¿Por qué y para qué?

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Sebastián



Sin duda es un gran honor recibir una invitación del Presidente para formar parte de su gabinete ministerial. Pero a la vez es también un gran problema. Dejar el emprendimiento de toda una vida, justo cuando está maduro y se ha convertido en una empresa prestigiosa y rentable, imponerle unilateralmente a la familia y en especial a mi queridísima Vero, el costo de salir del anonimato y transformarme en un personaje público del cual, con toda seguridad, más de alguien se sentirá con el derecho de insultar y menoscabar. Entonces surge la pregunta: ¿Por qué y para qué tomar este camino?

La respuesta no es para nada obvia. Los costos de asumir una responsabilidad en el sector público son elevados y la probabilidad de hacer una contribución significativa se percibe como relativamente baja. Son pocos los ministros que salen glorificados de sus gabinetes y muchos los que entran con el pelo negro y salen con el pelo blanco. Pero como ocurre muchas veces en la vida, las preguntas difíciles, tienen respuestas sencillas e inesperadas.

Horas antes de recibir la llamada del Presidente Piñera invitándome a ser el ministro de Economía estaba en la cocina con la Yoli, nuestra querida Yoli, que ha trabajado en nuestra casa por más de 20 años. Le comenté que estaba un tanto angustiado con la posibilidad de tener que asumir un cargo de responsabilidad en el gobierno. Su respuesta fue tan simple como certera: "Lo he escuchado los últimos cuatro años decir que el actual gobierno es malo para Chile. Que están haciendo cosas que no son buenas para la gente. Ahora tiene la posibilidad de participar en el próximo gobierno. ¿Cómo podría negarse a hacerlo? Eso sería egoísta e inconsistente de su parte. Si se lo ofrecen, usted no puede dudar ni un segundo. Solo tiene que decir que sí y muchas gracias".

Nuevamente la simpleza del sentido común de la gente, a la que he apelado tantas veces en estas columnas y en uno de mi libros, dio en el clavo. La vida se vive una sola vez. No hay dos oportunidades para hacer lo correcto. El deber ser tiene que estar por encima de la comodidad de lo conocido y lo cotidiano. Si todos quienes estuvieron en posición de tomar una responsabilidad en el sector público en los últimos 30 años, hubiesen optado por la comodidad de sus vidas privadas, no habríamos podido progresar de la forma en que lo hemos hecho y no tendríamos el maravilloso país que tenemos. Siempre hay otros que sacrifican mucho más que uno y lo hacen sin dudar, como el propio Presidente Piñera y varios de mis colegas en el gabinete. Si los que pueden contribuir no lo hacen, los espacios serán ocupados por los que quieren servirse del Estado, en vez de ir a servir al Estado.

Así que aquí estoy, escribiendo esta última columna en este prestigioso diario, como lo he hecho durante los últimos 10 años. Entusiasmado con el desafío de contribuir para que Chile sea un mejor país. Chile requiere retomar una senda de progreso que le ha sido esquiva en estos últimos cuatro años. Desde el Ministerio de Economía no vamos a escatimar esfuerzos para lograr dicho objetivo.

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