Política

Jaime Bellolio: “El gobierno ha entendido que necesita resistir la pulsión adversarial”

El alcalde de Providencia afirma que el Presidente José Antonio Kast no ha dejado de dar la guerra cultural, pero que entendió que no podían seguir en la lógica de oposición. Y ve que los republicanos, afligidos por un flanco derecho abierto, se han entusiasmado con esa batalla.

Es jueves en la tarde y en el oficialismo aún resuenan las duras palabras del Presidente Javier Milei en el Foro Madrid, en el que una y otra vez llamó a la derecha a organizarse para una “batalla transnacional” contra la izquierda.

En la derecha que sustenta al gobierno del Presidente Kast también hay una tensión subyacente -de varias- que radica precisamente en la “batalla cultural”. Y en ese panorama, el alcalde de Providencia, Jaime Bellolio (UDI), llama a priorizar acuerdos de largo plazo y critica la lógica confrontacional de sectores del oficialismo. Lo hace tras publicar una carta en conjunto con el alcalde Tomás Vodanovic, en la que proponen construir acuerdos de largo plazo en Chile para los próximos 30 años. Por esa razón, se reunieron esa mañana con los rectores de la Universidad Católica, Juan Carlos de la Llera, y de Chile, Alejandra Mizala.

En esta entrevista, Bellolio analiza el rol de Kast y los republicanos, advierte sobre los riesgos de la polarización y defiende la colaboración transversal: “La trinchera nos está haciendo olvidar las urgencias de la calle”, dice.

¿No es contraintuitivo lo que ustedes plantean cuando hoy las ideas que ganan en política son adversariales y basadas en la confrontación?

O sea, esto es absolutamente contracultural. Lo que se premia es la polarización, porque en el corto plazo, en la inexistencia de un futuro compartido, solo existen las emergencias. Y en eso la confrontación es mejor que la colaboración. Sin embargo, cuando hay más espacio de imaginarte un futuro común -y eso ocurre mucho en el mundo de los alcaldes, que es más concreto-, es donde empiezan a aparecer los ámbitos de colaboración.

¿Su aspiración no peca de buenista o cándida en este entorno?

En absoluto, porque primero creemos que esto es algo que en sí mismo es bueno. Segundo, que un adversario probablemente común es la lógica demagógica y populista, que arrasa por encima de la democracia liberal, que no cree en el valor de la diferencia. Para mí, la democracia no es que todos seamos idénticos, sino que los distintos podamos convivir juntos y nos ponemos de acuerdo racionalmente a quién le toca administrar.

La lógica de trinchera oculta las urgencias de la calle, por ejemplo en empleo, por ejemplo, en pensiones en el pasado. Nos demoramos 15 años en llegar a un acuerdo de cómo tenían que reformarse las pensiones. Votarlas y aprobarlas significó un costo para nuestra coalición, pero uno va a empezar a ver los frutos en el futuro.

Entonces, yo creo que las diferencias políticas no pueden ser una excusa para sacrificar el futuro del país. Entendemos el contexto en el que estamos. Sabemos que no es solo Chile, sino que también es una cuestión global. Sabíamos que por el hecho de proponer esto nos iban a llegar piedrazos. Han llegado, y significa que remece, pero lo que más se ve es que hay como energía dispersa y esto fue como un catalizador.

Su visión parte de la base de que en el adversario hay ideas igual de legítimas que las suyas, algo muy distinto a lo que plantea Milei.

Ahí hay algo que a mí me tocó vivir como parlamentario, como dirigente estudiantil y vocero de gobierno. La política de cancelación parte por no reconocer al otro como una persona válida y de eso se sigue que tú puedes justificar una serie de acciones. Entre ellas, el insulto, la agresión y después la violencia. Nosotros vimos en el octubrismo a aquellos que justificaban la violencia como método de acción política. Lamentablemente, eso ha traído reacciones en Latinoamérica, pero también en Europa, desde una derecha que dice: nos cancelaron durante mucho tiempo, ahora es nuestro turno. Esa lógica es la que impide que enfrentemos problemas que son gigantescos.

¿Eso implica que las ideas de izquierda y derecha son igualmente legítimas?

Yo creo que las propuestas de izquierda y derecha son legítimas, sobre todo tenemos diferencias de medios en los cuales uno tiene que hacer causa común. Ahora, para el punto, nosotros no pretendemos con el alcalde Vodanovic decir que pensamos lo mismo. De hecho, la carta que escribimos se llama Desde dos veredas distintas.

La pregunta es si acaso podemos ponernos de acuerdo en los límites de la cancha, con algunas cosas esenciales, y adentro vamos a seguir compitiendo.

