Política

La ruta que aleja a Kast de una coalición que agrupe al Rechazo

Las disputas identitarias y hegemónicas -para muchos- se mantienen vigentes en el oficialismo y han confabulado en contra de una alianza de gobierno. El problema, auguran, es que las elecciones municipales y de gobiernos regionales de octubre de 2028 le plantean a la administración Kast una prueba de fuego y lo obligan a una definición.

La ruta que aleja a Kast de una coalición que agrupe al Rechazo. DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

“Ya vendrá el tiempo de ver si algunos de estos partidos constituyen una alianza, una coalición”.

El 2 de julio fue la última vez que el Presidente José Antonio Kast ocupó los conceptos de “alianza” y “coalición” en público.

Lo hizo desde Uruguay, en la antesala de la primera reunión en La Moneda con los timoneles del oficialismo, en medio de un crispado ambiente interno por la fallida acusación constitucional en contra del exministro de Hacienda Nicolás Grau, que terminó con rudas recriminaciones entre Chile Vamos y republicanos, y entre los partidos y el gobierno por la falta de alineamientos y coordinación.

Esa misma amalgama sigue sin cuajar, por problemas identitarios y hegemónicos.

Santiago, 4 de septiembre de 2022. Festejos del Rechazo tras el Plebiscito 2022 Sebastian Cisternas/Aton Chile SEBASTIAN CISTERNAS/ATON CHILE

A casi seis meses de gobierno y a cuatro años del triunfo del Rechazo por un 62% en el plebiscito del 4-S, la coexistencia en un gabinete de emergencia -que buscaba representar al arco desde Demócratas a republicanos que defendió la desaprobación al proyecto constitucional de la Convención- no ha sido fácil. Y tiene un complejo desafío por delante.

La administración Kast va a enfrentar su prueba de fuego en las elecciones municipales y de gobiernos regionales de octubre de 2028. Un escenario en que gran parte del oficialismo ve imposible que el presidente pueda sostener un gobierno de unidad, con partidos que van a estar compitiendo a muerte en los territorios.

El asunto genera preocupación entre los timoneles y ha estado -según confidencian en el oficialismo- sobre la mesa en distintas conversaciones con el gobierno. Esto, porque las autoridades que quieran postular deben renunciar a sus cargos un año antes, lo que adelanta el lío para el próximo año.

Y porque aparte de la declaración que hizo el presidente el 2 de julio y otra el 22 de abril -en la que por primera vez habló de una “coalición de gobierno”, al agradecer a Demócratas, el Partido Social Cristiano, Evópoli, Renovación Nacional, la UDI y el Partido Republicano por la aprobación de la megarreforma-, el tema no aparece en el radar del gobierno.

De ahí que todos se hayan quedado -en líneas gruesas- con lo que les dijo el 16 de diciembre, dos días después de triunfo en la segunda vuelta, cuando Kast transmitió que su intención era trabajar de forma coordinada con ellos, a través de un gobierno de unidad, descartando que su aspiración fuera consolidar una coalición. “No es algo que les voy a pedir”, les señaló en esa oportunidad.

Choque de posturas

Los más proclives a la búsqueda de una fórmula -en la vía al menos de un pacto electoral- están en las filas de Chile Vamos.

“El presidente de la República tiene un rol y una responsabilidad muy grandes para que esto tome forma, porque él mismo lo ha dicho en varias oportunidades y me lo ha dicho personalmente: él quiere que este sea el primero de varios gobiernos de un mismo signo. Entonces, es clave la unidad frente a los desafíos que vienen, partiendo por las elecciones municipales. La sola idea de ir en listas separadas de alcaldes o en las parlamentarias es un suicidio aritmético y político. Y la derecha, lamentablemente, tiene un doctorado en suicidios políticos y en divisionismos”, sostiene a La Tercera el presidente de Evópoli, Luciano Cruz-Coke.

El presidente José Antonio Kast saluda al timonel de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, en una reunión con los presidentes de los partidos del oficialismo.

La visión es compartida por Renovación Nacional. Su presidenta, Andrea Balladares, afirma que “de cara a 2028, el desafío es construir una derecha amplia, diversa y competitiva, capaz de llevar las mejores candidaturas y construir mayorías”, y que “el gobierno de Kast necesita una coalición con vigor y musculatura política, capaz de sostener las transformaciones que estamos impulsando y proyectar este ciclo político más allá de cuatro años”.

