia de Catrillanca en la caravana le daba seguridad, pero no consideró que el liderazgo de Temucuicui se halla dividido entre el más dialogante clan Catrillanca y el rebelde clan Huenchullán, varios de cuyos miembros están prófugos de la justicia tras ser acusados por narcotráfico. Esa comunidad mapuche goza de una autonomía de hecho y hasta allí no llega el Estado.

Más allá de su seguridad personal, la ministra debe saber que cuando circula en misión oficial representa al Estado de Chile, y que ello la reviste de una majestad, simbolismo y autoridad que no deben quedar expuestos al arbitrio de bandas armadas. La emboscada que sufrió no solo humilla a una ministra inexperta y un gobierno imprudente, sino también al Estado entero. Cuando Siches es obligada a huir de forma indigna, es el Estado de Chile el que se rinde. Debe planificar mejor sus incursiones en una zona peligrosa, utilizar medidas disuasivas y no exponerse a bochornos que alientan la arrogancia y desparpajo de los violentos.

La titular del Interior reafirmó que el incidente no la hará desistir de su vocación por el diálogo y por llevar a la zona una presencia mayor del Estado. Hay algo, sin embargo, que parece no haber calibrado: su propuesta va dirigida precisamente a quienes no quieren conversar y atacan al Estado. Esta mezcla de ingenuidad y voluntarismo no considera la situación brutalmente expuesta en el terreno. Bienvenida a la realidad, ministra Siches.

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