La columna de Guarello: Castrilli

Guarello

"Desde que Pablo Milad llegó a la presidencia de la ANFP, el fútbol profesional chileno no se ha enfrentado a la tormenta, simplemente insiste en darle hachazos al fondo del bote a ver si este se hunde de una vez por todas".



No voy a nombrar de Javier Castrilli otra vez hasta la última línea de esta columna. Es solo el último carro de un largo convoy de decisiones ora sorprendentes, ora extravagantes, ora inexplicables, ora desesperadas. Desde que Pablo Milad llegó a la presidencia de la ANFP, el fútbol profesional chileno no solo se ha enfrentado a la tormenta, sino que ha insistido en darle hachazos al fondo del bote a ver si este se hunde de una vez por todas.

Finalizada la última triple fecha, y como los antiguos comerciales de champú que mostraban un “antes” y un “después”, muchos se cuestionaron, al fin, si valió la pena sacar a Reinaldo Rueda. Y el problema no es Martín Lasarte, no del todo, es que en la decisión de remover al técnico colombiano de la selección obraron más la voluntad y las ganas, pequeñas rencillas personales con Arturo Salah y Sebastián Moreno, que un análisis técnico en serio. No había plan B, había nombres posibles, se soltó una liana sin estar agarrado de la siguiente. Como George de la selva.

Luego Francis Cagigao. Llega como “reorganizador” de la unidad técnica nacional con el objetivo primordial de presentar un proyecto de desarrollo. ¿Experiencia? Haber sido “scouting” en el Arsenal por un buen tiempo. Pero nunca estuvo a cargo de ninguna unidad técnica en ninguna nación. Tenía buenos amigos en Chile, eso sí. Pero, por qué no, si así nos ahorrábamos unos pesos, tomó también la gerencia de selecciones y obligó a renunciar a Ian Mac Niven. Lo que no toma es té con Isabel II, y por eso Ben Brereton y Francisco Sierralta no juegan por Chile, explica con sorna. Ya había negado el peluquero de la Copa América (peluquero que a esta altura significa muchas cosas), pese a que en su Instagram, Arturo Vidal, más páginas web y diarios faranduleros, lo había publicado metido en la concentración.

Pero lo importante es el plan de reorganización del fútbol joven. Porque, Cagigao, con sus siete meses de experiencia en Chile, puede asegurar que “nunca se hizo algo así”. Y claro, se hizo y planificó como 10 veces antes. En algún momento con recursos, en otros sin. Pero los planes son los mismos de siempre, solo que ahora en la ANFP cada vez tienen menos dinero, porque ya vendieron los derechos del Campeonato y la teta de la Selección cada vez da menos leche.

Lasarte y Cagigao, en Quilín.

Cuando le hicieron el golpe de estado a Sebastián Moreno fue por su falta de liderazgo y pésima gestión. Eso dijeron. El tema fue que Moreno, que tenía mucho para criticarle, tenía también cosas para elogiarle. En lo principal, ser coherente en el trabajo de la Selección y no dejarse manipular por los empresarios de jugadores, quienes, en definitiva, fueron los que lo sacaron. El golpe no resultó como estaba planificado y salió Pablo Milad. A esta altura cabe preguntarse: ¿Valió la pena sacar a Sebastián Moreno? ¿En qué avanzó el fútbol chileno? No en la tabla de las Eliminatorias. ¿Es un gran avance traer a Cagigao? El avance era traer a Brereton, por si sirve el detalle.

Finalmente, la Comisión de Árbitros. Sorpresa, ya que, técnicamente no había argumentos, Milad removió a Enrique Osses de la dirección. Un año después, Osses es destacado profesor de árbitros en México y el referato chileno se fue a pique, obligando a la ANFP a pegar el manotazo de ahogado trayendo al argentino Javier Castrilli. Cambio y fuera.

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