El presidente José Antonio Kast, saluda a la timonel de RN, Andrea Balladares. DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Pero hay resistencia. Y la más fuerte viene de las filas republicanas, el partido del mandatario.

En esa tienda se admite que las bases son las más renuentes a instaurar un conglomerado similar al de la Concertación, que se proyectó en forma continua por 20 años y que tempranamente planteó como modelo para la derecha el expresidente Sebastián Piñera.

Las señales no han sido pocas.

El propio jefe de bancada, Benjamín Moreno, ha sostenido que “los republicanos tenemos más cercanía con el Partido Nacional Libertario que con otros partidos”, postura que también ha manifestado el diputado Agustín Romero, al afirmar que “los libertarios son nuestro aliado natural, tenemos muchas más coincidencias que con Chile Vamos”.

Arturo Squella, presidente del Partido Republicano. Dedvi Missene

El propio presidente de esa tienda, senador Arturo Squella, admite a La Tercera que la idea de una coalición no está en sus mapas. Y que, aunque para algunos esa postura puede ser “contraintuitiva”, están convencidos de que el éxito que ha tenido ese sector, desde el 4 de septiembre en adelante, ha sido justamente bajo un modelo que no contempla una alianza.

“Tengo la intuición de que al forzarse a formar parte de una coalición perderíamos precisamente el éxito o el mérito que ha tenido el trabajo coordinado, resguardando la identidad de cada partido”, dice. “El desafío está más bien en fortalecer o mejorar la coordinación, más que el forzarse a un esquema a la antigua, muy noventero, de tener que formar parte de una organización bajo un nombre o carátula específica”, añade.

En parte de Chile Vamos impera la sensación de que -en el fondo- esa tienda está por la “tesis del reemplazo”, tal como lo ha planteado el cientista político y expresidente de Evópoli Hernán Larraín Matte, para quien -según lo afirmó en este diario en diciembre de 2023- “el proyecto de republicanos es hegemónico y viene a reemplazar a Chile Vamos. No están buscando socios, no están buscando aliados, vienen a reemplazarnos”.

Una visión que Squella descarta de plano. “Es normal que haya gente que se sienta amenazada por un partido que aparece en el escenario político con mucha fuerza hace apenas cinco años. Pero el grueso de dirigentes de los partidos tradicionales han visto el lado positivo de esa irrupción y se han dado cuenta de que obedece a ciertos estilos de hacer política, porque en el plano de las ideas estamos infinitamente más cerca de lo que se habrían imaginado quienes viven, en uno y otro lado, con esos fantasmas”, dice. Y agrega, frente a la molestia que genera el hecho de que ese partido defienda su carácter identitario, “nadie puede pensar que se puede avanzar si es que obligamos al otro a abandonar su identidad”.

Desde los nacional libertarios -cuyas figuras formaron parte de ese 62%, pero se declara una “oposición amistosa” a este gobierno- la postura es categórica. Su presidente, Johannes Kaiser, descarta conformar una coalición. “No es viable, porque no existe la voluntad de conversar sobre contenidos políticos. Y en la medida en que sigan haciendo políticas solamente para los grupos de interés, no tiene ningún sentido. Las coaliciones se hacen en torno a proyectos políticos”, afirma. Y añade que frente a la municipal que se avecina, “siempre hemos estado abiertos a conversar, pero no estamos abiertos a transar en razón de cargos, nos interesa el proyecto”.

Las fricciones

Además de las visiones políticas hasta antagónicas en algunos casos, en ambos bloques conviven con disputas de larga data, que solo tuvieron una tregua para el Rechazo.

Desde ahí en adelante la lista de discrepancias es extensa.

A solo 98 días del triunfo de ese 4 de septiembre vino el primer choque entre republicanos y Chile Vamos, luego de que estos últimos pusieran ese día su firma en el “Acuerdo por Chile” que abrió un segundo proceso constitucional, tal como lo pidió Boric la noche de la derrota.

“Algunos han señalado que esta es una segunda oportunidad para nuestra nación; esta no es una segunda oportunidad, es un segundo error”, sentenció Kast en esa oportunidad, mientras republicanos afirmaba que Chile Vamos había salido corriendo a tenderle un salvavidas a Boric y que había traicionado a la ciudadanía al no entender que había dicho que “no” a cambiar la Constitución.

