El huevo o la gallina



Por Juan Carvajal, periodista y ex director de la Secom

El desastre que ha provocado en Chile la pandemia del Covid-19 ha tenido muchos damnificados de diversa índole: sanitarios sin distinción, económicos en quienes han perdido sus empleos y, especialmente, una clase media que ha sido sensiblemente golpeada por la pérdida de sus emprendimientos o de su fuente laboral durante el 2020. Según un reciente informe del Banco Mundial (BM), 2,3 millones de personas cayeron en la vulnerabilidad producto de la pandemia. Los datos indican que a pesar de las medidas implementadas por el gobierno, como el Ingreso Familiar de Emergencia, el 19% de la clase media cayó al grupo de vulnerabilidad y que también hubo caídas de la clase alta a la clase media. En concreto, 300 mil personas descendieron en este escalón, lo que significa que la clase media se redujo, en total, en dos millones de chilenos. Para superar esta situación, se requieren medidas reactivadoras de la economía.

Por otra parte, más de 13 millones de ciudadanos se encuentran en cuarentena, cifra que crecerá a partir de mañana cuando 18 comunas se incorporen a esta medida restrictiva, dejando prácticamente a toda la población en un encierro obligado que busca el descenso de la cifra de contagios. Desde el lunes, además, está operando la restricción de los viajes al exterior por todo el mes de abril, y también se restringió la definición de bienes esenciales de uso doméstico, se limitó el delivery y los permisos de desplazamiento individual, entre otras medidas sanitarias.

Las anteriores son dos realidades que no conversan entre sí y que son altamente contradictorias por sus proyecciones y efectos. Las señales reactivadoras requieren de la más alta movilidad posible, mientras el control de los contagios y el mejoramiento de la trazabilidad dependen del avance de la curva exitosa en el proceso de vacunación y de las restricciones de movilidad que permitan el avance progresivo de la llamada inmunidad de rebaño. El dilema que se plantea, entonces, sería: o derrotamos el avance de la pandemia o nos dedicamos a recuperar la economía. Claramente, no hay espacio para un “justo balance” entre las restricciones de movilidad y la implementación de planes audaces para dinamizar el mercado, como ha quedado demostrado. Lo definitivo es derrotar primero la pandemia, pero ello no será posible si la autoridad no asume que primero debe acudir en auxilio rápido, eficiente y suficiente, de quienes no pueden procurar el sustento familiar si están inmovilizados.

A contrapelo de todo lo anterior, nos enteramos que según el ranking Forbes, millonarios chilenos aumentaron su fortuna en más de un 70% en el 2020. Así, apellidos como los Luksic, Paulmann o Ponce Lerou aparecen entre los favorecidos junto al Presidente Sebastián Piñera y familia, quien con una fortuna estimada en US$ 2.900 millones aparece con un incremento de US$ 300 millones con respecto a la última edición de este ranking. Así, lo que se ensancha es la desigualdad y lo que empeora es la realidad sanitaria.

En un país en el que la ciudadanía pierde y el Presidente gana, es evidente que ha llegado el momento de que las cosas cambien urgentemente, por el bien de Chile.

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