Generación Z y las nuevas formas de hacer política en tiempos flexibles




Al alero de causas como la crisis climática y el feminismo, y en la efervescencia de un proceso político inédito como el Constituyente, la generación Z se ha tomado las redes para involucrarse e informarse como nunca antes. Y es que tienen claro que su voz cuenta. Así fue, por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales donde, tras varias semanas de conversación virtual, apareció en las urnas el voto menor de 30 años que, sin duda, fue determinante para el triunfo del presidente Gabriel Boric.

Hace tiempo, quedaron atrás las lógicas poco flexibles de la política tradicional. Hoy, en cambio, se debate de todo. Instagram o Tik Tok son las nuevas plazas públicas, donde los jóvenes se hacen protagonistas, hablando y discutiendo incluso aunque se crispen los ánimos. En Paula, conversamos con tres jóvenes que, mediante el activismo o la comunicación, han decidido hacerse parte y cambiar todo lo que creíamos saber hasta ahora sobre las movilizaciones y la política.

Josefa Araos (24), @cotineja: “La política ahora es mucho menos hermética. Se entendió que todos podemos y tenemos que ser parte de ella y no solo a través de las elecciones”

Con más de 159 mil seguidores en Instagram, Josefa Araos, o más conocida como @cotineja, es un verdadero hit en redes sociales. Egresada de Derecho de la Universidad de Chile, comenzó a crear contenido cuando estaba en el colegio, cuando -afirma- estaba en plena crisis vocacional. Ahí, junto a su mejor amiga, empezó a subir videos a un canal de YouTube donde hablaban de libros y temas de contingencia. Un espacio que, sin querer, sería un semillero para lo que vendría después en pleno estallido social. “Me acuerdo que los primeros días había mucha incertidumbre sobre ciertas cosas más bien jurídicas, como qué era un toque de queda, especialmente en el caso de las generaciones más jóvenes que nunca habían estado en una situación así. Ahí empecé a subir stories hablando de eso y prendió, sobre todo con un video que daba razones de por qué necesitamos una Nueva Constitución. De ahí, con cada fenómeno o noticia, subía contenido y así llegué hasta ahora”, relata.

Como autora de los libros Tan linda y tan solita y la saga de El Mundo de Lulú. ¿Crees que hay en la literatura un espacio que abre nuevas ventanas para conversar sobre política?

Sí, creo que la literatura es un lugar donde hay libertad para hablar y, con la June García (autora también de esos textos), decidimos escribir sobre problemáticas sociales a un público infantil porque, en general, es una audiencia súper segregada. O sea, a todos y todas nos pasó cuando éramos más chicos que queríamos opinar algo en la mesa sobre política y nos decían que esos no eran asuntos de niños, sino de grandes. Lo que intentamos fue trasladar estos temas que pueden ser complejos a una esfera más infantil. Hablamos de medioambiente, de igualdad de género, autoestima, etc; que son temas que les interesan, aunque no siempre tienen espacio para discutirlos.

En tiempos electorales, participaste en la campaña y franja televisiva del presidente Gabriel Boric, ¿Por qué, para ti, fue relevante -como creadora de contenido- tomar postura de manera explícita, más allá del solo hecho de informar?

Cuando uno habla de leyes, también se habla de poder y de política. Son dos cosas que están muy relacionadas, porque todo depende de la interpretación que uno haga. Para mí, era un momento histórico súper especial, pensando que José Antonio Kast podía pasar a segunda vuelta. Para mí él representaba un grave retroceso en los DD.HH., en los derechos de las mujeres, niños y niñas, derechos ambientales; y en todo aquello que para mí es esencial. Entonces, fue clave decir estos son mis ideales, esto sí es importante para mí y este es el Chile que quiero construir, y por tanto me voy a cuadrar y posicionar políticamente. No daba lo mismo por quién votar, y tomé postura.

¿No tuviste reparos?

