Por Juan Paulo IglesiasJosé Tolentino de Mendonça: “La transformación de la IA es tan grande que puede escaparse de las manos del hombre”
El cardenal portugués, poeta y prefecto del Dicasterio de la Cultura y la Educación, acaba de lanzar una Trienal de Arte contemporáneo como una vía para valorar lo humano frente al avance de las nuevas tecnologías. “El arte -dice- es un lenguaje privilegiado para poner en comunicación a los grupos humanos”.

José Tolentino de Mendonça (60) es poeta. Ganador de más de una decena de premios literarios, tiene más de 40 libros a su haber, entre los que destaca A Noite Abre Meus Olhos. “Es el mejor poeta actual de mi lengua, merecería el Premio Nobel”, escribía Javier Cercas, citando al escritor portugués Valter Hugo Mae en su libro sobre el viaje del Papa Francisco a Mongolia, El loco de Dios en el fin del mundo.
Pero José Tolentino de Mendonça también es cardenal. Y no cualquiera. Actualmente es prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, donde fue designado por el Papa Francisco en un ascenso meteórico. De ser un “simple sacerdote”, como él mismo le dijo al Papa argentino cuando este le pidió en 2018 predicar a los cardenales en el tradicional rito previo a Semana Santa en Roma, pasó a recibir un año después el birrete cardenalicio y participar más tarde en la elección de León XIV.
Cuando se le pregunta, sin embargo, cómo se define, si como un poeta-cardenal o un cardenal-poeta, no duda. “Yo soy un cardenal, un sacerdote, un hombre de Iglesia, y vivo mi vocación, pero sucede que este hombre de Iglesia es también un poeta, también un escritor, también un profesor, que lo he sido toda mi vida. Y creo que no son cosas distintas, cada persona es la síntesis de lo que la persona es”.
Y desde esa síntesis, el cardenal Tolentino ha impulsado una serie de iniciativas para promover el arte y la cultura bajo el auspicio del Vaticano, como un camino para responder a los desafíos de los tiempos actuales, con inteligencia artificial de por medio. El año pasado creó Conciliazione 5, una galería de arte en la tradicional Vía della Conciliazione en Roma, en una iniciativa inédita. Y este año lanzó una Trienal de Arte, junto a varias universidades católicas del mundo, como un espacio para responder a los desafíos actuales.
En el proyecto participa la Universidad Católica, que inauguró el jueves pasado la versión chilena de la muestra en el Museo de Artes Visuales MAVI UC, que se desarrollará también en Río de Janeiro, Bogotá, Boston, Milán, Lisboa y Luanda. Una iniciativa que, según el rector Juan Carlos de la Llera, “invita a dialogar con la sociedad a partir de preguntas que no tienen respuestas sencillas: ¿Qué es ser empático y cómo podemos serlo más unos con otros?, ¿qué puentes debemos construir para enfrentar juntos los desafíos de nuestro tiempo?”.
“El objetivo”, dice De la Llera, “es precisamente abrir esa conversación” y recordar que “en un mundo marcado por enormes transformaciones tecnológicas, seguimos teniendo la capacidad profundamente humana de conectarnos con el otro, de crear”.
Sobre esos dilemas y la relación entre el arte, la cultura y los acelerados cambios tecnológicos, el cardenal Tolentino conversó con La Tercera desde Roma.
¿Por qué el Vaticano, a través del Dicasterio que usted dirige, decide impulsar una iniciativa sobre arte contemporáneo?
El arte es un lenguaje que nos permite ir al fondo de la experiencia humana e identificar más inmediatamente las grandes preguntas, el sentimiento de nuestro tiempo. Y es un lenguaje universal, porque es un lenguaje simbólico. Mientras nuestras lenguas tienen naturalmente sus límites, el lenguaje artístico tiene una universalidad, les llega a todos, es transfronterizo, pasa de una parte a otra. Por eso, es un lenguaje privilegiado para ayudar a la comunicación, pero no una comunicación utilitaria, sino de valores, de sueños, de deseos, y también de heridas, de sufrimientos. El arte hace de nosotros una especie de vasos comunicantes, por eso es un lenguaje privilegiado para poner en comunicación a los grupos humanos. Por otra parte, en el Dicasterio de la Cultura y la Educación somos responsables por este aspecto de la misión de la Iglesia, y una de nuestras intuiciones fue que sería importante llevar el arte contemporáneo a lugares inesperados.

