Recordando a mi mamá: “Ella perdió diez hijos en vida, pero siempre salió adelante”




Mi mamá fue una mujer maravillosa, con un temple y fuerza interior que marcó mi vida para siempre. Tuvo una familia numerosa compuesta por 17 hijos a quienes nos enseñó la capacidad de amar, queriéndonos a todos por igual, pues en el momento de salir en defensa de alguno, era una verdadera guerrera. Siempre al frente apoyando y defendiendo su causa.

Mujer bondadosa, siempre dio sabios consejos y se desveló entregándonos sus cuidados y amor. Su entrega era incondicional y siempre ayudó al necesitado, al desvalido, al más pobre. Entre sus manos se enredaban los hilos de la vida, trabajando sus lanas en el uso, en la máquina de coser, entre las cenizas de su fogón, en la ropa que lavaba en su batea y en la tierra, plantando y cosechando sus frutos para compartir la mesa con alegría al disfrutar una rica papa nueva, un rico zapallo o un rico choclo cocido con mantequilla. Podría enumerar muchas cosas y detalles impregnados en mi mente y corazón porque esta mujer de condición menuda y pequeña me enseñó que podría enfrentar las tragedias, las incongruencias de la vida, las dificultades y la más brutal de las adversidades, como perder un hijo.

Ella perdió diez hijos en vida. Y ahí estaba, nuevamente en pie porque le quedaban más hijos por quienes salir adelante y una familia hermosa, la cual se estaba formando alrededor mientras pasaban los años.

La vida me regaló el privilegio de amarle, abrazarle, besarle, de mimarla, cuidarla y decirle en vida lo orgullosa que me sentía de ser su hija. Y también de decirle sin llanto, y con mucha paz en mi corazón, que a sus 92 años era hora de emprender el viaje, que era hora de descansar. Ahora éramos sus hijos quienes debíamos seguir practicando su legado, ese legado de amor, quien junto a mi lindo papá, con el cual estuvo casada durante 64 años, se encargaron de darnos.

A nueve años ya de su partida, su esencia sigue viva en mi corazón, en su casa y en cada recuerdo que viene a mi mente.

Hasta el último momento estuvo preocupada de cada detalle: qué íbamos a comer, dónde íbamos a dormir. Nunca, a pesar de su edad, dejó de ser mamá. Era una mujer sencilla pero de buen gusto. Elegante. Cuando salía, no debía faltar un poco de rubor en sus mejillas y un suave labial en sus labios.

Se dice que a los padres no se les elige, pero si tuviera que hacerlo, no dudaría ni un instante en elegirte a ti.

Sandra es la hija número 17. Es secretaria administrativa y vive en Temuco.

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