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CEO de Colbún: “El principal desafío como sector es utilizar la abundancia de energía que tenemos”

Entre los nuevos negocios que evalúa, la eléctrica está trabajando en proyectos para desalar agua para uso industrial. "Colbún lleva moviendo e impulsando agua desde hace 40 años", dice su gerente genetal, José Ignacio Escobar. El ejecutivo alerta por la sobreinversión en el sector en sistemas de almacenamiento. “Aprendamos de los errores y no generemos un problema al nivel de tener vertimientos de baterías”, afirma sobre los 10 mil MW que habrá instalados en dos años más en Chile.

03/09/2026 - JOSE IGNACIO ESCOBAR. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Es hoy por hoy una de las principales voces de su sector en el país. Y en esa línea José Ignacio Escobar, el CEO de Colbún, brazo energético del grupo Matte, no disimula sus preocupaciones por el sistema eléctrico de la nación.

“Es de amplio conocimiento que Chile hizo un trabajo espectacular en los últimos 15 años de desarrollo de energías renovables: solar, eólica y baterías, actualmente. Eso nos llevó a tener una capacidad instalada casi cuatro veces la demanda”, apunta. Su diagnóstico, así, es que hay “mucha energía que no estamos siendo capaces de utilizar”.

Para respaldar esta afirmación, Escobar pone datos sobre la mesa y resalta que el año pasado se perdió una enorme cantidad de electricidad producida que podría haber sido aprovechada. “El principal desafío que tenemos como sector eléctrico es poder utilizar de forma eficiente la abundancia de energía que tenemos”, advierte.

Actualmente, Chile tiene 40 mil MW de capacidad de generación de energía y su demanda es de sólo 10 mil MW.

Con esta sobrecapacidad, Escobar llama la atención: “Solamente el año pasado se perdieron casi 7 terawatts (un millón de MW) de energía. O sea, tiramos a la basura, porque no fuimos capaces de utilizarla, como el 8% de todo el consumo del país, lo que equivale a una gran minera o una ciudad mediana”.

Para enfrentar la problemática del llamado vertimiento de energía, la industria ha recurrido como solución a las baterías de almacenamiento. Sin embargo, hoy también estamos frente a una sobreoferta de baterías, según Escobar.

“Una de las incertidumbres es que es difícil predecir lo que va a pasar con los 10 mil MW de baterías que vamos a tener instalados en Chile en dos años más. Ya hay casi 3 mil MW, hay otros 3 mil MW en prueba y otros 4 mil en construcción”, levanta.

Teniendo como base que cada batería tiene una duración promedio de cuatro horas, Escobar hace una matemática simple para explicar cuál es la necesidad actual del sistema e ilustrar la sobreoferta:

“Si en invierno, que es la temporada sin luz día más extensa, tienes 8 horas de sol y 16 de sombra, divides esos 10 mil MW en baterías por cuatro horas de duración, son cuatro bloques de 2.500 MW cada uno. Nuestra sensación es que es una capacidad de almacenamiento gigantesca. Es más, lo que ya tenemos operando en baterías (3 mil MW) es la mitad de la cantidad de energía embalsada en todos los embalses que tiene Chile, que se demoraron más de 50 años en ser construidos. Entonces, en sólo tres años construimos la mitad de esa capacidad en baterías, y en dos años más vamos a tener más que toda la capacidad embalsada en baterías. Uno tendería a pensar que entre los embalses y las baterías ya tenemos una cantidad de energía renovable disponible para ser despachada 24 horas, lo que debería exceder la demanda”, explica.

En esa línea recuerda lo ocurrido hace unos años: “¿Ya aprendimos del error de sobreinstalar energía solar?“. Y se responde a sí mismo: ”Hoy día, Chile tiene 13 mil MW de energía solar que opera durante el día y parte importante se está vertiendo. Por eso se generaron incentivos regulatorios para almacenarla. Y ahora ya vamos a ser capaces de almacenar 10 mil MW. Por tanto, aprendamos de los errores y no generemos un problema al nivel de tener vertimientos de baterías. ¡Imagínate, almacenamos la energía vertida en el día y ahora no somos capaces de despacharla en la noche, porque también se vierte! ¡Es el vertimiento del vertimiento!“, alerta.

