Señales mixtas de la economía chilena

El crecimiento de 6,4% en marzo apuntala las expectativas de crecimiento para el 2021, pero sigue estando fuertemente influido por una baja base de comparación. Los débiles resultados del mercado laboral reflejan que es necesario que el impulso económico persista en el tiempo.



La actividad del primer trimestre habría crecido 0,5% en doce meses, de acuerdo a los datos preliminares del Imacec informados por el Banco Central, lo que sería el primer incremento desde que se desató la crisis sanitaria. El dato de marzo -un crecimiento interanual de 6,4%- estuvo muy por sobre lo esperado por el mercado y es un aliciente para seguir corrigiendo al alza las expectativas de expansión de 2021.

En el tercer mes del año todos los sectores mostraron crecimientos anuales. Destaca el caso del sector comercio, que se expandió 20%, su mejor registro desde que existen cifras comparables (2014). Por su parte, el sector servicios, duramente golpeado por la pandemia, registró en marzo su primera expansión anual (+5,1%) en más de un año y los sectores orientados al mercado externo también tuvieron un mejor desempeño relativo. La industria manufacturera registró un crecimiento interanual de 7,7% en marzo -su mejor desempeño desde mayo de 2018-, mientras la minería se expandió 1,7%, su primer incremento cinco meses.

La recuperación económica de la crisis sanitaria ha sido más rápida y robusta de lo esperado inicialmente. Las empresas han sabido adaptarse mejor a las condiciones que impone la pandemia y progresivamente la actividad ha ido beneficiándose de los paquetes de ayuda fiscal, de una política monetaria altamente expansiva, de los retiros sucesivos de las AFP y de una mayor demanda externa. No obstante, la expansión de marzo debería ser tomada con cautela. La baja base de comparación interanual es un espejismo estadístico que nos seguirá acompañando por varios meses, creando una falsa sensación de recuperación permanente, cuando en realidad lo que ocurre es un clásico rebote técnico. De hecho, de mantenerse el nivel del primer trimestre el resto del año -usando los datos desestacionalizados- la actividad de 2021 podría sin mucho esfuerzo crecer por sobre el 7%.

Las restricciones asociadas a la pandemia siguen teniendo impactos negativos, tal como lo revelan la caída mensual de actividad de marzo en relación a febrero y el deterioro marginal de las cifras de empleo. El INE informó el viernes que la tasa de desempleo volvió a subir levemente en el trimestre enero-marzo, hasta un 10,4%, y por primera vez en ocho meses el número de ocupados retrocedió respecto al trimestre móvil previo. La informalidad laboral subió respecto a la lectura previa, y en el caso de las mujeres alcanzó su mayor nivel en un año.

Extrapolar los resultados de este trimestre hacia el periodo post pandemia, ignora el hecho de que la economía chilena arrastra serios problemas en su capacidad de crecimiento potencial, los que reaparecerán una vez concluido el fenómeno estadístico asociado a la recuperación. Las decisiones de inversión se han ralentizado a la espera de que decante el escenario constituyente y la generación de empleo continúa condicionada a la velocidad y persistencia de la reactivación económica -en el corto plazo- y a los efectos estructurales que se están produciendo producto de la transformación digital en el largo plazo.

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