La agricultura, ejemplo de resiliencia y agilidad



Por Juan Pablo Matte, secretario general de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA)

El ecosistema de los agronegocios en Chile es una robusta cadena de valor que tiene la capacidad de convertir a la materia prima en alimentos para Chile y el resto del mundo, aun cuando la pandemia desafíe todo nuestro know-how y la manera en que acostumbramos a hacer las cosas. El ser productores de alimentos está en el ADN del país, permitiéndonos construir una agricultura resiliente y que cumple su cometido contra viento y marea, incluso contra un pronóstico poco auspicioso como el del 2020. Con el brote del Covid-19, una sequía implacable y un contexto político desafiante.

Con orgullo, podemos decir que la agricultura y la agroindustria fueron referentes de agilidad y adaptabilidad en la cancha de los negocios. Se estimuló la reconversión de algunos de estos que dejaron de ser solventes en la pandemia, se cambiaron los canales de distribución en industrias que peligraban –como la del vino, que migró a Internet– y se tomaron medidas para apoyar a la liquidez de las pymes.

En el agro no aplican las mismas reglas del juego que rigen en otras industrias: no existe el teletrabajo para el campo o una planta de producción. Se sigue trabajando 24/7, lo que inminentemente generó el desarrollo de rigurosos protocolos de seguridad, cambios en la cultura organizacional, mucha capacitación, consultas a los centros de salud y un permanente aprendizaje de la evolución de esta desconocida enfermedad. El actuar riguroso y consciente de todos los actores del sector permitió desarrollarnos con bastante normalidad y así hacernos cargo de nuestra responsabilidad productiva.

Tomando en consideración la importancia de asegurar la alimentación sana y oportuna a toda la población, la autoridad aun ante los riesgos y desafíos de la pandemia que se instalaba, catalogó desde el primer minuto al sector agrícola, productor de alimentos, como esencial. Hoy podemos decir, con toda seguridad y orgullo, que los agricultores de Chile asumieron y cumplieron ese desafío a cabalidad.

Desde el primer momento, el complejo sistema agroalimentario se adaptó a las nuevas condiciones. Cada subsector levantó sus puntos críticos y abordó de manera consciente, responsable y ágil, las acciones necesarias para minimizar los riesgos, junto con asegurar el abastecimiento oportuno y competitivo de alimentos a nivel nacional e internacional.

El sector agrícola, especialmente en el mundo rural, es y será siempre un factor relevante del desarrollo y porvenir de las personas. Es por lo anterior, y teniendo de frente a una nueva temporada agrícola y el desafío de la reactivación económica, que hoy todos los que somos parte de este sector debemos comprometernos, con aún mayor compromiso, en seguir alimentando a la población y a su vez resguardando la salud de cada uno de nosotros. El reto está planteado y estoy seguro de que, una vez más, no los defraudaremos.

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