Paula

Psicosis posparto: madres que pierden el juicio

Una mujer acaba de tener un hijo y, pocos días después, deja de dormir, escucha voces o comienza a creer cosas como que su guagua es un demonio. La psicosis posparto es una enfermedad poco frecuente que puede alterar su contacto con la realidad y avanzar en cuestión de horas. Estas semanas volvió a estar en la palestra por el caso de Lindsay Clancy, una mujer estadounidense que mató a sus tres hijos y luego intentó quitarse la vida. Antes de los asesinatos había pedido ayuda. Y ese punto es relevante porque después de un parto, la atención suele centrarse en el recién nacido, sin embargo, la madre también atraviesa enormes cambios físicos y emocionales. Mirarla, acompañarla y estar atentos a las señales de que algo no anda bien puede marcar la diferencia.

Meses antes de matar a sus tres hijos, Lindsay Clancy había pedido ayuda. La enfermera de Massachusetts llevaba meses presentando síntomas graves de depresión posparto y había llamado dos veces a una línea de prevención del suicidio. Según los antecedentes expuestos durante el juicio, también habría descrito a un psicólogo forense y a un capellán del hospital, que escuchaba repetidamente una voz masculina que le ordenaba matar a sus hijos y luego suicidarse.

Su suegra, Susan Clancy, también testificó. Dijo que Lindsay había estado “pidiendo ayuda a gritos” durante los meses previos a los asesinatos y que atravesaba un cuadro de ansiedad, depresión e insomnio.

El 24 de enero de 2023, Clancy mató a Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de ocho meses. Después intentó quitarse la vida.

Tres años más tarde, esos meses previos se han convertido en una parte central del juicio que busca determinar su responsabilidad. La defensa de Clancy, hoy de 36 años, dice que es inocente pues al momento de los asesinatos sufría una psicosis posparto que le había hecho perder el contacto con la realidad. La fiscalía plantea lo contrario: que sabía lo que estaba haciendo.

Lo que ocurrió ese 24 de enero es materia de un juicio y será el tribunal el que determine la responsabilidad de Lindsay Clancy. Pero su historia, como la de muchas mujeres, había comenzado antes, en esos meses después del parto en que la atención suele centrarse en el recién nacido y la salud mental de las madres queda relegada a las cuatro paredes de su casa.

Emergencia médica

Emily Sliwinski es otra de las mujeres que ha contado públicamente cómo comenzó su psicosis posparto. En un artículo de The New York Times describió que sus pensamientos empezaron a ir “a mil por hora”. No podía dormir y comenzó a tener alucinaciones en las que creía que su perro le hablaba.

No todas las mujeres viven lo mismo. Algunas pueden comenzar a hablar de manera acelerada, dormir muy poco o sentirse excesivamente eufóricas. Otras presentan angustia, confusión, aislamiento o síntomas depresivos. También pueden aparecer ideas delirantes, paranoia o alucinaciones: escuchar voces, ver cosas que no existen o estar convencidas de algo que para el resto no es real.

Y todo puede ocurrir muy rápido. La psiquiatra Bernardita Lastra explica que la psicosis posparto es poco frecuente, pero se considera una emergencia médica porque “puede calar muy rápido y aparecer de una forma muy aguda. Además, se asocia con un alto riesgo de suicidio y, en algunos casos, con daño al bebé”.

Los primeros síntomas suelen aparecer durante los días o semanas posteriores al parto y pueden agravarse en muy poco tiempo. “Los síntomas pueden pasar a ser graves en horas o pocos días”, advierte Lastra.

En el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, distintas mujeres han compartido sus experiencias después de vivir una psicosis posparto. Una de ellas, de manera anónima, contó que todo comenzó con síntomas depresivos que poco a poco fueron empeorando: “Me vinieron pensamientos de que los demonios querían hacernos daño a mí y a mi hija. No comía ni bebía ni dormía nada, luego me volví loca. Pensé que mi hija era el demonio. Los pensamientos me decían que si quería volver a ver a mi hija tenía que hacer daño a la hija de los demonios, y empecé a pegarle”.

Esa pérdida de contacto con la realidad es una de las principales señales de alerta. Leslie Ayala, psicóloga de la Red Chilena de Salud Mental Perinatal, explica que la psicosis posparto “requiere atención inmediata, dado que la característica principal es que hay una alteración del juicio de realidad”.

Sin embargo, reconocer una psicosis posparto no siempre es sencillo. Al ser poco frecuente y tener síntomas que pueden cambiar, inicialmente puede confundirse con otros cuadros que aparecen después del parto, como la depresión posparto o el llamado baby blues.

