Por Andrés GómezMatías Walker: “Hoy es imposible formar un conglomerado político con el 62% del Rechazo”
A cuatro años del plebiscito constitucional, el senador reconoce que Demócratas y Amarillos fracasaron en su intento por representar al centro y descarta que el 62% pueda transformarse en una alianza política. Aunque apoya al gobierno, advierte que el Partido Republicano es “una piedra en el zapato” para Kast.

La luz del mediodía entra por los vitrales del salón de honor del Senado y aviva los colores de El descubrimiento de Chile, el mural de Pedro Subercaseaux. La historia larga y la historia corta se cruzan entre las paredes del ex Congreso Nacional. El senador Matías Walker camina por los pasillos alfombrados y, cuando pasa frente a la Sala Pedro León Gallo, recuerda:
-Ahí se firmó el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución.
Entre 2021 y 2022, en este mismo espacio republicano, la Convención Constitucional elaboró su propuesta de nueva Carta Fundamental. Entre tensiones políticas y exóticas controversias, los convencionales entregaron un texto de espíritu refundacional, rasgos maximalistas y vocación de minorías.
El domingo 4 de septiembre de 2022, la opción Rechazo obtuvo el 62% de los votos en el plebiscito de salida: un portazo abrumador.
Aquella noche, el senador Matías Walker y su par Ximena Rincón celebraron el resultado cantando el Himno Nacional. Su opción por el Rechazo les costó la expulsión de la DC y posteriormente los llevó a fundar Demócratas, partido que se disolvió a comienzos de este año.
Hoy, Matías Walker apoya al gobierno de José Antonio Kast; Ximena Rincón fue más allá: se integró al gabinete como ministra de Energía. Después de un segundo proceso constitucional también fallido, el cuarto aniversario del triunfo del Rechazo no es motivo de celebración, piensa el senador.
-Yo creo que no es una celebración, porque estuvimos dentro del 80% que quiso una nueva Constitución, pero sí se conmemora el triunfo del sentido común: cuando la gran mayoría de los chilenos dijo que no a una propuesta refundacional que dividía al país y desconocía instituciones democráticas básicas, como el Senado o el estado de excepción constitucional, que el presidente Boric después tuvo que invocar varias veces.
“Vivimos funas, cancelaciones y ataques en redes sociales. A mí me expulsaron del partido que había fundado mi abuelo con el presidente Frei Montalva”.
Fue en estos mismos pasillos donde se formó la centroizquierda por el Rechazo, recuerda Walker. “Vivimos funas, cancelaciones y ataques en redes sociales. A mí me expulsaron del partido que había fundado mi abuelo con el presidente Frei Montalva, Bernardo Leighton y otros, pero lo hicimos con la convicción de que había que hacerlo”. Otros, agrega, “callaron por temor” y les decían en secreto que el camino adoptado era el correcto.
También remarca que promovieron la reforma que hizo posible un segundo proceso constituyente y que, “lamentablemente, volvió a fracasar, esta vez por responsabilidad ya no de la extrema izquierda, sino principalmente de la extrema derecha”.

Visto en perspectiva, ¿hubo algo de ingenuidad en creer que después del Rechazo podría abrirse un nuevo proceso exitoso?
No, porque presentamos nuestro proyecto de los cuatro séptimos, que fue rechazado en un primer momento por el presidente Boric. Estando en una gira por Estados Unidos, dijo que habíamos llegado tarde. Pero con los cuatro séptimos le dimos credibilidad a la vía para intentar un nuevo proceso constituyente. Lamentablemente, quienes tuvieron la oportunidad de liderar la elaboración de una nueva propuesta constitucional también privilegiaron ciertas ideas identitarias. Junto con ello estuvo la renuencia de la izquierda en la Comisión Experta a mejorar el texto, por ejemplo, respecto del aborto en tres causales.
Walker agrega que “insistí en que debía privilegiarse una Constitución que reforzara la seguridad, porque el Partido Republicano obtuvo un 35% con la promesa de ofrecer mayor seguridad y con un discurso contra la migración, pero después no supo administrar esa mayoría. Queremos seguridad, pero no vamos a renunciar a las libertades ni a los derechos reproductivos de las mujeres, por ejemplo. Esa fue la gran lección de los dos procesos constituyentes”.
Quienes detentaron la mayoría —la izquierda en el primer proceso y la derecha en el segundo— privilegiaron propuestas identitarias por sobre la posibilidad de generar una propuesta que hiciera sentido a la gran mayoría de los ciudadanos.
Después del doble fracaso, ¿con qué sensación se queda?
