Felipe Harboe, senador PPD: “El punto de encuentro de la oposición está en el mundo de la socialdemocracia”

El legislador asegura que ya se están dando conversaciones para articular al sector y ser alternativa de gobierno. Afirma que se debe incluir a personas con experiencia como Soledad Alvear, hasta nuevas generaciones, como Boric.




Para el senador del PPD, Felipe Harboe, el país se encuentra en una situación institucional “delicada”. La razones, dice, son múltiples. Desde un Presidente que se enfrenta a otros poderes del Estado hasta la proliferación de iniciativas de dudosa constitucionalidad.

Para contrarrestar esto, explica el legislador por el Biobío, la oposición debe articular una respuesta que dé gobernabilidad al país, pero mirando un eje central: la socialdemocracia. “El paraguas viene desde el mundo liberal, con Ciudadanos, Soledad Alvear y compañía, hasta, y es perfectamente posible, los liberales del Frente Amplio y RD. Incluso Gabriel Boric”, dice.

-En medio del coronavirus y luego del estallido social, ¿en qué estado ve a la oposición?

-Veo a un país en una situación muy delicada; hoy Chile es más pobre, tenemos instituciones debilitadas, polarización política y, además, una condición social extremadamente delicada. Ese cuadro significa que la derecha política no ha dado una gobernabilidad adecuada y, por tanto, nos obliga como oposición a articularnos y mostrar una alternativa de cambios estructurales. Eso es lo que está trabajándose. Hay muchas reuniones, mucha articulación, diferentes instancias, para proponer una alterativa de gobierno que permita salir de la crisis social.

-Y en ese marco, ¿la oposición se levanta como una verdadera opción de gobierno o eso sigue distante?

-Se están construyendo conversaciones subterráneas entre diferentes actores formales y no formales, que van a derivar en la conformación de una gran alianza del mundo socialdemócrata, desde el mundo liberal progresista hasta el socialista laico. Y esto va a ser en función de un objetivo común: recuperar la épica que se tuvo en los 90 de la reconstrucción de la democracia y la libertad, que hoy será sobre superación de la pobreza y el drama social que vive el país, que es el que le va a heredar Piñera a la historia de Chile.

-Este paraguas socialdemócrata, ¿a quiénes incluye?

-Los niveles de crisis que tenemos en el país hace que aquí no sobre nadie y que tenemos que encontrar la mayor unidad posible en torno a un proyecto audaz que vaya caminando hacia la lógica del estado de bienestar. Las personas que han tenido participación en gobiernos son fundamentales porque tienen experiencia, pero también las nuevas generaciones. El paraguas viene desde el mundo liberal, con Ciudadanos, Soledad Alvear y compañía, hasta, y es perfectamente posible, los liberales del Frente Amplio y RD. Incluso Gabriel Boric y su mundo.

-Usted ha participado en reuniones con el sector de Alvear y Mariana Aylwin. Más allá del ideal de que estén todos, ¿es hacia allá donde debe mirar la oposición?

-Aquí lo que se requiere no es mirar hacia atrás, sino mirar hacia adelante, y eso significa incorporar a aquellos que, a pesar de que ya hayan cumplido una función y no estén con ánimos de participar activamente, desde el punto de vista de las decisiones, sí están preocupados por el país. Yo valoro eso. Pero aquí se requiere entender que hay que buscar un punto de encuentro, y el punto de encuentro de la oposición está en el mundo de la socialdemocracia. Tenemos que tener un sistema donde ciertos elementos básicos salgan de la lógica del mercado: pensiones, salud y educación, y en eso podemos sumar esfuerzos.

-¿Pero es factible?

-Vuelvo a insistir, aquí lo que se requiere es un gran acuerdo político, la construcción de una épica para superar la pobreza que va a vivir Chile, y en eso bienvenido sean.

-La pregunta apuntaba a que esos mundos se critican mutuamente. De hecho, desde el Frente Amplio son reticentes a unirse con sectores de la ex Concertación...

-Las circunstancias de Chile han cambiado y ellos también se han dado cuenta de que es mucho más difícil con guitarra. Y, por tanto, hoy que están dentro del sistema se dan cuenta de las complejidades que significa gobernar. Aquellos que tenemos experiencia de gobierno necesitamos también la renovación propia de las nuevas generaciones, a que nos ayuden a ser más audaces en las políticas públicas, a reformar con mayor rapidez, pero también necesitamos la debida templanza y pausa necesaria. Es perfectamente posible aunar voluntades.

-Usted ha dicho que existe el riesgo de los populismos. ¿Qué rol debe jugar la socialdemocracia ahí?

-Hace tres años dije que el populismo está golpeando la puerta. Hoy el populismo lo tenemos instalado y ha ido penetrando transversalmente la política. Y uno observa una creciente tendencia en algunos de promover proyectos populares aún cuando no sean correctos para el país. La mejor fórmula para combatirlo es una política social seria, responsable y una articulación política que le dé gobernabilidad al país. Aquí es como si hubiésemos retrocedido 30 años, porque lo que fue en su oportunidad el principal eje de reunión del mundo social cristiano y el socialismo laico, que fue la derrota de la dictadura, la conquista de la libertad y la situación de la pobreza, hoy nos vuelve a unir.

-Se ha dado una discusión respecto del avance de proyectos inadmisibles. ¿Lo ve con preocupación?

-La tramitación de proyectos inadmisibles genera un aumento de la debilidad institucional y genera un daño a la democracia. Y también lo hace la respuesta del gobierno de abusar del veto presidencial, para alterar la mayoría del Parlamento. Por eso hablo de que nuestra democracia institucional está en riesgo, porque se han ido instalando instrumentos que debilitan la relación entre las instituciones.

-Pero desde la oposición criticaron, por ejemplo, que el Presidente no usara sus atribuciones cuando planteó la idea de un grupo para revisar la admisibilidad de los proyecto. ¿Ve un doble estándar?

-No he dicho jamás eso, porque el veto presidencial es una facultad excepcionalísima, para casos graves en que se podría dañar el Estado de derecho. Cuando el veto lo utiliza para servicios básicos donde tiene dudas de la constitucionalidad, pero también lo pretendía usar para el fin a la reelección, donde no hay ninguna duda de constitucionalidad, estamos en presencia de un daño a la democracia.

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