Columna de Paula Streeter: Respuestas y soluciones contundentes



Por Paula Streeter E., Red Pivotes

El proceso constitucional ya no puede ser excusa, hay urgencias hoy. Las inasistencias escolares han alcanzado casi un 40% de la matrícula total, lo que, junto a la pérdida de aprendizajes durante la pandemia y la distancia de la comunidad educativa, se convierten en un verdadero terremoto. Estudios del Banco Mundial han señalado, por ejemplo, que la pérdida de aprendizajes podría tener un impacto en los ingresos económicos de esa futura generación equivalentes a un 14% del PIB global actual. También, muestran que este impacto es mayor en niñas que en niños, y en poblaciones de bajos recursos o en minorías étnicas.

“Respuestas y soluciones contundentes” fue lo que dijo en su discurso del 4 de septiembre el Presidente Boric, haciendo alusión a los desafíos y demandas urgentes que no pueden esperar que se termine la discusión constitucional para avanzar en ellos y buscar soluciones. Mencionó temáticas como acceso a la vivienda, violencia en el sur de Chile, la inseguridad, el costo de vida, la reactivación de la economía, entre otros.

La calidad de la educación fue uno de esos otros temas, uno que es fundamental y que seguro preocupa a la gran mayoría de chilenos; sin embargo, hoy es un tema que resulta lejano si no nos hacemos cargo de recuperar primero y de manera urgente el enorme terremoto educativo que fue la pandemia. Las consecuencias que tuvo el cierre de los establecimientos educacionales fueron enormes, y no solo tienen relación con la pérdida de aprendizajes y el aumento de la brecha educacional, sino que también con un aumento del ausentismo escolar y la desvinculación con la comunidad educativa.

Sin lugar a duda, la calidad es fundamental y un gran anhelo, pero hoy debemos hacernos cargo como país, de manera urgente y colaborativa entre Estado, sociedad civil y emprendimientos del futuro de Chile, de todos los niños y niñas que han perdido años importantes de su aprendizaje escolar, de su desarrollo socioemocional y sobre todo, de su vínculo con la comunidad educativa que es un factor protector relevante.

La educación es un tema tan medular, que resulta inverosímil que, causas menos relevantes logren movilizar masas y cambiar la agenda política. El daño que esto está produciendo a varias generaciones de niños y niñas, es hoy un problema en el que hay que poner foco.

Un problema así de complejo requiere de soluciones colaborativas donde se mire la experiencia de la sociedad civil, y se busquen las mejores estrategias existentes y con evidencia para escalarlas y poder enfrentar en conjunto este gran desafío. Chile fue uno de los países del mundo que pasó más tiempo sin clases presenciales: en algunos establecimientos, prácticamente dos años, entre marzo de 2020 y diciembre de 2021. Peor aún, los datos más recientes de 2022 muestran que, aun cuando los colegios han reabierto, el ausentismo se ha mantenido sumamente elevado: más del 60% de los niños de kínder y prekínder tuvieron asistencias menores al 85% (considerado como grave) durante el primer semestre de este año.

El efecto de esta brecha es dramático. Más allá de las potenciales pérdidas económicas y de competitividad, hay análisis que apuntan que incluso este fenómeno podría tener impacto en la esperanza de vida de las personas a futuro, como un documento publicado a fines de 2021 en JAMA, una de las revistas médicas científicas más importantes de Estados Unidos.

En agosto, Estados Unidos lanzó un ambicioso programa para recuperar, en un plazo de entre dos a tres años, los saberes perdidos por la falta de clases presenciales. La estrategia contempla una inversión que supera los 130 mil millones de dólares-, y articula programas públicos con un activo rol de la sociedad civil y prestadores privados.

Enfrentar esta pandemia invisible es un deber, y requerirá de todas las fuerzas posibles. La tarea es tal que nos obligará a poner sobre la mesa todos los mecanismos y la manera en que el Estado habilita, mediante sus normas y sus políticas, a la colaboración de actores como la sociedad civil y los privados en el mundo educacional.

El Presidente hace bien al mencionar estas urgencias, y la necesidad de ajustar equipos para hacerles frente; y afirmar también que el camino a una nueva Constitución no será obstáculo para avanzar en soluciones concretas.

Al lanzar la iniciativa ENFOCO, desde Pivotes, hacemos un llamado para encontrar las políticas públicas, soluciones privadas e iniciativas de colaboración público privadas para hacer frente a esos dolores y urgencias; y acordar un nuevo texto constitucional para que esta vez sea un habilitador de esas soluciones y del progreso que las hace posible.

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