El multicarrier de la distribución

Los desafíos del sector eléctrico corren por varios circuitos. Aunque Colbún sólo se dedica a la generación, está obligada a trabajar junto con las industrias de la transmisión y la distribución. Y esta última está enfrentando cambios relevantes.

A fines de julio se aprobó el proyecto de ordenamiento tarifario, impulsado por el gobierno actual, para resolver una deuda histórica con las distribuidoras, renegociar contratos y continuar con el subsidio eléctrico, entre otros aspectos.

“Estamos reseteando todas las intervenciones regulatorias que se hicieron durante muchos años, porque es muy difícil poder proyectar el sector a largo plazo si todavía tenemos temas pendientes por ir zanjando”, comenta Escobar.

La siguiente gran tarea sectorial del gobierno es sacar adelante una reforma a la distribución, pendiente por años. Escobar observa que la industria de generación ha sido competitiva, con múltiples tecnologías y actores, y cree necesario que haya cambios en la distribución: “hay que generar espacios para fomentar la competencia, para mejorar la calidad de la infraestructura y darle más opciones a los usuarios”.

¿Cómo debiera cambiar la normativa de la distribución?

-La experiencia ha demostrado que, haciendo una buena regulación, puedes separar los dos mundos: por un lado, el de la explotación y el mantenimiento de la infraestructura y, por otro lado, el de la comercialización de la energía que circula por esas redes. Ahí puedes generar espacios de competencia. En España, por ejemplo, las comercializadoras funcionan bastante bien. Los usuarios tienen muchas opciones de elegir a quién le compran energía.

Así, Escobar revive una histórica idea del sector que es poner en marcha una especie de multicarrier eléctrico, como ocurrió en 1995 en las telecomunicaciones. Esto, para que los clientes finales más pequeños tengan la opción de elegir, entre varios, a un comercializador de energía que no necesariamente sea el mismo dueño de las redes, las distribuidoras. Aquello hoy solo lo pueden hacer los clientes libres, que tienen una potencia conectada o demandada superior a 300 kW, es decir, desde grandes mineras hasta edificios u hospitales.

En caso de abrirse este negocio, ¿Colbún podría participar?

-Ya tenemos decenas de clientes libres que están conectados a redes de distribución, por tanto tenemos que pasar por redes de distribución para llegar a ellos. Entonces, es algo que tendremos que evaluar en su momento.

Los controvertidos data centers

En el último quinquenio, el sector eléctrico ha tenido cambios tecnológicos a nivel de la oferta. Pero también de sus clientes, con un nuevo actor que es gran demandante de energía: los data centers.

Con el boom de la inteligencia artificial, estos complejos se han multiplicado por el mundo. Y Escobar ve aquí una enorme oportunidad de desarrollo para el país, pues la sobrecapacidad de producción de energía existente podría responder a esa demanda. En países como Estados Unidos, la inundación de estos data centers ha generado rechazo de comunidades vecinas por sus efectos en el consumo de agua y de energía.

¿El alto consumo de agua y la demanda de energía de los data centers, podría provocar alzas en los precios que repercutan en los consumidores, como reclaman en Estados Unidos?

-Justamente por esto es que los desarrolladores de data centers están empezando a buscar en otras latitudes. No es que no se puedan hacer más data centers, es que ya el costo marginal de hacer un nuevo data center allá tiene un efecto en los precios o en el consumo de agua, o en lo que sea. En Estados Unidos, para la mayoría de los nuevos data centers se exige un proyecto adicional de energía, para que no consumas demanda actual, sino que generes. De hecho, ya no se habla de terrenos para data centers, sino de powered land, terrenos para data centers que tengan proyectos energéticos.

¿Con el agua pasa lo mismo?

-Lo del agua está resuelto. Hoy día los data centers funcionan con circuito cerrado de refrigeración, por lo tanto, el tema agua pasó a una prioridad mucho más baja. Los antiguos data centers requerían agua fluyendo y hoy en día es mucho menor el consumo de agua, así que eso no es problema.

