El futuro de los niños es ahora




Por Liliana Cortés, directora de Fundación Súmate

Si en tiempos normales el abandono escolar era un tema urgente y relevante, la emergencia sanitaria y social que ha desencadenado el Covid-19 lo ha vuelto aún más acuciante y central.

Ciento ochenta y seis mil niños, niñas y jóvenes estaban fuera del sistema escolar en Chile previo a la pandemia; en 2020, dejaron el sistema educativo 40 mil, de acuerdo a cifras entregadas por el Ministerio de Educación. Un razonable pero desastroso suma y sigue. Obviamente, la mayoría de los que se vieron obligados a renunciar a su derecho a la educación son los más pobres y vulnerables, los del percentil más bajo. Ellos son los más sensibles también a padecer depresión y otros trastornos de salud mental. Un reciente informe de la Unicef sobre el impacto del Covid-19 sobre la psique de niños y jóvenes trae datos desoladores: el suicidio se ha vuelto la tercera causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años en Latinoamérica.

Todo esto, mientras en nuestro Congreso se tramita el proyecto de subvención a la nueva modalidad educativa de reingreso, que busca asegurar trayectorias educativas positivas para niñas, niños y jóvenes, independientemente de su situación o contexto. La aprobación de esa subvención específica significa otorgar un financiamiento estable y adecuado a una manera de enseñar que no puede ser estándar y que, por lo mismo, es más cara y requiere de recursos financieros y técnicos especializados. Recuperar a un niño desescolarizado, con diversas experiencias de frustración y exclusión, no cuesta lo mismo que recibir a uno que ha ido avanzando regularmente año a año, y a eso hay que agregarle todos los nefastos efectos de la pandemia.

Por esto, es urgente asegurar la implementación de la modalidad educativa de reingreso escolar desde el inicio del año 2022, al margen del tiempo que tome aprobar el proyecto de ley propiamente tal. Como decía Gabriela Mistral y yo repito siempre: “El futuro de los niños es ahora”, y la exclusión educativa no permite mayores esperas; se necesita actuar ya.

Marzo de 2022 está a la vuelta de la esquina y es crucial que el mayor número de esos más de 200 mil niños, niñas y jóvenes que no están estudiando, retomen sus trayectorias educativas, porque si no lo hacen serán tierra fértil para horrores como el narcotráfico, el consumo problemático de alcohol y otras drogas, el agravamiento de males mentales, como la depresión, y la desesperanza y la negación de un mañana satisfactorio y pleno.

Frente a esta realidad, es imperativo debatir con altura de miras y abrir posiciones para mejorar el proyecto de ley en trámite. ¿Qué es necesario mejorar? Primeramente, los años establecidos para la implementación de la modalidad, la incorporación de las aulas de recompromiso educativo desde el año uno y el mecanismo de financiamiento que pasa por eliminar factores de asistencia promedio. Estamos seguros que estas mejoras cuentan con el apoyo transversal de los legisladores, por lo que esperamos que no se entrampe la aprobación del proyecto.

En definitiva, no cortemos las alas del desarrollo de generaciones completas de niños y jóvenes que han tenido la mala suerte de nacer y estar creciendo en pobreza, en medio de una pandemia.

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