La diferencia más importante está, nuevamente, en el contacto con la realidad. “El baby blues es una condición súper frecuente que, en general, no necesita tratamiento, ya que en ningún caso hay pérdida del contacto con la realidad. En la depresión posparto hay una tristeza persistente, pero no se presentan síntomas psicóticos”, explica Bernardita Lastra.

Y hay otra dificultad. Los síntomas de una psicosis posparto pueden ir y venir. Una mujer puede estar profundamente desorganizada, tener una alucinación o sostener una idea delirante y, momentos después, parecer lúcida y comportarse con aparente normalidad. Esa calma no significa necesariamente que la crisis haya pasado. “Muchas veces no es algo donde una paciente pueda pedir ayuda, porque hay una alteración del juicio de realidad. Entonces, es importante que el entorno pueda comprenderlo”, dice Ayala.

También es importante distinguir una psicosis de los pensamientos intrusivos, relativamente frecuentes después del nacimiento de un hijo. Una madre puede imaginar involuntariamente que su bebé se cae, se enferma o sufre un accidente. Son pensamientos que pueden ser muy angustiantes, pero tenerlos no significa querer llevarlos a cabo ni estar perdiendo el contacto con la realidad. “No es lo mismo tener un pensamiento intrusivo que tener ideas delirantes”, explica Ayala. Y esa diferencia es importante.

Una combinación de factores

No existe una única causa para que una mujer desarrolle una psicosis posparto. La evidencia apunta a una combinación de factores biológicos, hormonales y genéticos que pueden influir. Y es que después del parto, el cuerpo atraviesa importantes cambios hormonales, en un período que además suele estar marcado por el estrés, las alteraciones del sueño y el agotamiento físico.

Uno de esos cambios es la caída abrupta de los niveles de estrógeno. Sin embargo, la psiquiatra Bernardita Lastra aclara que el problema no estaría simplemente en que las hormonas bajen, sino en cómo algunas mujeres responden a ese cambio. “Hay una sensibilidad individual a esta retirada hormonal del posparto y eso puede precipitar una descompensación psicótica o bipolar”, explica.

A eso se suma algo bastante cotidiano para quien acaba de tener un hijo, que es dormir poco. La privación del sueño es uno de los principales desencadenantes y, según Lastra, muchas veces también es una de las primeras señales de que algo está ocurriendo.

Entre los factores de riesgo más importantes están, además, los antecedentes personales o familiares de trastorno bipolar. La relación entre ambos cuadros es estrecha: investigaciones han encontrado que entre el 72% y el 88% de las mujeres que desarrollan una psicosis inmediatamente después del parto tienen trastorno bipolar o esquizoafectivo, mientras que alrededor de un 12% tiene esquizofrenia. Estudios más recientes apuntan en la misma dirección: en cerca de la mitad de las mujeres que viven un primer episodio de psicosis posparto, este es también el primer episodio de un trastorno bipolar.

La psiquiatra Karina Toledo, miembro de la Red Chilena de Salud Mental Perinatal, insiste en que eso no significa que exista una causa única. Al estrés que significa tener un bebé pueden sumarse factores personales, neurobiológicos o inmunológicos. “No está completamente clara la causa específica, pero sí se sabe que es multifactorial y que todos estos factores se conjugan para generar este cuadro. Por eso no ocurre en todas las mujeres y no es algo frecuente”, explica.

El camino de recuperación

Cuando se detecta una psicosis posparto, en Chile lo habitual es que la mujer sea hospitalizada. La psiquiatra Karina Toledo explica que, a diferencia de otros países, acá no existen unidades especializadas en salud mental perinatal donde las madres puedan permanecer junto a sus hijos mientras reciben tratamiento y supervisión.

Por eso, muchas veces se opta por una hospitalización de algunos días en un hospital o clínica y, cuando es posible, se continúa con hospitalización domiciliaria. La idea, explica la psicóloga Leslie Ayala, es tratar el cuadro sin perder de vista que esa mujer acaba de tener un hijo. “Sobre todo porque tienen un bebé que a veces está en lactancia y se trata de cuidar también mucho el vínculo. A pesar de esto, en una persona que tiene el juicio de realidad alterado, por supuesto que puede haber un riesgo porque no está actuando desde la corteza prefrontal”.

El tratamiento puede incluir medicamentos antipsicóticos, estabilizadores del ánimo y otros fármacos, dependiendo de cada paciente. En situaciones graves o cuando se necesita una respuesta rápida, también puede utilizarse terapia electroconvulsiva. Y está comprobado que, con un tratamiento adecuado, la recuperación es posible: muchas mujeres pueden recuperarse y volver a llevar una vida normal, aunque siempre deben acompañar los fármacos con un tratamiento psicológico.