Usted fue muy duro con el Frente Amplio siendo vocero de gobierno a propósito del estallido y la pandemia. ¿Esto significa que se ha suavizado su mirada respecto del Frente Amplio?

No, no es que haya cambiado mi opinión sobre el Frente Amplio o el Partido Comunista. Son mis adversarios políticos, tenemos miradas sobre la sociedad completamente distintas, pero inclusive en esos momentos del estallido y la pandemia mi rol también fue tender puentes con ese mundo en la diferencia.

Uno podría juzgar los resultados cuando el Frente Amplio propuso dos acusaciones constitucionales contra el presidente... Algunos dicen estar arrepentidos.

Exactamente, y el tiempo nos dio la razón. Entonces, yo creo que en esto, cuando uno promueve la colaboración, no significa renunciar a sus convicciones ni a sus ideas. No cabe ninguna duda de que en la época del estallido lo que se necesitó era mucho más diálogo, que se logró en algún minuto y significó un acuerdo en el cual se sumaron, no todos, personas del Frente Amplio y otros rompieron.

No me olvido de que a mí me amenazaron de muerte y a mis hijos también. Sin embargo, eso no es lo que motiva mi acción política. La lógica solo de la polarizacióna a lo único que te lleva es que los temas permanentes de las personas nadie los pone como urgencia. Entonces, la trinchera nos está llevando a olvidarnos de las urgencias de la calle y la diferencia política no puede ser la excusa para dejar como rehén el futuro de Chile.

La intervención de Milei estuvo marcada por una lógica adversarial en contra de la izquierda, muy confrontacional… ¿Ve eco de eso en republicanos y libertarios?

A muchos de nosotros nos han tildado de ‘derechita cobarde’, que es ese mismo estilo, tono y forma que viene desde Vox en España y obviamente algunos otros de La Libertad Avanza en Argentina. Yo creo que la verdadera cobardía es encerrarse en una sala llena de espejos y pensar que todos son iguales a ti, todos piensan como tú y que todo es fantástico. Es distinto a discutir y, por tanto, estar disponible a estar equivocado.

Ahora, el discurso de Milei también es en reacción a. En el caso de Chile, no hay duda de que después del estallido, y por el rol de parte de la izquierda radical, llegó una reacción que te dice: oye, como nos funaron y nos cancelaron y nos violentaron, entonces nos toca a nosotros. Yo no creo en ese estilo de lógica política. Nunca me ha gustado esta idea del enemigo en política. Otra cosa distinta es el adversario. Y la diferencia es que el enemigo es alguien a quien tú estás dispuesto a hacerle cualquier cosa.

Yo creo que hay límites, no solo en la dignidad humana, sino que hay límites en la verdad, hay límites en la libertad, y me parece que uno construye un futuro común no tratando mal al otro y tratando de buscar su peor versión, sino que más bien intentando generar colaboración en la diferencia.

Entiendo que hay países en los cuales eso hoy día se ve como imposible.

Milei también exacerbó la idea de dar la batalla cultural en contra de la izquierda. ¿Le gusta ese concepto?

Toda mi vida he estado en debates en donde me ha tocado ser minoría. Entonces entiendo a lo que se refiere en esta batalla cultural, es decir, ir a defender ciertas ideas, incluso en aquellos lugares en los cuales puedes ser minoritario. Cuando se hizo la reforma educacional en el gobierno de la presidenta Bachelet, a mí me tocó ser contraparte de la bancada estudiantil, entre comillas. Y fuimos a más de 500 debates en colegios, universidades, radio, televisión. Eso es, comillas, una batalla cultural, ¿no? Pero plantearlo simplemente en lógica con imagen de guerra es algo que a mí no me parece razonable.

Hoy día se ocupa el término batalla cultural no como el querer ir a debatir en el espacio público, sino querer aplastar al enemigo. Y eso no está bien.

¿Kast abandonó la batalla cultural como lo prometió en su campaña?

Obviamente José Antonio Kast ha defendido ideas que son de derecha. O sea, la megarreforma, que es una buena reforma y espero que tenga buenos efectos en términos de crecimiento del país. Ahí hay algo, si uno pudiese llamarlo cultural; es una mirada distinta a lo que se había hecho en el gobierno pasado.

El ministro Quiroz dijo que era parte de una batalla cultural.

Entonces, yo no diría que José Antonio Kast ha renunciado a la batalla cultural. Lo que pasa es que hay otras, comillas, batallas que llaman algunos, que se refieren únicamente a la moral sexual.

Y yo espero que estando en el 2026 no haya quienes estén planteando que tengamos que retroceder en ciertas cosas que nos entregan más diversidad y dignidad. Y en eso veo que el gobierno, o sea que José Antonio Kast, cuando fue candidato, dijo: las urgencias de las personas son otras y, por tanto, nos vamos a dedicar a ellas.

