Por Francisco CorvalánCrisis en Minciencia: la trama que terminó con el primer caído del gabinete de Kast y los ojos puestos sobre Lincolao
La salida del subsecretario Rafael Araos evidenció una fractura interna en el Ministerio de Ciencia. Aunque la ministra aseguró en un correo a los funcionarios que los rumores de desvinculaciones masivas son “categóricamente falsos”, distintas fuentes de la cartera sostienen que existía un encargo explícito para ejecutar el despido de 48 personas, equivalente a un tercio de la dotación.

La crisis interna en el Ministerio de Ciencia estalló definitivamente este lunes con la salida del subsecretario Rafael Araos, luego de días de tensión con la ministra Ximena Lincolao y de una creciente inquietud entre los funcionarios por un eventual proceso de despidos masivos dentro de la repartición.
La renuncia de Araos, dada a conocer por este medio, se concretó justo el mismo día en que la ministra retornó de su gira a Estados Unidos. Aunque en La Moneda buscaban comunicar oficialmente el cambio este martes, durante la jornada el ahora exsubsecretario alcanzó a despedirse personalmente de funcionarios de la cartera, dando por cerrado un conflicto que venía incubándose desde fines de abril.
Horas más tarde, Presidencia informó que José Antonio Kast había aceptado la renuncia de Araos.
Sin embargo, lejos de cerrar la controversia, la salida del subsecretario profundizó el clima de tensión dentro del ministerio. La noche del lunes, a las 21.58 horas, Lincolao envió un correo electrónico a los funcionarios intentando contener la crisis y desmentir las versiones que circulaban al interior de la cartera.
“Han circulado versiones en algunos medios respecto de las razones de esta salida, incluyendo afirmaciones sobre eventuales desvinculaciones masivas de funcionarios. Quiero señalar de manera clara que aquello es categóricamente falso”, escribió la secretaria de Estado.
En el mismo mensaje, la ministra sostuvo que las diferencias con Araos respondían a “diferencias de gestión y visión”, y aseguró que su intención siempre fue “fortalecer el trabajo coordinado, colaborativo, y alineado de todo el Ministerio como un solo equipo”.
Además, informó que tomó contacto con la Asociación de Funcionarios para aclarar dudas y reiteró su disposición a mantener un “diálogo abierto, transparente y constructivo”.
Pero la versión entregada por Lincolao es refutada desde dentro del propio ministerio. Distintas fuentes de la cartera aseguran que sí existía un plan de desvinculaciones impulsado desde el gabinete de la ministra y que el número de afectados alcanzaba exactamente a 48 funcionarios de un total de 144 trabajadores.
La controversia se remonta al jueves 30 de abril, cuando, según diversas versiones coincidentes, Lincolao le habría solicitado a Araos ejecutar un ajuste de personal equivalente a cerca del 30% de la dotación ministerial. El subsecretario, indican las mismas fuentes, se negó a firmar los despidos y puso su cargo a disposición.

La renuncia, sin embargo, quedó momentáneamente suspendida debido al viaje de la ministra a Estados Unidos junto al canciller chileno. En ese periplo la ministra estuvo en su casa en Washington hasta el domingo, visita que suele realizar en cada fin de semana largo disponible desde que asumió.
Durante esos días en Norteamérica, el conflicto permaneció congelado, aunque internamente ya se daba por quebrada la relación entre ambos.
De acuerdo con conocedores de las conversaciones, antes de salir del país Lincolao dejó encargado personalmente a Araos de materializar las desvinculaciones. Ese habría sido el punto de ruptura definitivo.
Ahora, tras el impacto público que generó el caso, dentro del ministerio ronda la idea de que la medida podría quedar en pausa hasta noviembre, mes en que deben resolverse las renovaciones de funcionarios a contrata. En esa instancia se notificará quiénes continuarán durante 2027 y quiénes deberán abandonar la repartición a fines de diciembre.
El tema es que la salida de Araos no vino sola. También dejaron sus cargos Camila Skewes, jefa de gabinete de la subsecretaría; Alejandra Tagle, jefa de la División Jurídica; y Rodrigo Escobar, asesor legislativo que ya había presentado su renuncia el 5 de mayo.
Las bajas golpean especialmente a la ministra en momentos en que el gobierno impulsa medidas de austeridad fiscal. La ministra no cuenta en estos momentos con jefatura de gabinete, ya que había preferido no contar con este cargo para su dotación.

