Opinión

China: más salud y menos cable

Desde una perspectiva estratégica, ¿en qué sectores podría Chile liderar innovación y transferencia tecnológica con China? Una opción clara es el sector salud. La experiencia china muestra que la salud digital ya no es solo innovación tecnológica, sino una palanca de productividad, acceso y competitividad.

En China conviven tres modelos. El primero es el Internet Hospital, que lleva parte relevante de la atención al canal remoto: consultas, seguimiento, recetas y enfermería. El segundo es el Smart Hospital”, un hospital físico intensivo en datos, automatización e interoperabilidad. El tercero es el “AI Hospital”, aún experimental, donde la IA asume parte del proceso clínico. Los dos primeros ya operan en gran escala: en 2024, el gobierno chino reportó que más de 3.000 instituciones médicas ofrecían servicios médicos y de enfermería en línea.

La oportunidad para Chile es colaborar con China para adaptar estos avances a la realidad local. Nuestro país enfrenta una paradoja evidente: tiene condiciones digitales muy superiores a la mayoría de América Latina, pero mantiene cuellos de botella en salud propios de un sistema analógico del siglo XX. A diciembre de 2024, Chile registraba 23,1 millones de accesos de internet móvil 3G, 4G y 5G, equivalentes a 114,8 accesos por cada 100 habitantes y donde el smartphone alcanzó 98,9% como dispositivo predominante de conexión.

El contraste en salud con esa fortaleza digital es brutal. Según el informe 2024 del Minsal, había 2.508.825 personas esperando atención no GES, de las cuales 2.165.195 correspondían a nueva consulta de especialidad y 343.630 a intervenciones quirúrgicas. A eso se sumaban 74.740 garantías GES retrasadas. Detrás de esa cifra no solo hay dolor; hay menor productividad y mayor gasto, incertidumbre y desigualdad. Las listas de espera son un problema sanitario, económico y social.

Ahí es donde el modelo chino se vuelve relevante. El Internet Hospital no reemplaza al médico ni al hospital, sino que fortalece su rol e impacto al sacar del canal presencial todo lo que no necesita presencia física: control de seguimientos, revisión de resultados, orientación de enfermería, recetas, derivaciones y acompañamiento post alta. Para Chile, eso podría significar liberar horas clínicas de alto valor para casos complejos. En un sistema con millones de personas en espera, mover parte de la demanda repetitiva o de menor complejidad al entorno digital puede tener un impacto inmediato en accesos y eficiencia. La salud digital, bien implementada, es capacidad instalada más eficiente que la inversión en nuevos hospitales.

La segunda oportunidad es el Smart Hospital. Muchas veces el debate chileno se concentra en la falta de recursos, cuando lo relevante es su gestión. Un hospital inteligente ordena su operación con datos en tiempo real, interoperabilidad clínica, priorización más precisa, menos duplicación de exámenes y mejor gestión de pabellones, altas y derivaciones. China está empujando esa lógica precisamente para reducir tiempos de espera y elevar la productividad del sistema hospitalario.

La oportunidad de Chile parte desde una posición favorable: alta penetración de internet, uso universal de smartphones y una urgencia sanitaria que obliga a pensar distinto. La verdadera barrera no parece ser tecnológica, sino de mentalidad e institucional: la transformación ocurre por reorganizar el sistema alrededor de flujos digitales y eso requiere apertura a una nueva forma de pensar y liderazgo para gestionar el cambio en los distintos grupos de interés.

Salud, educación y seguridad son ejemplos de sectores donde existen modelos en China y en el mundo con nuevas tecnologías que permiten dar saltos materiales en resultados. Eso sí, requieren un cambio radical de mentalidad y apertura mental a nuevas formas de pensar y trabajar. ¿Estamos dispuestos a abordarlos y liderar el cambio o seguiremos otros 10 años estancados en fórmulas y mentalidades tradicionales?

*El autor de la columna es socio monitor Deloitte

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