La etapa más aguda puede durar algunas semanas. “Generalmente, pueden ser de dos a tres semanas, en donde con el tratamiento la paciente se recupera, pero de ahí requiere seguimiento”, explica Toledo. Esto porque controlar la psicosis es solo una parte de la recuperación, después viene un proceso que puede ser igualmente complejo. “Una vez que pasa esta etapa en que la psicosis ya está controlada, viene otra etapa también bien dura de reconstrucción”, dice Ayala. Muchas mujeres no recuerdan todo lo que dijeron o hicieron durante el episodio y deben enfrentarse después a lo ocurrido. “Queda una sensación de trauma, de miedo a que esto vuelva a pasar, vergüenza, culpa y dificultad para confiar en ella. Además de los traumas asociados a las hospitalizaciones”.

Y parte de esa reconstrucción tiene que ver también con la maternidad. “Hay que trabajar la culpa también de esta mamá, porque esto de haberle querido hacer daño a su bebé o el haberse separado de su bebé por la hospitalización, ahí hay harto trabajo de psicoterapia posterior”, explica Ayala.

En ese proceso, el entorno vuelve a ser fundamental. Y no solo durante la recuperación. Como una mujer que está perdiendo el contacto con la realidad puede no darse cuenta de que necesita ayuda, son muchas veces quienes están cerca los primeros que pueden advertir que algo está ocurriendo. “No podemos esperar que una mujer que está perdiendo el juicio de la realidad vaya a consultar y pida que necesita ayuda”, dice Ayala.

El cuidado de la madre

Después de tener un hijo, el primer control establecido por el sistema público de salud en Chile ocurre entre los siete y diez días. Es el llamado “Control Diada” y, como indica su nombre, mira a la madre y al recién nacido en conjunto. En esta instancia se revisa la evolución del bebé y la lactancia, pero también la recuperación física de la mujer: sus signos vitales, el sangrado, la retracción del útero y cómo están cicatrizando las heridas de una cesárea o episiotomía.

Posteriormente, se sugiere un control a las seis semanas del parto, al término del período conocido como cuarentena. En ese momento, muchas mujeres también consultan por anticoncepción, ya que pueden retomar su actividad sexual. “El seguimiento después del parto no se limita a la salud del recién nacido: también es fundamental acompañar la recuperación y la adaptación a esta nueva etapa de la persona tras un parto”, explica Fernanda Cabrera, enfermera matrona de APROFA.

Sin embargo, cuando se trata de salud mental, la detección de una crisis puede depender en gran medida de que la propia mujer o su entorno logren identificar que algo no está bien. Tanto durante la gestación como después del parto, los profesionales de la salud aplican la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo, un test que busca detectar síntomas de depresión posparto y otros trastornos de salud mental durante el puerperio. En el sistema público, su aplicación se contempla a los dos y seis meses después del parto, en el marco de los controles de salud infantil. “Si se detectan señales de alerta, corresponde realizar la evaluación y seguimiento necesarios, incluyendo las derivaciones a otros profesionales cuando sea pertinente”, explica Cabrera.

Ahí aparece uno de los principales desafíos. La psicosis suele presentarse durante los primeros días después del parto, cuando los controles establecidos en el sistema público están centrados principalmente en la recuperación física de la madre. Además, una mujer que está atravesando una psicosis posparto puede no tener la capacidad de reconocer que necesita ayuda. “Muchas veces se espera que pase algo muy grave para consultar. Entonces, el entorno juega un rol muy importante desde el punto de vista de la prevención”, advierte Leslie Ayala.

La maternidad suele estar acompañada de controles, recomendaciones y cuidados dirigidos al recién nacido. Pero entre las noches sin dormir, los cambios físicos y las nuevas responsabilidades, la salud mental de quien está detrás de esos cuidados puede quedar relegada. La psicosis posparto es poco frecuente, pero su carácter repentino y su gravedad hacen que reconocer sus señales sea fundamental. “El nacimiento de una hija o hijo implica un cambio en el lugar que una mujer ocupa en el mundo. Es lo que llamamos una crisis normativa (una transición que requiere adaptación), por lo que necesita apoyo, contención y seguimiento”.

Y ese apoyo también pasa por cómo se distribuyen los cuidados. “La distribución no equitativa de los cuidados hace que muchas veces no se cuente con alternativas para que la madre tenga un tiempo para acudir a un control asociado a su salud. Por lo anterior, contar también con políticas que permitan una transversalización de los cuidados y el apoyo de quienes cuidan es esencial”, concluye.

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