Por mientras, como subsecretaria subrogante asumió Carolina Rossi, jefa de la División de Tecnologías Emergentes, quien llegó al ministerio a comienzos de abril de la mano de Lincolao. Antes de eso, la misma ministra presentaba a Rossi como “su mano derecha”.
El perfil técnico de Araos fue precisamente lo que llamó la atención de Lincolao cuando lo reclutó para la subsecretaría al inicio de la administración Kast. Pero con el paso de las semanas comenzaron a aparecer diferencias de fondo respecto de la orientación que debía tomar la cartera.
Según distintas versiones internas, Araos estimaba que la ministra no tenía un conocimiento profundo de los problemas estructurales del ministerio. Entre ellos, el financiamiento de la investigación y desarrollo, la situación de los centros científicos y el impulso a la ciencia básica.
En el entorno sostienen que él entendía que había sido convocado justamente para abordar esas áreas. Sin embargo, afirman que el foco de Lincolao empezó a desplazarse hacia el desarrollo de empresas tecnológicas y tecnologías emergentes, relegando a segundo plano las prioridades científicas tradicionales de la cartera.
El episodio terminó transformándose en la primera salida de alto impacto político para la administración Kast. El mismo Mandatario, en cambio, se limitó a decir durante esta mañana que “va todo caminando muy bien”.

El rol de Lincolao en la megarreforma
Además de la crisis interna en el Ministerio de Ciencia, Lincolao enfrenta cuestionamientos paralelos por el rol que jugó en la eliminación del denominado artículo 8 de la megarreforma al sistema digital impulsada por el gobierno.
La disposición buscaba establecer un mecanismo de compensación económica desde grandes plataformas tecnológicas, como Google y otras empresas digitales, hacia los medios de comunicación por el uso y circulación de contenidos periodísticos en internet.
La norma había sido trabajada entre el Ministerio de Hacienda y representantes de medios de comunicación, quienes buscaban replicar modelos ya implementados en países como Australia y Canadá. La idea apuntaba a corregir el desequilibrio entre las plataformas tecnológicas y la industria de medios, considerando que gran parte del tráfico digital y de la inversión publicitaria termina concentrándose en gigantes tecnológicos que distribuyen noticias sin necesariamente retribuir a quienes las producen.
Según conocedores de esas negociaciones, existía un consenso relativamente avanzado respecto de un mecanismo de compensación. Sin embargo, en la etapa final de discusión legislativa, Lincolao intervino para cuestionar el artículo y promover su eliminación del proyecto. Eso sí, su participación consistió en un rol de asesoría técnica, ya que según reseñan en su entorno los encargados de zanjar el tema estaban en el Ministerio de las Culturas, a cargo de Francisco Undurraga.
Sus cercanos sostienen que la ministra manifestó reparos por el posible impacto de la norma sobre el ecosistema de innovación y desarrollo tecnológico, argumentando que podía transformarse en una señal adversa para empresas tecnológicas internacionales interesadas en invertir en Chile.
La decisión generó molestia. En privado, algunos participantes de esas conversaciones interpretaron la jugada como una señal del énfasis que Lincolao buscaba imprimir a su gestión, que ya le había provocado el distanciamiento con Araos. Esto, ya que afirman que su agenda está centrada prioritariamente en el desarrollo tecnológico y la atracción de empresas digitales, incluso a costa de tensionar sectores tradicionales vinculados al conocimiento y la información.
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Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
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