Hablar de suicidio es prevenirlo



Diego Riveros es coordinador del Área de Atención Remota de Fundación para la Confianza.

De acuerdo con los números oficiales del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), actualizados hasta el año 2017, se observa una tendencia a la baja y una estabilización de las cifras en la mortalidad específica por suicidio en personas que se encuentran entre las edades de 10 a 14 y 15 a 19 años, en comparación a la década pasada.

Comúnmente al hablar de prevención del suicidio, se suele pensar en el trabajo de profesionales y especialistas capacitados, quienes desde su labor experta sabrán qué hacer, decir y tratar. Pero ¿De qué manera se está acompañando a adolescentes y jóvenes que piensan en la muerte como una posibilidad? ¿Hay una correlación entre la tendencia a la baja de las cifras y la disminución del sufrimiento de las personas con ideación suicida?

Un informe elaborado por Unicef, en el que se busca conocer el impacto del Covid-19 en la salud mental de adolescentes y jóvenes de América y el Caribe, entrega datos reveladores para comprender, no sólo el impacto que la crisis sanitaria ha tenido en este grupo etario, sino que además, cómo estamos acompañándolos y detectando cuando están atravesando un dolor que se ha vuelto intolerable para ello/as.

Según el estudio, 2 de cada 5 adolescentes y jóvenes que sintieron la necesidad de pedir ayuda, no lo hicieron. Por esto, la dirección de nuestros esfuerzos debe estar acompañada para derribar ciertos mitos relacionados al riesgo del comportamiento suicida. No solo los especialistas pueden prevenir el suicidio, acompañar a otros en su dolor es una tarea difícil, pero ineludible para generar un tipo de lazo social caracterizado por la capacidad de reconocer y escuchar atentamente las señales que hablan de nuestras fragilidades.

El desafío es encontrar un tipo de relación en la que sea posible pasar de la mirada evaluadora a una escucha empática, que favorezca que un adolescente o joven pueda pedir ayuda, que sienta que puede ser escuchado/a, mostrándole que existen otras alternativas. Preguntar a otros si ha considerado el suicidio como posibilidad, es una forma de acercarnos y reflejar nuestra preocupación. Hablar de suicidio no le dará la idea a la otra persona.

Muchas veces se ha escuchado que las personas que piensan acabar con su vida no dan señales antes de hacerlo. De manera directa o indirecta habrá señales que nos alertarán. Desde la manifestación de ideas de desaparición, aislamiento repentino, regalo de objetos valiosos, hasta cartas de despedida.

Hoy, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, debemos avanzar para acabar con los estigmas que relacionan a la salud mental con signos de fragilidad y debilidad, y esto debe ser el punto de pivote para futuras estrategias comunitarias, comunicacionales y de intervención profesional.

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