Con la tranquilidad de conciencia de haberlo intentado hasta el final: como presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara en el primer proceso y como presidente de la Comisión de Constitución del Senado en el segundo. Y también con la frustración de que quienes detentaron la mayoría —la izquierda en el primer proceso y la derecha en el segundo— privilegiaron propuestas identitarias por sobre la posibilidad de generar una propuesta que hiciera sentido a la gran mayoría de los ciudadanos.
Usted ha escuchado autocríticas de líderes de centroizquierda que apoyaron el Apruebo. ¿Ha visto la misma actitud en la derecha respecto del segundo proceso?
No. No he visto ninguna autocrítica de los republicanos respecto de por qué fracasó el segundo proceso. Deberían hacerla. También deberían reconocer sus errores quienes, desde la Comisión Experta, no hicieron todo lo que podían para mejorar el texto. Cuando el texto del Consejo Constitucional volvió a la Comisión Experta, existía la posibilidad de generar una propuesta que concitara consensos, pero hubo una decisión de la izquierda de no querer mejorarlo. Eso lo lamento profundamente.
Lo que sí lamento es que las fuerzas de centro y de centroizquierda por el Rechazo, quienes veníamos de la Concertación, no hayamos logrado canalizar ese protagonismo en un solo conglomerado político.
A la luz de los resultados de diciembre pasado, ¿cree que se consolidó un nuevo clivaje Apruebo-Rechazo en lugar del Sí y el No?
Pepe Auth, de alguna manera, esbozó esa tesis. Era algo que muchos veíamos con esperanza: que, a partir del Rechazo se pudiera generar un nuevo clivaje. Pero, a decir verdad, el 62% no le pertenece a ningún sector político. Aun cuando tuvimos un papel protagónico junto con Ximena Rincón, Carlos Maldonado, Cristián Warnken y otros, nunca nos sentimos dueños de la verdad ni del 62%. Siempre entendimos que era muy amplio, porque iba desde la derecha hasta la izquierda. Por lo tanto, sabíamos que era muy difícil darle una conducción política.
Lo que sí lamento es que las fuerzas de centro y de centroizquierda por el Rechazo, quienes veníamos de la Concertación, no hayamos logrado canalizar ese protagonismo en un solo conglomerado político. Yo insistí mucho en que no formáramos dos partidos, Demócratas y Amarillos, sino uno solo. Lo conversé con mis amigos de Amarillos, pero las cosas son como son. Perdimos la oportunidad de crear un referente de centro.

¿Por qué el centro no logró capitalizar el triunfo del Rechazo?
Porque no ha habido una oferta genuinamente de centro durante los últimos años. Y eso hay que reconocerlo. La encuesta CEP y un estudio de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica muestran que entre un 30% y un 40% del electorado se identifica con el centro.
Ojo: ese electorado votó por Bachelet en la segunda vuelta de 2013, por Piñera en la segunda vuelta de 2017 y por Boric en la segunda vuelta de 2021. Ahí se repitió el 55% contra el 44%. ¿Por qué? Porque fueron candidatos que salieron a buscar el centro en la segunda vuelta. Y eso ocurrió también con José Antonio Kast, con el 58% que obtuvo en 2025 frente a Jeannette Jara.
La falta de una oferta centrista, dice, “es responsabilidad de la Democracia Cristiana, pero también es responsabilidad nuestra, de quienes pudimos haber conducido la creación de una gran fuerza política que no renegara de lo que fueron los gobiernos de la Concertación y que hubiera estado con el Rechazo. No fuimos capaces”.
Para despejar el punto, ¿por qué ni Demócratas ni Amarillos lograron convocar al centro?
Primero, porque nos separamos. No había espacio para que dos partidos intentaran representar al centro. En las elecciones parlamentarias fuimos divididos porque Amarillos tomó la decisión, legítimamente y de acuerdo con su propio análisis electoral, de presentar candidatos por separado. También fuimos incapaces de llevar una candidatura presidencial a la primera vuelta. Evelyn Matthei logró convocar a un electorado de centro. Pero, frente a una candidatura del Partido Comunista, el escenario político volvió a tensionarse entre los dos polos. Lo lamenté profundamente, porque Matthei podría haber pasado a la segunda vuelta y haber sido una estupenda presidenta.
¿El centro político se volvió un vagón de cola de la derecha? ¿En qué posición están ahora respecto del gobierno?
Nos ha faltado personalidad para pararnos sobre nuestros propios pies desde el centro. Hay muchos liderazgos y mucha gente que salió de la DC, o fue expulsada, y que no ha encontrado un nuevo domicilio político. Tenemos, entre otros referentes, al presidente Frei. Sabemos que no va a renunciar a la DC, por más que hayan tratado de expulsarlo. Después tendrá que tomar la posta una nueva generación.
Nunca había visto una reacción académica, política y de especialistas en seguridad tan amplia contra una propuesta.
