El modelo de salud que Chile necesita



A pesar de los grandes avances que ha vivido el país en materia de salud pública en los últimos 30 años, gran parte de ellos impulsados por gobiernos de centroizquierda, se mantiene un descontento profundo por el servicio que entrega el sector público y una rabia latente por la discriminación que generaría la salud privada.

Así, se solicita un cambio profundo al sistema de seguridad social, que conlleve modificaciones radicales al de salud actual, pasando a un modelo único, centralizado y mancomunado, que relegue al mundo privado asegurador a tercer plano y sin participación activa en la red de seguridad social, incluso de la red prestadora privada, haciéndonos creer que eso producirá un impacto positivo en el financiamiento público, con más justicia social, solidaridad e igualdad, para lo cual se plantean soluciones como aumentar el per cápita o el gasto del Estado.

Esto se busca lograr manteniendo un sistema que está limitado para mejorar su eficiencia, mejorable en prestaciones y cobertura, con una capacidad hospitalaria sobrepasada y que anualmente ha subido su gasto. Además, la oportunidad o acceso es compleja y demorosa, con estatutos administrativos desalineados con las expectativas de los usuarios.

Asimismo, diversas organizaciones proponen avanzar hacia un modelo público universal que trabaje en redes de establecimientos, basada en una atención primaria de salud con un financiamiento integral, poniendo en un solo fondo el 7% obligatorio de todos los chilenos, creando lo que han llamado un “Seguro Único Nacional”, donde el Estado maneja el financiamiento, la cartera de prestaciones y los servicios, sin contrapeso alguno.

Este planteamiento técnico-sanitario y mayoritariamente ideológico, ha sido superado por mejores y más equilibrados modelos sanitarios, que hoy funcionan en el mundo desarrollado y que han volcado su gestión central hacia los pacientes, mejorando la accesibilidad, calidad, trato y gestión de redes clínicas de atención primaria y, especialmente, de atención hospitalaria, usando -de forma real- la complementariedad público-privada.

Este modelo centralizado de salud, publicitado y adornado con conceptos como solidaridad e igualdad, pareciera que lo único que busca es crear un nuevo impuesto a las personas de clase media y, a la vez, transformarse en una herramienta política de demolición del subsistema privado, el cual hoy permite que millones de trabajadores avancen en la consecución de convenios y planes colectivos de salud con organizaciones públicas y privadas, mejorando considerablemente su calidad de vida.

Es imperativo que hoy prime la cordura y se siga avanzando en el mejoramiento del sector público de salud, aprovechando la colaboración del privado, aumentando la vigilancia y fiscalización, para seguir así desarrollando el modelo de salud que el país necesita.


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