Un escenario económico peor de lo previsto

El desplome de la actividad en abril hace necesario que las fuerzas políticas alcancen lo antes posible un acuerdo que permita contener los devastadores efectos que se anticipan.



La actividad de abril confirmó los peores temores del mercado. El Banco Central publicó que el Imacec del cuarto mes del año se hundió 14,1%, anotando el peor desempeño desde que se calcula el indicador mensual (1986) y ensombreciendo las estimaciones para lo que resta del año.

Pese a que la mayoría de los analistas esperaba una caída en torno a los dos dígitos, el resultado fue incluso peor. Abril era el primer termómetro de la crisis en toda su dimensión y, en la práctica, un anticipo de mayo, mes que se verá afectado ya no por cuarentenas parciales, sino por tener a la Región Metropolitana -que representa el 42% del PIB a precios encadenados- sumida en un confinamiento casi total.

Entre los sectores productivos, la minería logró resistir anotando en abril un leve descenso de 0,1% en doce meses. En cambio los sectores no mineros sufrieron un desplome de 15,5%, arrastrados por los servicios y el comercio y, en menor medida, la construcción y la industria manufacturera. Los servicios, en particular, se vieron afectados por las restricciones al desplazamiento de las personas y en este segmento los sectores que registraron mayores caídas fueron educación, transporte, restaurantes y hoteles.

Los efectos que puede provocar en los próximos meses la caída disruptiva de la economía sobre el empleo pueden ser progresivos. Muchas empresas habían estado intentando postergar definiciones sobre sus niveles de dotación a la espera de acopiar mayor información sobre el horizonte de retorno. Sin embargo, en la medida que los indicadores de actividad consolidan un panorama de caída abrupta en el corto plazo y una recuperación económica que comienza a alejarse en el tiempo, el escenario más probable es que se profundicen las desvinculaciones o aumenten los trabajadores que se adhieren a la ley de protección al empleo y pasan a categoría de suspendidos.

Los esfuerzos que hagan las autoridades económicas por reencauzar la actividad no pasan ahora solo por la profundidad de las medidas, sino también por su cronograma de implementación. En este sentido, cobran especial relevancia las definiciones que en materia económica se deriven del acuerdo programático que se negocia con la oposición. En esta crisis cada día es acuciante, por lo que el plazo de dos semanas -que en otro momento habría parecido perfectamente razonable- en este contexto parece necesario adelantarlo.

Lo excepcional de la situación económica requiere medidas excepcionales. El mayor impulso fiscal debe necesariamente tener como foco el reenganche económico, y aunque el grueso de las medidas debe ser diseñado para implementarse en 2020, es necesario prever impulsos adicionales en 2021, sin que pueda descartarse la necesidad de extender o profundizar las fórmulas de ayuda a las familias. Pero además probablemente deberán considerarse nuevas líneas de liquidez, incentivos tributarios, subsidios al empleo y medidas pro inversión -entre otras- que eviten un descarrilamiento mayor de la actividad económica y el abultamiento de la cifra de empresas que se declaren en quiebra en los próximos meses.

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