Pero desde el Partido Republicano han enarbolado ideas que van más allá del gobierno de emergencia, y entre los libertarios también. ¿Se han ido entusiasmando con la idea de avivar esa batalla cultural?

Sí, lo que pasa es que en el Congreso siempre va a existir esta idea como de diferenciación. Y mi impresión es que al Partido Republicano le ocurre lo que de alguna forma le pasó a Chile Vamos en el pasado, que es que le apareció alguien por la derecha y sienten que tienen que cerrar ese flanco. Yo no soy quién para hacer recomendaciones a coaliciones, pero mi experiencia en el gobierno indica que es muy importante que al gobierno le vaya muy bien.

Entonces, el Presidente Kast ha dicho claramente que él no va a impedir que ocurran una serie de propuestas o conversaciones, pero es muy importante que estemos todos conscientes de que si al gobierno no le va bien, lo que va a ocurrir es que el próximo presidente va a ser de oposición.

Deduzco que sí cree que los republicanos están entusiasmados con esta batalla.

Yo creo que ellos en el Congreso se ha generado esta lógica de diferenciación para tratar de cerrar su flanco derecho. Y creo que, más bien, lo que se podría hacer es promover ciertas ideas y las propuestas que el mismo gobierno está haciendo. Y que sepan, además, parar algunos errores a tiempo. Por ejemplo, en la agenda en materia de seguridad, que de un conjunto de iniciativas, nos hemos concentrado únicamente en la reforma constitucional, que tal como se presentó es un error.

Demencial, dijo usted.

Porque para una persona de derecha, y aquí le pongo apellido, liberal, clásica y gremialista, el Estado tiene que tener un coto, tiene que tener un límite, pesos y contrapesos. Por tanto, plantear un estado de excepción de 120 días renovables por otros 120 con escasos pesos y contrapesos me parece que es contraria a la idea del liberalismo clásico, de los principios del gremialismo como tal.

¿La actitud del gobierno debiera ser resistir más esta pulsión adversarial que hay en sus bases?

El gobierno se ha dado cuenta de que, como le ocurrió al gobierno pasado, otra cosa es con guitarra. No es lo mismo ser oposición que ser gobierno. Y segundo, no es lo mismo estar en una elección que luego gobernar. Ha entendido que necesariamente, para cuando uno quiere gobernar, necesita resistir a la pulsión adversarial, lo cual no significa presentar solo proyectos de ley que tengan un 100% de aprobación. Hay que mostrar resultados, y esos resultados llegan mejor cuando hay acuerdos. Entonces, en la megarreforma no hay duda de que el gobierno buscó encontrar aliados y los encontró, porque si no, no se hubiese aprobado la reforma tal como estaba.

Se tiene que evitar la idea de que en todas las áreas lo mejor para el país es morir con las botas puestas. Hay áreas en las cuales vas a ser minoría y vas a plantear cuál es tu posición y ya, ok. Y otras en las cuales necesitas generar consenso para lograr no tu óptimo, pero algo que avanza en la dirección de lo que tú quieres. De eso se trata también gobernar. Entonces, por eso son necesarios los acuerdos cuando uno gobierna.

Se ve un cierto desorden en la medida en que los partidos de gobierno plantean propuestas que generan mucha tensión interna, pero que finalmente no llegan a nada. ¿Falta un liderazgo más ordenador por parte del presidente?

Creo que el presidente trazó una línea en eso. Dijo que no iba a impedir que ocurrieran ese tipo de debates. Me parece bien. Lo que sí es que puede que no desvíe la agenda, pero desvía la atención mediática, por lo menos. Y entonces obliga a los ministros a tener que contestar si están de acuerdo o no con ciertas cosas que nacen desde el Congreso, al cual después tienen que ir a pedir el apoyo para otro tipo de reformas. Cuando tú estás en un gobierno, lo que debiese haber más bien es un interés porque el mensaje del gobierno se difunda mucho más. Y eso no ha ocurrido.

¿Y qué rol debiera cumplir el presidente en ese escenario?

Tengo un modelo distinto, obviamente. Pero el presidente es presidente de todos los chilenos, pero al mismo tiempo también es jefe de coalición. Tiene que saber, claro, hacer esa distinción: cuando le habla al país les está hablando absolutamente a todos y no solo a los propios. Y eso yo creo que José Antonio Kast lo ha entendido súper bien. Pero también tiene un rol como jefe de coalición. Entonces, sentar a los miembros de los partidos los lunes no es suficiente. Tiene que haber un trabajo más intenso en ese ordenamiento político, los partidos no se ordenan porque sí.

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