El poder del argumento



SEÑOR DIRECTOR

Los y las convencionales están abocados a poner en funcionamiento la Convención Constitucional. Por cierto, es una tarea compleja y desafiante, sería ingenuo pensar que puede llevarse a cabo sin tensiones, fricciones, malos entendidos o dificultades de hecho, que la instalación de la Convención presente roces y crujideras es sano para el proceso que comienza. El reglamento, orgánica, procedimientos de votación, financiamiento, transparencia, son temáticas fundamentales para un buen funcionamiento.

Sin embargo, hay una dimensión que no debe descuidarse. Se trata de la valoración de los argumentos. Por cierto, todo se puede decir y plantear (la única excepción son los discursos que incitan al odio y la violencia), pero que todos los planteamientos puedan ser expuestos, no es sinónimo de que deban tener la misma consideración.

Respecto de esto último, me parece interesante la cita que Kathya Araujo hace de Alain Renaut. Los y las integrantes de la Convención (y por cierto todos nosotros) deben ser capaces de “pasar del argumento de autoridad al poder del argumento”, es decir, los planteamientos deben ser ponderados en función de su racionalidad y solidez argumentativa y no a partir de quien lo expone.

No se trata de renunciar al valor que tiene la trayectoria vital (propia y de otros/as), sino que de entender que esa experiencia identitaria no es un argumento suficiente para considerarlo correcto y menos aún para imponerlo, como verdadero, al resto.

Ricardo Carbone B.

Universidad Alberto Hurtado

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