La masculinidad farreada

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Columna de Catalina Infante Beovic. Editora, escritora y una de las dueñas de Librería Catalonia.




Paula.cl

Hace un tiempo vi un estado de Facebook de un hombre que decía: "Aceptémoslo, nos farreamos la masculinidad". Esa frase me quedó dando vueltas. Hace poco vi Moonlight (la subieron a Netflix) y volví a pensar en esa frase. La película trata sobre el crecimiento de un niño gay en un ambiente de marginalidad en una sociedad discriminadora, y aborda de paso –con una belleza sublime– el problema de la masculinidad. Trata la homosexualidad, pero más allá de eso muestra un mundo donde no hay cabida sino para un tipo de hombre. Para un concepto de masculinidad violento, reducido y mal entendido, que termina amputando toda sensibilidad, matiz y complejidad en el carácter de un hombre desde que es niño. Mi amigo de Facebook tiene razón: la historia de los hombres se ha farreado la masculinidad y la ha reducido a un estereotipo del cual es difícil liberarse. Tanto así que a quienes se salen de estos parámetros se los trata de "femeninos" (como algo despectivo, gracias), exiliándolos de su propio género.

Hace poco estaba en un bar con amigos y comenté este tema. De cómo los hombres están presionados por lo que se espera de ellos y eso los hace actuar muchas veces como unos idiotas cuando no lo son. Lo he visto en parejas y amigos: cómo el ego y el miedo se los come porque están criados para demostrar que son y no para ser simplemente, para aparentar que saben y no para saber realmente, para demostrar que pueden y no para entender su verdadero poder, para conquistar y no para conectarse de verdad. Y cómo culparlos, están presionados a ser proveedores, racionales, valientes, duros emocionalmente, seductores, sexualmente implacables… Tienen poco espacio para la intuición, para la sensibilidad, para el miedo o el fracaso. Cuando comenté el tema, un amigo salió a negarlo diciendo que en su vida como hombre solo había tenido privilegios, que nunca había sentido presión de ser hombre, lo cual las feministas de la mesa reafirmaron aclarando que las únicas oprimidas somos nosotras. Entiendo que el discurso está polarizado hacia lo femenino ahora (nos tocaba), pero creo que el "patriarcado" no solo nos ha perjudicado y moldeado a nosotras, sino que funciona tan bien y es tan poderoso que los hombres están programados para ser de una determinada forma. Afortunadamente, de a poco eso va cambiando. Una conocida marca de desodorante para hombres recogió en su reciente campaña un concepto que bautizó como los "newminos". Lloraba algún término que pudiera definir o redefinir a nivel masivo a esa nueva masculinidad, la que intenta liberarse de los patrones impuestos. No soy nada fan de la publicidad en general ni de esa marca, pero por algún lado se empieza.

Las mujeres, quienes hemos sido históricamente reducidas a un concepto fallido de femineidad, tomamos en algún momento conciencia de esa opresión. Hemos aprendido a liberarnos, a educar, a visibilizarnos, a entender quiénes somos realmente y a serlo sin miedo. Pero creo que esa lucha pierde fuerza si los hombres no toman también conciencia de su propia opresión, si no se conocen a sí mismos y se liberan de lo que se espera de ellos. Hay una escena en Moonlight donde el niño flota por primera vez en el mar, sostenido por el único hombre que lo ve realmente, por una figura paterna que lo quiere y que le permite ser quien es. La película habla de un niño gay pero también pudo haber sido hétero, bisexual, trans, da igual, la orientación sexual nunca ha tenido que ver con el género. De lo que habla realmente es de lo diferente, de vivir en una sociedad que moldea y presiona a hombres y mujeres de forma violenta para calzar en una idea determinada de género, y de cómo nosotros le damos poder a eso censurando y coartamos al resto y a nosotros mismos. Recuperar y resignificar esa "masculinidad farreada" requiere esa misma confianza del niño que flota, donde la figura paterna es una sociedad que nos acepta en nuestra complejidad y diferencia, tal y como somos.

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