Sí, pensé obviamente menos marcas van a querer trabajar conmigo después de esto. Era lógico, porque desde que uno empieza a hablar de política, se vuelve menos querido por la publicidad, pero creo que habían cosas más importantes en juego en ese momento. Era importante mojarse el potito, aunque fuera un riesgo.

Hoy, estás haciendo lives en Instagram para estudiar la propuesta de nueva Constitución en conjunto a tus seguidores, ¿Por qué crees que la política tradicional no se ha dado el trabajo de hacer algo así?

Yo creo que la política tradicional está en la tele o la radio, pero mucha gente no escucha ni ve esos medios porque lo que tiene a mano es su celular. Uno ahora, por lo ocupado que está, rara vez se sienta frente a la tele a ver las noticias. Entonces, lo que tratamos de hacer con mi compañero es darnos tareas mensuales de, por ejemplo, leer 3 capítulos de la Constitución y conversar sobre cada uno de esos artículos. Eso hace falta, primero, porque el tiempo no alcanza, y segundo, porque se cree que lo que importa de la Constitución son pocas cosas. O sea, lo vemos en la tele. Se discute sobre plurinacionalidad, recursos naturales, sistema político, estado regional y muchas cosas que son importantísimas, se dejan fuera. Entonces, nosotros tratamos de hablar de todo y la gente está muy interesada: hacen la tarea, leen los artículos y llegan con preguntas.

Según el ranking semanal de El Mercurio, el proyecto de nueva Constitución -editorial LOM- ha sido el libro de no ficción más vendido del país en las últimas semanas. Sin embargo, aún se escuchan argumentos que indican que las personas no están interesadas en el proceso o que no entienden lo que quiere decir el texto. ¿De dónde surgen estas interpretaciones? ¿Qué ha hecho que las personas se acerquen?

Yo creo que si bien existen términos que son complejos, que tienen interpretaciones diversas, la Constitución es un texto súper amigable. Uno puede sentarse y entender qué es lo que quiere decir. Quizás, hay conceptos un poco dudosos como el justo precio, o cuestiones de sistema político, pero dentro de todo se entiende súper bien, y yo creo que quizás la gente no se acercaba al texto porque estaba esta idea de que solo los expertos hablaban de esto cuando en realidad la Constitución es de todos y todas. A mí igual me pasaba eso antes de entrar a Derecho. Me interesaban ciertas discusiones, pero veía que siempre eran los mismos los que estaban en ellas, y eso te aleja.

Según la última CEP, un 44% de las personas cree que la política es peor ahora que hace cinco años atrás. En este contexto de desafección, ¿Crees que la Generación Z tiene una percepción diferente de lo que es la política, a partir de las nuevas plataformas?

Desde lo que yo veo, sigue existiendo una desconfianza en lo que es la política tradicional, pero al mismo tiempo, se tiene mucha esperanza en lo que podemos construir hacia el futuro. Uno piensa que nosotros también podemos hacer política, que no necesariamente estamos excluidos, y desde ahí creamos organizaciones sociales o fundaciones. La política ahora es mucho menos hermética. Se entendió que todos podemos y tenemos que ser parte de ella y no solo a través de las elecciones.

Catalina Deramond (24), activista de Tremendas: “No solo tenemos que hacer contrapeso hacia el poder político desde la crítica, sino que desde la propuesta”

Con el objetivo de conectar y visibilizar los talentos de niñas y adolescentes del país, nace Tremendas, una plataforma que, desde la formación y activismo, busca ser protagonista de los cambios que vive la sociedad hoy. A solo 3 años de su creación, esta organización ya cuenta con más de 1.500 jóvenes inscritas en más de 18 países alrededor del mundo; transformándose así en uno de los espacios políticos más prometedores de la generación Z. Catalina Deramond es una de sus activistas y forma parte del equipo de Salud y Bienestar. Según sus palabras, en Tremendas no solo buscan promover el talento con sentido, sino que esperan ser voz relevante en las soluciones que requieren los países en la actualidad.

