Tiempo de reconstrucción

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Los "barras bravas" han estado en gran parte de las manifestaciones, especialmente en Plaza Italia. Se ubican, principalmente, justo debajo de la estatua de Baquedano. Foto: Andrés Pérez


En tiempos en que las principales demandas sociales han sido planteadas y escuchadas con claridad, y las movilizaciones masivas comienzan a perder el foco -como la absurda celebración de año nuevo en Plaza Baquedano-, bien vale la pena preguntarse hasta cuándo será necesario mantener esta intransigente y violenta lucha simbólica por el territorio. Particularmente a sabiendas que parte importante de la violencia hoy se concentra en ese juego enfermizo de provocaciones mutuas y abusos entre la denominada primera línea y fuerzas especiales de Carabineros.

Ya es hora de dejar de endiosar a unos y deshumanizar a otros. A estas alturas detener la violencia y recuperar la paz social en los centros urbanos es condición necesaria para avanzar en las reformas que con tanto costo ha instalado el movimiento social. No se trata de erradicar las marchas, sino de buscar formas, lugares y tiempos de expresión más efectivos para proteger la legitimidad de sus demandas, pues de perseverar la violencia se seguirá alimentando el temor al cambio y polarizando posiciones.

Quienes conocen los estallidos sociales han indicado que si bien las movilizaciones y demandas chilenas son similares a las de otros países, lo que diferencia al caso local es la magnitud y devastación de la violencia urbana, manifestada en la destrucción de infraestructura y quema recurrente de edificios y monumentos. Esto, sin duda lo acerca más a un desastre urbano que a un simple hecho político. Un desastre que, si bien está acotado a zonas específicas de los cascos centrales de nuestras ciudades y subcentros periféricos, durante más de 70 días ha deteriorado en forma grave el comercio local y el acceso a servicios.

En este contexto cobra relevancia el anuncio del Presidente Piñera de la creación del Plan Recuperemos Chile, que apunta a la reconstrucción física y económica de los principales barrios y comunidades afectadas por la violencia del estallido social. Este plan será liderado por el exsubsecretario de Economía Ignacio Guerrero, quien será acompañado por los ministros de Cultura, Obras Públicas, Vivienda y el subsecretario de Desarrollo Regional, junto al arquitecto urbanista Iván Poduje, este último una de las pocas voces que desde la disciplina ha condenado sin matices la violencia urbana.

Esta mirada intersectorial es una señal de la complejidad del desafío que esta comisión tiene por delante. No solo por la diversidad y magnitud de los daños, sino también por la eventual persistencia del desastre. Ya que, a diferencia de un terremoto o un aluvión que duran unos pocos segundos y luego toda la comunidad se une en una épica de la reconstrucción, en este caso el desastre se asemeja más a un volcán impredecible, cuyo proceso eruptivo sigue latente.

Es tiempo de dejar atrás la violenta y porfiada ocupación simbólica de Plaza Baquedano y los principales centros urbanos de nuestro país, y conducir las legítimas demandas por la vía institucional o movilizaciones creativas que coexistan con la vida urbana y construyan civilidad.

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