El mea culpa que embarga al Senado ad portas del día decisivo en la Convención

Senadores de distintas bancadas tras jurar el 11 de marzo.

Si bien las apuestas en el Senado indican que el pleno de este viernes podría rechazar la propuesta de reforma para el Congreso, en 15 días más se deberá emitir un nuevo informe que sí podría derivar en el fin de la institución. No haber desarrollado una estrategia oportuna para abordar el debate constituyente hoy pesa en la Cámara Alta.




“Todas y todos quienes conformamos la Convención, sentimos una deuda de gratitud muy grande con la Cámara de Diputadas y Diputados”, dijo la presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Quinteros, el 3 de marzo, en una inédita visita al Congreso.

En la actividad que tenía solo como finalidad expresar el agradecimiento a la “buena voluntad” y el “firme apoyo” de la Cámara, la misma Quinteros marcó un matiz respecto de los senadores. Dijo que también había un agradecimiento al Senado por facilitar personal, “pero si comparamos todo lo que nos ha dejado la Cámara, en términos de infraestructura y de funcionarios, hay diferencias”.

A horas de que el pleno de la Convención Constitucional entre a votar las normas relacionadas con el Poder Legislativo, donde uno de los puntos dramáticos será fin del Senado y su eventual reemplazo por una entidad con menores atribuciones, una de las autocríticas que comparten algunos senadores es por qué la Cámara Alta no logró generar la misma buena relación con los constituyentes.

“Estamos todos muy preocupados. Imagínese que el Senado fue al que se le ocurrió el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución y ahora nos están eliminando. Entonces, parece un chiste de Condorito”, dijo el senador RN Manuel José Ossandón, en referencia a que varios senadores, entonces encabezados por su presidente, Jaime Quintana (PPD), y su vicepresidente, Alfonso de Urresti (PS), fueron los gestores de ese acuerdo firmado el 15 de noviembre de 2019, junto al entonces ministro del Interior, Gonzalo Blumel.

Según la versión del gobierno de Sebastián Piñera y que era compartida por la antigua mesa de la Cámara, la primera fricción entre el Senado y la Convención fue la negativa a facilitar el Salón de Honor (que es administrado por los senadores) para la sesión inaugural de la asamblea el 4 de julio de 2021.

El Senado tampoco quiso entregar personal antes de la instalación, porque la decisión de la mesa que entonces encabezaban los senadores DC Yasna Provoste y Jorge Pizarro, era comenzar a entenderse directamente con la directiva de la Convención.

Aunque esa aparente falta de sintonía era negada por la senadora Provoste, quien siempre ha expresado su respaldo a la Convención, el episodio fue aprovechado por sectores políticos, como el PC, que tenían el objetivo de eliminar el Senado a modo de facilitar transformaciones para el país.

“El Senado también ha sido refractario respecto del trabajo de la Convención. Acá ha habido hostilidades”, manifestó, por ejemplo, el convencional comunista Hugo Gutiérrez, en medio de esa polémica por el Salón de Honor, que enredó al gobierno de Piñera y a la mesa del Senado.

Plan tardío

La estrategia comunicacional es otro de los aspectos que pesan ad portas de la sesión. Algunos senadores, de hecho, lamentaron que no se haya logrado relevar el rol del Senado como contrapeso de las regiones frente al poder presidencial y de Santiago.

“En un país con una distribución demográfica tan dispar como el nuestro, es el Senado donde precisamente se expresan las voces de las regiones”, dijo 15 de marzo, en su primer discurso como presidente del Senado, Álvaro Elizalde (PS), quien si bien dijo respetar el rol de la Convención, precisó que era importante transparentar su postura.

La defensa del Senado como órgano de representación de los territorios también fue planteada a inicios de año por la expresidenta del Senado, Ximena Rincón (DC).

Sin embargo, para algunos, la estrategia fue tardía. De hecho, ya desde el 1 julio de 2021, tres días antes del inicio de la Convención, las diputadas Karol Cariola y Camila Vallejo (actual ministra vocera y quien tiene 1,5 millones de seguidores en Twitter) lideraban en redes sociales una campaña para cuestionar la lentitud del Senado en la tramitación de reformas demandadas por la ciudadanía.

“Hay un desconocimiento del trabajo territorial del Senado. Hay también una sensación de que representa un poder del Estado poco efectivo. Habría sido bueno una comunicación más fluida que llevara justamente a terminar con estos prejuicios”, dijo la senadora y subjefa de bancada del PPD, Loreto Carvajal.

Claramente la posición del Senado fue débil”, añadió Ossandón.

Las cartas académicas y políticas

Si bien hoy las apuestas en el Senado indican que el pleno de este viernes podría rechazar la propuesta de reforma para el Congreso, en 15 días más la Comisión de Sistema Político igualmente deberá emitir un nuevo informe que puede que cuente con el apoyo definitivo para reemplazar la Cámara Alta por una nueva institución.

Precisamente una de las razones políticas para que se alinearan bancadas -como la UDI, Evópoli, el PPD y el PS- con el fin de alzar a Elizalde a la presidencia del Senado, es que él tendría una mayor influencia entre los convencionales socialistas y el gobierno de Gabriel Boric para tratar de evitar el derrumbe de la institución.

Este acuerdo entre fuerzas de derecha y centroizquierda implicaba un giro en la defensa del Senado, ya que suponía pasar a una fase de gestión política para interceder a través de vínculos partidarios en la Convención.

No obstante, toda acción política se dificulta en estos momentos, porque hoy los senadores del PC, el FREVS, el Frente Amplio y Fabiola Campillai son partidarios de eliminar la Cámara Alta.

“Los partidos democráticos de centroizquierda creo que dejaron a sus representantes en la Convención muy solos. Ahora lo que uno espera es que haya ponderación”, dijo el senador y jefe de bancada de la UDI, Iván Moreira.

Anteriormente se había apostado a una estrategia cautelosa, tratando de no dar la imagen de una presión corporativa, y de buscar aliados en la academia.

Dentro del plan anterior, por ejemplo, el 12 de enero, se realizó un seminario en la Biblioteca del Congreso, sobre los riesgos y ventajas del unicameralismo y el bicameralismo.

Además, el 21 de diciembre del año pasado, la entonces presidenta del Senado, Ximena Rincón, concurrió a la Comisión de Sistema Político a exponer su postura sobre el nuevo modelo.

Si bien la charla de Rincón fue conversada con algunos senadores, a juicio del senador Moreira, la propuesta de un Congreso bicameral asimétrico (similar a la que hoy se está negociando en la Convención) no contaba con el respaldo de todos. “Ximena Rincón, como presidenta del Senado, fue a defender un Congreso asimétrico, y yo creo que esa fue una actuación de ella como presidenta del Senado, de la DC, pero no nos representó”, dijo Moreira, quien agregó un poco resignado que “ya no sacamos nada con llorar, esperemos lo que va a pasar”.

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