Tremendas da su punta pie inicial como organización en 2019, justo en el año de estallido social y donde cientos de jóvenes a lo largo del país se movilizaron y participaron de este momento histórico. ¿Crees que como organización recogen ese contexto de transformación social?

Sin duda se recoge este contexto movilizador que se acentuó en 2019 cuando niñas y adolescentes pusieron sobre la mesa estos temas. Recordemos que el estallido recoge consignas como la dignidad, que parten justamente con los estudiantes secundarios y universitarios, en los movimientos del 2006, 2011 o 2018; entonces la idea de Tremendas es colaborar y trabajar colectivamente generando un espacio seguro, donde las niñas y adolescentes podamos compartir nuestras opiniones y emociones con confianza. No solo queremos ser una voz que aparece frente a estas temáticas, sino generar soluciones con impacto social.

En Tremendas han tomado posición política en diversos frentes, como la acción climática o la desigualdad de género; y se han mostrado conectadas frente a los proceso sociales del país, como el que se vive ahora con la propuesta Constitucional. ¿Qué rol cumple el activismo en Tremendas? ¿Cómo han llevado esas definiciones a las redes sociales?

El activismo surge como respuesta ante la falta de espacios para la participación de niñas y adolescentes. Los que hay ahora, además de ser escasos, no son vinculantes y tampoco permiten desarrollar herramientas. Nosotras consideramos que ese involucramiento en la sociedad es fundamental. Y es que tenemos que ser parte de procesos históricos como el Constituyente, y todo lo que viene después. Somos la acción del presente y esas necesidades tienen que verse y trabajarse colectivamente.

Respecto a las tecnologías y redes sociales, las nuevas generaciones crecen en este contexto, donde la comunicación se transforma hacia un espacio digital. Esos son lugares donde los adultos están más alejados. Desde ahí levantamos nuestra voz y ocupamos esas plataformas, porque creemos que en Instagram o Tik Tok se pueden dar conversaciones y abrir espacios de decisión respecto a temáticas que nos conciernen. Como Tremendas, nos interesa inspirar, pero también informar para poder orientar en temáticas de género, medioambiente o acción social. Es relevante hacerlo así, porque es algo cercano y confiable.

Hace poco lanzaron “Ciudadanas”, una iniciativa busca que niñas y jóvenes chilenas de entre 12 y 18 años participen en la vida pública de sus comunas. ¿Creen que hoy, la política tradicional y estas estructuras anteriormente rígidas, están más abiertas a escuchar las voz de los y las jóvenes?

Bajo la mirada de la autonomía progresiva, hay decisiones y acciones que podemos ir tomando según nuestros niveles de desarrollo. Es importante entender que como niñas y jóvenes tenemos opiniones y somos capaces de organizarnos; que podemos generar instancias para actuar a favor de esas causas que consideramos relevantes. Ciudadanas apunta a eso, a la idea de que no solo tenemos que hacer contrapeso hacia el poder político desde la crítica, sino que desde la propuesta. Es desde los territorios que creemos que niñas y jóvenes pueden aprender, por ejemplo, a cómo crear una propuesta o trabajar de forma colaborativa para mitigar problemáticas que les afectan en el cotidiano. Paulatinamente se han ido abriendo estos lugares de escucha, pero aún queda mucho por avanzar, sobre todo en la generación de espacios vinculantes para ser protagonistas del cambio.

¿Hay límites en las nuevas formas de hacer política? ¿Cuáles?

Los límites tienen que ver con cómo las figuras rígidas y conservadoras de la política no se han ido reinventando para ir en línea de los nuevos argumentos con los que podemos resolver ciertas problemáticas. Esa estructura tradicional, de formas antiguas de hacer y llevar la política, limitan el accionar que necesitamos hoy. Lo que se requiere actualmente es coordinación con diversos organismos para hacer frente a los cambios que se vienen. Ya no se trata de aislarnos y entender las diversas áreas de la sociedad por separado, sino de unir estos espacios para poder hacer frente a temas globales. Esta estructura rígida tiene que adaptarse a los tiempos actuales. Solo con esa flexibilidad podremos construir una sociedad mejor y más coordinada.

