Cofundadora de aplicación para la salud mental de adolescentes, Antonia Contreras: “No somos la generación perdida; somos la que innova y crea soluciones de manera colectiva”




En septiembre del año pasado la estudiante del colegio Villa Nonguén de Concepción, Antonia Contreras (17), ingresó a un bootcamp que busca apoyar a jóvenes que tengan proyectos ligados a la innovación. Fue su profesora la que la incentivó a postular, y ahí, junto a compañeros más jóvenes –el equipo está compuesto por otros cuatro integrantes: Trinidad Horment, Javier Aliaga, Javiera Martínez y Eduardo Rivera– ideó y cofundó Stay Gold, una aplicación que aun está en etapa de desarrollo y que busca conectar a jóvenes adolescentes con especialistas y profesionales de la salud mental.

El proyecto surgió luego de que el grupo identificara una problemática que los afectaba de cerca; estaban pasando sus años de adolescencia en plena pandemia y los índices de estrés, angustia y ansiedad habían aumentado. Cada uno de ellos, a su manera, lo estaba sintiendo. No sabían, sin embargo, cómo comunicarlo, ni tampoco cómo acudir a ayuda o asesoría. En el colegio no se hablaba del tema y mucho menos en sus familias, en las que hablar de dificultades emocionales y sentimientos de malestar no era opción; en torno a eso existían –y siguen existiendo– millones de estigmas, como en muchas familias del país, y la conversación se mantenía más bien un tabú.

Luego de investigar dieron con la cifra que les faltaba para poder materializar lo que estaban ideando: del presupuesto total destinado a la salud en Chile, solo un 2% es para la salud mental. “No lo podíamos creer, por eso también el país no estaba preparado para enfrentar una situación tan adversa como la pandemia y por eso se han visto tantas secuelas. Nunca se le ha dado relevancia a la salud mental, y esa es una carencia que se tiene que resolver”, dice Antonia.

A eso se le suma la cifra que encontraron en la Encuesta Nacional Juvenil del 2017, que revelaba que un 44% de los adolescentes en Chile no tiene acceso a tratamiento y un 64% ha tenido o tiene trastornos de ansiedad, angustia o depresión. “Si esto no se trata en las asignaturas del colegio, no se habla en familia y no hay políticas públicas que lo aborden, no queda otra que tomar cartas en el asunto desde nosotros mismos. Hoy en día tener acceso a un buen tratamiento psicológico o terapéutico es un privilegio, y se termina creando una brecha más. Pero la salud, tanto física como mental, es un derecho fundamental”, comenta.

En septiembre Antonia fue seleccionada como una de las 50 finalistas del Global Student Prize 2021, iniciativa realizada por la Fundación Varkey en colaboración con la UNESCO y que reconoce y premia a escolares y universitarios que estén teniendo un impacto en la vida de sus compañeros y en la sociedad en general. Fue destacada, además de por su participación en Stay Gold, por inventar en primero medio un contenedor inteligente de compost, que usa energía solar para acelerar el proceso de compostaje. Aquella vez también localizó la problemática en su comunidad y quiso, como dice ella, solucionarla desde la empatía. Lo mismo que la mueve ahora. “Al final, no son los políticos los que están moviéndose por abordar estas problemáticas, somos nosotros; jóvenes y adolescentes que queremos que nuestros pares estén bien”.

¿Se lo atribuyes a que son temas que están teniendo o van a tener un impacto directa en tu generación?

Son problemáticas que nos afectan directamente y que son urgentes. En el fondo lo que hicimos fue identificar que todos nosotros estábamos pasando por un momento de malestar, mayor estrés o ansiedad, y no sabíamos cómo sobrellevarlo. No teníamos las herramientas para hacerlo, dado que ni en el colegio ni en nuestras familias se aborda el tema. Por ende, no sabíamos cómo identificar nuestras emociones, qué hacer, ni cómo hablarlo, ni cómo pedir ayuda. Porque siguen existiendo muchos estigmas en torno a la conversación asociada a la salud mental. Entonces quisimos investigar y proponer una solución desde nosotros para nosotros. No somos la generación perdida, como muchos dicen. Somos la generación que innova, que emprende y que crea soluciones de manera colectiva que puedan tener un impacto social positivo. Hay niños de 14 creando aplicaciones para ayudar a otras personas de su misma edad y más grande. Es un cambio drástico.

¿Y qué dices frente a ese discurso adultocentrista que plantea que son la generación que solo se queda en el Tik Tok?

Me parece que ese discurso no aporta en nada. En esas plataformas están pasando cosas importantes y se usan para difundir información relevante que por cierto no se ha difundido en otras partes, o que no se nos entrega en ningún otro lado. Es importante que existan espacios donde se puedan dar estas conversaciones, porque son temas que nos afectan directamente y son urgentes. Ahora, gracias a mi colegio, pudimos ir al bootcamp y desarrollar esta aplicación, pero piensa que la iniciativa vino desde ahí, no desde los políticos o las políticas públicas.

¿Cómo funciona la aplicación?

La idea es que la persona se descargue la app, rellene un formulario creado por especialistas, en el que va a poder plantear cómo se ha sentido y qué ha pasado, a modo de contexto, y luego se lo deriva a un profesional. Eso en una primera instancia, pero después también hay un lado más educativa que busca educar respecto a nuestras emociones, poder identificarlas y abordarlas. Porque nuestro propósito es facilitar el acceso a un tratamiento (no todos pueden costearse una consulta psicológica), pero también poder informar y crear comunidad, una en la que la persona que quiera pueda compartir su experiencia, para que nunca más nos sintamos solos en esto.

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