Pero ¿no es habitual esta relación entre Iglesia Católica y arte contemporáneo?
La misión de la Iglesia es llevar el Evangelio al servicio de la persona humana. Esto no se hace en un modo abstracto, se hace en lenguajes concretos y encarnados, que pueden dar una dimensión del mundo, de la realidad a la propuesta del Evangelio siempre traducida en nuevos lenguajes. Esta propuesta es también una propuesta de servir a la persona humana, de servir a las sociedades, anunciando en la empatía un desafío de amor al prójimo, de amor a nuestros semejantes. Y hay que hacerlo en un lenguaje que hoy pueda ser relevante. Para la Iglesia la prioridad es el ser humano, es tocar el corazón del ser humano con una buena nueva de felicidad y esto nos involucra en la realidad. Por eso, por ejemplo, la Iglesia tiene universidades. Podemos decir que no es la prioridad de la Iglesia la educación, no es la prioridad la ciencia, pero en cambio sí lo es. Todo lo que es humano nos interesa. No existe solo el arte, pero no se puede existir sin el arte y sin las otras dimensiones de lo humano.
La iniciativa ha sido vinculada con la encíclica del Papa sobre la inteligencia artificial. ¿Cree que el arte es una respuesta a los riesgos y desafíos que plantea la IA?
Es interesante el subtítulo de la encíclica: “La custodia de la persona humana en el tiempo de la IA”. Es verdad que la inteligencia artificial es un tema muy importante en la Magnifica Humanitas, pero el tema es lo humano en la era digital. La era digital es esta era que estamos viviendo, como vivimos en el pasado el Renacimiento, vivimos la Modernidad, ahora estamos en la era digital. Entonces la encíclica del Papa León nos responsabiliza a todos a pensar lo humano en sus diversas expresiones y en esta época que estamos viviendo. ¿Cómo desarrollar nuestra humanidad? ¿Cómo custodiar en nosotros la humanidad en un tiempo de tecnología invasiva, donde la tecnología parece una panacea, una solución mágica para todas las cosas? ¿Cómo no sacrificar el elemento humano al desarrollo del progreso tecnológico? Y por eso pienso que el arte es un observatorio muy importante. Los artistas tienen aquí un papel de gran impacto social, porque son como antenas de lo humano, y de lo humano a veces más frágil. Ayudan a dar voz y a dar imagen a lo que no se ve inmediatamente o que no se escucha, que es el sentimiento sumergido de nuestro tiempo. El arte es una gran antena.
Usted es poeta y el arte muchas veces ha sido provocador, pero eso no parece algo propio de la Iglesia Católica, la Iglesia Católica es más bien conservadora. ¿Cómo conviven estas dos miradas?
Creo que debemos abandonar los lugares comunes. Un lugar común es que la Iglesia por su naturaleza es conservadora. Es verdad que la Iglesia está llamada a conservar su tradición. La Iglesia está llamada a conservar, pero también a innovar, a ser profética. El Papa, en la primera parte de la encíclica Magnifica Humanitas, habla de la doctrina social de la Iglesia. Un aporte muy importante que el cristianismo y la Iglesia Católica dan a la visión social del mundo. Entonces todo esto son ideas nuevas, son aportes. Hay que salir del lugar común de decir que a la Iglesia no le interesan las ideas nuevas. No, lo nuevo le interesa mucho a la Iglesia y también hay que salir del lugar común de decir que al arte le interesa solo la provocación. No, el arte contemporáneo vive en un diálogo permanente con el arte antiguo. El arte no es solo sincrónico, es también diacrónico. Digamos que sin el arte bizantino no se entiende el arte contemporáneo. A veces parece que estamos viendo cosas por primera vez, pero en realidad hay un hilo de continuidad en la historia del arte que es indispensable citar y comprender también para entender el alcance de los gestos que hoy hacen los artistas contemporáneos. Por ejemplo, en el pabellón de la Santa Sede en la Bienal de Venecia nosotros elegimos la figura de una mujer, de una santa medieval como propuesta para artistas como Patti Smith, Brian Eno, Alexander Kluge, Raúl Zurita, para establecer un diálogo, un diálogo entre el presente y el mundo medieval. Y debo decir que Raúl Zurita es ejemplar, porque siendo una de las grandes voces poéticas de la contemporaneidad, vive en un diálogo permanente con las raíces de la poesía hispánica, pero también del canon occidental. Lo que Zurita hace es al final un tránsito, un movimiento que nosotros reconocemos mucho en el arte contemporáneo. Por eso hay que ir más allá de estas categorizaciones apresuradas que hacemos de que los artistas son provocadores y los hombres de Iglesia son la conservación del pasado. Debemos estar abiertos a ver la profundidad que cada realidad transporta.