Bianca González (26), editora y periodista de La Neta: “Nuestro propósito era hablarle a un público que no estaba acostumbrado a leer sobre política y que estaba alejado de esa elite intelectual”

Con el objetivo de informar sobre el proceso Constituyente, la periodista Alejandra Matus creó en 2021, La Neta, medio que busca acercar la política a la ciudadanía, con un lenguaje cotidiano y una perspectiva que pone énfasis en el respeto a los derechos humanos, la igualdad de género y los principios democráticos. Más allá de la información, la editora actual de La Neta, Bianca González; sostiene que el aporte principal que han realizado ha sido democratizar la política y bajar esa conversación a la población general. “Porque, con esfuerzo, nos hemos transformado en un medio de información cotidiano, que explica en un lenguaje sencillo y que además tiene vocación de ser transversal”, relata.

¿Cómo se inserta La Neta en esta época de hiperconexión, por un lado, y de desafección con la política tradicional, por otro?

Nos insertamos en el mundo digital mediante lo que publicábamos día a día en las redes sociales. El propósito de La Neta era hablarle a un público que no estaba acostumbrado a leer sobre política y que estaba alejado de esa elite intelectual. La idea siempre fue que la gente se interesara en comprender lo que pasaba en la Convención y para eso, tratamos de acercarlos mediante el uso de Instagram, los hilos de Twitter o videos de Tik Tok. Todo apuntaba a lo mismo: explicar de forma clara algo que parecía complejo de entender.

¿Han sido las plataformas digitales aliadas en esa misión de comunicar y acercar la política a las audiencias de manera directa y fácil?

Además de ponernos el desafío de tratar de hablar temas complejos en un lenguaje simple, claro y cotidiano; las redes nos han servido para generar cercanía con nuestras audiencias. Al no haber feedback en los medios habitualmente, uno no tiende a subestimar, pero la gente hoy tiene muchas preguntas. Entonces, La Neta ha sido una plataforma para fomentar la participación ciudadana en el ámbito digital.

¿Se han encontrado de frente con la desconfianza que existe hacia la política tradicional, al reportear un tema tan contingente como la Convención?

Sí, pero lo que hemos tratado de hacer para hacerle frente a eso, es mostrar más de una visión respecto a un tema. Si estamos hablando del derecho a la salud, invitamos a ex convencionales que apoyen a la propuesta y otros que no. Diversificar fuentes ha permitido que la gente deposite su confianza en nuestro trabajo.

En el slogan de La Neta aparece el pañuelo verde, que representa la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Crees que eso da cuenta de una tendencia en cuanto a la manera de posicionarse como medio frente a la política?

De todas maneras. Más que verlo como una debilidad, es una forma de transparentar nuestra posición ante la audiencia. Al final, los medios casi siempre suelen tener una postura política, pero distinto es que lo digan de frente. Nosotras lo declaramos, y eso nos ha ayudado a que la gente confíe, porque entre que lo ocultemos y lo mostremos, es preferible ser transparentes.

¿Eso no ha generado ronchas en algunos sectores al momento de publicar ciertos contenidos?

En un momento, sí. Si cometíamos un error, habían convencionales que nos atacaban y nosotras lo atribuíamos a eso, porque nos decían que éramos pro DD.HH. y que estábamos a favor del feminismo. Pero eso no nos afectó porque nos tomábamos en serio nuestro trabajo.

A nivel periodístico, ¿Qué cerco o qué limite corrió La Neta?

Aunque no tenemos los mismos recursos que un medio tradicional, creo que el límite que corrimos fue el de hacer un medio a pulso, con pocos recursos y, aun así, exitoso. Siendo responsables, teníamos que actuar de una manera óptima con lo poco que teníamos y eso nos llevó a todas a diversificar nuestras tareas.

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