Puestas en escena



Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

Si bien las mayorías absolutas han dejado de existir en Chile (tanto la abstención como la fragmentación las han relativizado), se funciona como si todavía estuviesen imperando. Una porción de la Convención Constituyente opera así de hecho; dice ser la voz de “los pueblos”, desconoce la institucionalidad vigente, y aboga por una democracia plebiscitaria. Si a ello se suma la fascinación hipnótica frente a todo lo que reclama para sí novedad, avance y autenticidad, que vienen promoviendo los medios desde hace tiempo y, en efecto, la historia estaría ya escrita, en versión además progresista. En cuyo caso, ¿nos sentamos a presenciar la escenificación programada?

Es que no es descartable que estemos frente a puestas en escena. Vea usted, en Europa les preocupa que las izquierdas, en su afán por atraer el voto joven universitario, hayan desatendido a su electorado tradicional, el obrero, que ha estado yéndose a la derecha. En EE.UU. y Gran Bretaña es vieja historia que, con Trump y Brexit, hubo “voter targeting” y resultó decisivo. Es decir, en el mundo entero las votaciones siguen siendo lo que siempre han sido -ingeniería electoral, diseño puro-, mientras en Chile prefiere subrayarse lo épico ideológico para acabar en el melodrama de siempre.

Digámoslo de otra manera, más que cambios estructurales sociológicos, hondos malestares, y situaciones al límite que culminan “estallando” a modo de asonadas o reveses electorales “históricos”, que es como suele concebirse nuestra realidad post 18-0, por qué no admitir la posibilidad de que lo que está en juego es quizá bastante más prosaico. Baraje usted esta otra perspectiva, y verá que fenómenos que responderían a causas supuestamente profundas, colectivas, extendidas “desde abajo”, puede que se deban a meros condicionamientos focales a propósito, respondan a intenciones programadas, escenificaciones, o a manipulaciones como las electorales.

No tendrían por qué no serlo. ¿O usted cree que no hay agencia alguna detrás de fenómenos como La Araucanía, el Instituto Nacional, la Universidad de Chile? Si en Harvard en un brevísimo tiempo se pudo cambiar la composición de su claustro, al punto que solo un 3% de sus profesores se autocalifica de conservador; moderado, un 19,5%; y 77,6% fluctúa entre progresista y muy progresista (habiendo más alumnos de derecha que profesores de derecha), lo que ha llevado a algunos a pedir que se adopten políticas de discriminación positiva para devolverle el pluralismo a la universidad. Uno tiene en cuenta estas cifras y entiende por qué aumentos de jóvenes universitarios pueden redundar en un electorado puntual, progresista, derivando en alteraciones políticas significativas a nivel nacional. Georges Balandier, en similar vena, sostenía que la opinión pública es “fabricada, maquinada y cautiva”.

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