Estrategia nacional de formación técnico-profesional



Por Luis Eduardo Prieto, rector de Inacap y consejero de Vertebral

Hoy, la evidencia muestra que la formación técnico-profesional es un elemento central para el desarrollo del país, noción que surge del trabajo de las instituciones formativas, el sector productivo, el Estado, estudiantes y trabajadores, los que mancomunadamente han demostrado que ser técnico-profesional permite que las personas tengan una mejor calidad de vida y que, gracias a ello, podamos avanzar hacia el desarrollo económico, social y sustentable que Chile se merece.

Al término de la semana de la formación técnico-profesional es importante reconocer el camino que hemos avanzado, pero también identificar los desafíos que el actual contexto social, económico y sanitario nos impone, bajo el cual podemos y debemos colaborar en dar una respuesta. Es por ello que la estrategia nacional de formación técnico-profesional es una buena noticia, pues es el reflejo de un trabajo colaborativo entre los distintos actores del sistema técnico-profesional. Para ello, trabajamos por un año y medio en definir lineamientos de política pública que contribuirán a que avancemos hacia un sistema de formación para el trabajo que sea capaz de enfrentar los desafíos que nos impone la cuarta revolución industrial y la construcción de una sociedad más justa y equitativa. La tarea es potenciar la visión de que la formación técnica requiere de una gobernanza y de un sistema de calidad específico para todo el sector, mediante la promoción del desarrollo de los distintos territorios del país, impulsando el desarrollo e innovación social y productiva, mostrando que si no se trabaja en iniciativas público privadas articuladas, el desarrollo integral del país seguirá siendo esquivo.

Los efectos sociales y económicos de la pandemia ya están aquí y es esta estrategia la que nos entrega el lineamiento más importante: su centro está en la persona, en la construcción de trayectorias formativo-laborales de valor para la sociedad y significativas para que las personas puedan vivir una vida mejor.

Las instituciones de educación superior técnico-profesional han demostrado su compromiso en el desarrollo de estas trayectorias, articulando los distintos tipos de formación, vinculándose con iniciativas de desarrollo social y productivo, siendo parte de la implementación de la estrategia, no obstante, dicha labor requiere de un soporte académico-financiero que permita que sigamos avanzando en la ruta señalada y es aquí donde encontramos nuestro primer gran desafío: la regulación de aranceles, tal como se vislumbra para el futuro, dificultará que las instituciones dispongan de los recursos mínimos necesarios para formar adecuadamente a los técnicos y profesionales que requeriremos en el futuro, lo cual impactará negativamente en la calidad de la educación, y en consecuencia a nuestro alumnos, a los trabajadores, a los sectores productivos y el país. Entonces, es necesario que nos preguntemos si el desarrollo integral del país y de la formación técnico-profesional es nuestra prioridad. La estrategia es una gran noticia que requiere de un apoyo consistente, con aranceles que aseguren una formación técnica de calidad para todo aquel que visualice en ella su futuro.

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