Matías Walker señala que “antes de la segunda vuelta el Presidente Kast declaró que quería convocar al 62% del Rechazo y formar una suerte de gobierno de unidad nacional. Después invitó a su gobierno a Demócratas, Amarillos y a personalidades que habían estado con la Concertación. El Presidente Kast habría querido convocar a mucha más gente de la Concertación. Hubo personas que, por razones personales y políticas muy respetables, declinaron esa opción. No voy a dar nombres, pero sé que hubo conversaciones”.

“¿Cuál es su problema?“, se pregunta. ”Tiene una piedra en el zapato, y se llama Partido Republicano. Esta fallida propuesta constitucional de seguridad tuvo un mérito: logró aglutinar desde la derecha hasta la izquierda en su contra. Nunca había visto una reacción académica, política y de especialistas en seguridad tan amplia contra una propuesta. Me alegro mucho, porque se ha logrado interpretar a una ciudadanía que quiere seguridad mediante herramientas efectivas, pero que no está dispuesta a sacrificar la libertad de todos los ciudadanos".
Al comienzo del gobierno, usted elogió el buen tono del presidente. ¿Lo ha ido perdiendo?
Ha habido señales contradictorias. Por cierto, está la gira presidencial a Europa antes de asumir. Lo de Italia está muy bien, porque Giorgia Meloni es una líder bastante transversal y que incluso ha confrontado algunas posiciones del Presidente Trump. Pero la visita a Viktor Orbán fue un error, porque estamos hablando de quien acuñó el concepto de “democracia iliberal”. Es un personaje que ha elogiado a gobiernos como los de China y Rusia, porque dice que allí el Estado funciona bien. Hay un desprecio por la idea de la democracia liberal.
Arturo Squella tiene que cuidarse de no convertirse en el Carlos Altamirano de este gobierno. El Partido Republicano debe permitir que el Presidente Kast siga hablándole al 58% y no preocuparse de hablarle solamente al 23% que votó por él en la primera vuelta.
También fue un error la postura identitaria que asumió el Partido Republicano con esta reforma constitucional. Si bien ahora admiten que ya no puede prosperar en la forma en que fue presentada, todavía no sabemos quién es el padre de la criatura. Ahí hay un problema.
Para el parlamentario, “el Partido Republicano, en vez de apoyar la tesis del Presidente Kast de convocar al 58% que votó por él en la segunda vuelta, ha optado por luchar por la hegemonía dentro de la derecha. Arturo Squella tiene que cuidarse de no convertirse en el Carlos Altamirano de este gobierno. El Partido Republicano debe permitir que el Presidente Kast siga hablándole al 58% y no preocuparse de hablarle solamente al 23% que votó por él en la primera vuelta”.
Dentro de ese 62% hay partidos, como el Republicano, que desconfían de principios básicos de la democracia liberal y están tentados por tesis identitarias.
En La UDI apuestan a capitalizar ese 62% mediante una amplia coalición. ¿Estaría dispuesto a sumarse?
Hoy es imposible formar una coalición política con el 62% del Rechazo, porque dentro de ese 62% hay partidos, como el Republicano, que desconfían de principios básicos de la democracia liberal y están tentados por tesis identitarias. Yo voy a seguir apoyando al gobierno en todo aquello que vaya en la dirección del sentido común, como la reactivación económica y la agenda legislativa de seguridad. Pero voy a rechazar lo que implique retrocesos en las libertades individuales y los derechos sociales.
En este sentido, afirma, “no voy a aceptar que se toque el acuerdo de pensiones ni que se atrase la licitación de carteras, que es un componente fundamental de ese acuerdo. Tampoco podemos permitir que se retrase durante un año la entrada en vigencia de la Ley de Protección de Datos. Es un error garrafal que deja en la indefensión a millones de chilenos respecto de sus datos personales: su carga financiera, sus enfermedades, etcétera”.
De este modo, “no veo factible una coalición política que congregue al 62%, pero sí alcanzar acuerdos en asuntos específicos. Soy independiente en la Región de Coquimbo, formo parte del Movimiento Demócratas y estoy muy coordinado con Joanna Pérez. Además, me siento cómodo en el comité que tenemos con Evópoli en el Senado, con Luciano Cruz-Coke y Sebastián Keitel. Tenemos que seguir buscando el centro y ofrecerle una alternativa a esa ciudadanía que la demanda y no la ha encontrado durante los últimos años”.
¿Ese espacio podría incluir al Partido de la Gente?
Tengo mucho respeto por el Partido de la Gente, pero no logro distinguir en él una línea doctrinaria que lo diferencie de otras ideas políticas. No sé: está Pamela Jiles, hay personas que vienen de la izquierda…
Pero es evidente que está representando a un electorado, ¿no?
Está representando a ese electorado ante la falta de una oferta genuina de centro.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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