Quería volver a la inteligencia artificial y a los peligros que usted ve en ella. ¿Cree que es una amenaza para el ser humano?
Es una oportunidad gigante, porque realmente abre nuevas posibilidades y ciertamente en muchos campos constituirá una ayuda, un desarrollo enorme y nos abrirá un magnífico mundo nuevo. Sin embargo, la transformación que la inteligencia artificial trae es tan grande que puede escaparse de la mano del hombre. Y el ser humano necesita de una educación para poder usar bien esta herramienta fascinante y grandiosa y al mismo tiempo terrible o que puede ser terrible. Por primera vez en la historia, por el hecho de estar todos conectados, podemos vivir una transformación que tiene un impacto no solo en nuestras instituciones, sino también en las personas concretas y en su modo de ser. El Papa no está contra la inteligencia artificial. Él dice que necesitamos desarmar la inteligencia artificial y evitar que se vuelva un arma contra el hombre. Debe ser un instrumento que ayude al progreso a encontrar nuevas soluciones. Es una cuestión de tener verdaderamente el control, que la inteligencia artificial no sea un arma para agravar las desigualdades, no sea un poder en manos de pocos, sino un bien compartido al servicio de toda la humanidad. Necesitamos hablar sobre la inteligencia artificial no de un modo técnico, sino de las consecuencias humanas de este cambio de época.
¿Cree que existe el peligro de que se instale la idea de que la Iglesia está en contra de la inteligencia artificial?
No, porque no se puede estar en contra de algo que marca el tiempo. No, no se puede estar, por ejemplo, contra la escritura. En el diálogo de Platón, Sócrates decía que en la transición de la sociedad oral a la sociedad de la escritura había que tener cuidado, porque se podían perder muchas cosas. Decía, por ejemplo, que con la escritura los hombres se volverán perezosos y no conservarán en la memoria los grandes conocimientos. Sin duda, algo se pierde en la transición de los dispositivos. La transición de una sociedad de la escritura tradicional a mano o mecánica a la inteligencia artificial es un cambio radical de época, pero no se puede estar en contra de las distintas épocas, porque, como dice la encíclica, la inteligencia artificial es también expresión de la genialidad humana que crea estos dispositivos que son verdaderamente maravillosos. La cuestión es la responsabilidad de usarlos bien.

Usted participó en el cónclave, ¿le sorprendió la elección del Papa León? ¿Cómo es su relación con él?
Yo soy un colaborador del Papa León, estoy a su servicio, al servicio de su misión, y para mí es un privilegio muy grande poder colaborar con él. Pienso que tenemos un gran Papa y el tiempo ayudará a conocerlo cada vez más. El Espíritu Santo condujo muy bien a los cardenales para elegir al cardenal Prevost. En este primer año de su pontificado todos han entendido mejor la elección. Hoy nos parece una elección muy natural y eso es excelente.
Algunos lo ven como un contrapeso a figuras como Donald Trump. ¿Comparte esta visión?
El Papa León es el vicario de Cristo. Y el sucesor de Pedro, y lo será siempre.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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