¿Cuál entonces podría ser el efecto en Chile de tener más data centers?

-Chile tiene 40 mil MW (de capacidad de generación) con una demanda de 10 mil MW. Por lo tanto, tenemos suficiente espacio de crecimiento para data centers, minería, desalación y electromovilidad para proveer estos servicios sin tener un impacto en las cuentas. Al revés, el efecto positivo que se puede tener aprovechando este potencial, que hoy en día se está desperdiciando, es que va a tener un efecto en la generación de empleo, en la contribución al PIB y en el desarrollo de nuevas infraestructuras.

En Chile hay una decena de data centers, ¿consumen tanta energía?

-En Santiago son todos chiquititos. En potencia, deben ser como 100 megawatts en total, porque son generalmente data centers para cloud computing o servicios de streaming. En Chile todavía no hay data centers hiperescalares, que son los que procesan la IA, que ya estamos hablando de volúmenes de 10 veces. O sea, sólo un data center hiperescalar es de 500 a 1.000 megas.

Desalación y minería

Los yacimientos mineros son cada vez más profundos y las empresas necesitan procesar más material para conseguir la misma cantidad de cobre, requiriendo así más energía. ¿Les ha beneficiado este escenario?

-El 60% de nuestra producción se vende a clientes mineros. A mucha honra: por cada libra de cobre que se vende en el mundo, entre un 5 y un 6% viene con energía de Colbún. Proyectamos que una parte relevante de nuestro crecimiento en lo que queda de esta década y la próxima va a ser de la mano con nuestros clientes mineros. Por lo mismo, tenemos preparada una cartera de proyectos muy diversa, de gran escala para poder abastecer esa demanda en los tiempos y el volumen adecuado (...) Trabajamos con todas las grandes mineras.

Los costos del sector minero de energía han aumentado con el tiempo.

-Más o menos el 20% del total de los costos de la minería hoy es energía eléctrica. Hay más molienda, más transporte, hay que bombear agua, el agua hay que desalarla, bombearla hasta cientos de kilómetros. Ahora, todas las industrias se están poniendo electrointensivas: las salmoneras están buscando cómo electrificarse, lo mismo la agroindustria.

Desaladora.

Cuando habla de desalinización, ¿su idea como Colbún es abastecer de energía o hacer plantas desalinizadoras?

-Ambas. Nosotros le vendemos energía eléctrica a desaladoras actuales y estamos desarrollando proyectos de desalación para terceros, donde nosotros hacemos la desalación y el suministro eléctrico.

¿Y eso dónde?

-Por ahora tenemos un portfolio de proyectos, nada todavía concreto. ¿Cómo funciona? Un cliente minero al cual abasteces de electricidad te pide una solución de agua, lo que finalmente es electricidad con una desaladora en la mitad y el bombeo en que el 30 o 40% del Opex (gasto de capital) es electricidad, no es algo ajeno a lo que sepamos hacer. Colbún lleva moviendo e impulsando agua desde hace 40 años. Hacer ductos para impulsar agua desalada es exactamente lo mismo. Tenemos know how y a los mejores ingenieros hidráulicos de Chile.

¿Pero tienen capacidad técnica para desalar?

-Tenemos desaladoras en Colbún, en la central Nehuenco en Chile y en Fénix en Perú. Las plantas termoeléctricas funcionan con desaladoras.

¿Tienen contratos de desalación?

-No todavía. Es un mercado que va al ritmo de la minera, entonces en el fondo son procesos. Pero estamos trabajando en eso, es un área que nos interesa bastante porque es muy cercana a lo que hacemos.

O sea, ¿tienen proyectos para participar en licitaciones?

-Sí.

¿Podríamos ver algún proyecto de desalación pronto, este año, el otro, o más al 2030?

-Creo que más hacia el 2030. Me encantaría, pero hay que ser realistas. Son ciclos de venta muy largos. A diferencia de la energía eléctrica, que si yo no tengo clientes, la puedo vender al mercado spot, el negocio de desalación, del data center y del hidrógeno verde es punto a punto. Es decir, tengo que tener un cliente con un contrato que me garantice la venta de ese producto para poder hacer la inversión.

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