Mariano Puga

16 de JUNIO del 2016/SANTIAGO El sacerdote Mariano Puga presidio la misa que la La Federaci—n de Estudiantes de la Universidad Cat—lica (FEUC), realizo a las afueras de la Iglesia de la Gratitud Nacional, luego que despuŽs de una marcha estudiantil encapuchados rompieran la imagen de Jesus de esta iglesia FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO



SEÑOR DIRECTOR

“Ahora Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto tu salvación” (Lc 2, 29). Se cumplió en Mariano el anhelo del viejo Simeón.

Largo camino hizo este testigo del Evangelio para llegar a encarnarlo no en mármoles sino en carnes vivas, en vidas heridas, en las de sus compañeros en Grimaldi, en la hospedería, en las calles de su población, en la mesa con su familia o con los cabros de la esquina. ¿Su secreto? Uno que gritó desde el andamio, entre las lanchas chilotas o bajo los chorros del guanaco: es urgente identificarse con Cristo Vivo y con la impostergable reparación de la justicia que esa identificación desencadena. Es cuestión de vida o muerte para nuestro país. Es el sentido histórico de la Iglesia. Hoy lo sabemos. Por eso no extrañe al lector que en sus últimas semanas insistiera, disruptivo como siempre, “El despertar no debe terminar jamás”.

Este hombre del Nuevo Testamento nunca nos dejará tranquilos. No solo porque nos retó cada vez que llegamos sin la Biblia, o porque nos endosó inoportunamente a ayudar a sus amigos hasta que se hicieran nuestros, sino porque nos seguirá contagiando sus penas y sus alegrías absolutamente .

Nos contagió la rebeldía ante el alejamiento práctico de la Iglesia respecto de la opción por los pobres o ante la rigidez de una liturgia que vuelva incomprensible a Jesús en este tiempo. Nos contagió su enojo ante cualquier “marianismo”, cada vez que nos encandilábamos con el desplante del cura choro y no con el Cristo de la cruz, ahí donde las papas queman.

Y nos contagió su gozo de hallar a Jesús caminando por la calle, y de fascinarnos con su mirada de orgullo ante la dignidad del pobre exigiendo, sí exigiendo, ser reconocida. Desde esa alegría 2.0, desde ese orgullo del Evangelio, nos acogió a todos, pobres y ricos.

“Felices los que tienen la mirada limpia porque verán a Dios”. Las bienaventuranzas siempre fueron tu certeza amigo. Ya que los pobres te enseñaron a ver dónde está Dios, ahora gózalo y cuéntanos al oído, cómo encontrarlo.

Pablo Walker SJ

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