En la casona de Presidente Errázuriz, quienes participaron en ese proceso, admiten que ese hecho -independientemente de las diferencias que ya venían desde el 2016, cuando Kast abandonó la UDI- marcó la estrategia del “camino ”propio”. Los primeros frutos se vieron en la elección de consejeros constituyentes del 7 de mayo de 2023, cuando lograron 23 de 51 escaños, cifra que le asestó un golpe electoral a Chile Vamos, que solo obtuvo 11.

El proceso desató rudos enfrentamientos entre ambos bloques, especialmente por los temas valóricos, donde el flanco más visible fue la discusión sobre el aborto y el “qué” o “quién” está por nacer.

“No hay nada que celebrar”, sostuvo Kast al admitir la derrota el 17 de diciembre de 2023, luego de que el texto que tenía su sello fuera objetado por un 55,76%.

Pero los altercados recién estaban empezando. El choque frontal se produjo en 2025. Y lo desató a principios de ese año la reforma de pensiones con acusaciones desde republicanos a Chile Vamos de “derechita cobarde” frente a la “derechita valiente”, frase acuñada por Vox en España. Y, luego, por la decisión de Kast de no competir en primarias e ir directo a la papeleta de la primera vuelta, junto al rechazo a una lista única a nivel parlamentario.

Una competencia que registró su máxima tensión en la contienda librada entre Kast y Evelyn Matthei, candidata de Chile Vamos, Demócratas y Amarillos, cuando la exalcaldesa denunció una “campaña asquerosa” en su contra por parte de adherentes de su contendor que intentaban dejarla -vía bots- como padeciendo alzhéimer. Al final, salió quinta, lugar que hasta ahora le enrostran los republicanos a ella y a los partidos que la apoyaron.

Javier Macaya, senador UDI. KARIN POZO

De acuerdo a la visión del senador y expresidente UDI Javier Macaya, sin duda, los hitos más importantes que han marcado la historia entre ambos bloques son los electorales. Y que, por tanto, cada uno tiene que aprender de los errores para no volver a repetirlos.

“En mi caso -afirma- estoy mirando más hacia el futuro, que siendo doliente de las situaciones del pasado, entre ellas las acusaciones que nos han hecho de ‘derechita cobarde’ y otras cosas así, porque me parece que hoy tenemos una oportunidad importante. Y creo que el Presidente Kast ha cumplido un rol ordenador en esta primera etapa de su gobierno y no tengo dudas de que si se quiere conformar una coalición, él tiene un rol muy importante que jugar en esa dimensión”.

Las claves

Para quienes participaron en la campaña del Rechazo -en la que figuras de distintos mundos tuvieron un rol articulador, entre ellas el ahora presidente del directorio de Codelco, Bernardo Fontaine, y el empresario Juan Sutil, y rostros procedentes de los partidos-, la capitalización del 62% y el trasvasije total de esos votos no es viable, pues se trató de un movimiento ciudadano. Uno que también incluyó a partidarios de la centroizquierda e independientes que votaron en contra de una Constitución que planteaba refundar el país, no porque comulgaran precisamente con la derecha.

La disputa por la hegemonía y la defensa de lo identitario las observan como otro de los problemas.

Uno de los integrantes de Amarillos que participó en ese proceso es drástico en su análisis. “La idea de una coalición no funca, porque aquí no se ha llegado a un proyecto estratégico común. De una u otra manera los partidos no han renunciado a sus proyectos identitarios; no han renunciado a su perfil ni a seguir luchando por lograr la hegemonía en la derecha”. Y suma a su diagnóstico que el asunto se ha enredado aún más en términos de conducción, por el diseño del equipo ministerial, porque “a pesar de tener algunas figuras fuertes, es un gabinete débil, con ministros poco empoderados, lo que genera asincronías”.

Otro sostiene que, a diferencia de la Concertación, esta “nueva derecha tiene que aprender a administrar el poder, dando espacios a quienes la integran”.

La crisis de los partidos políticos; la incorporación del voto obligatorio, con electores volátiles y de conductas difíciles de predecir y la dificultad para procesar orgánicamente las diferencias, las anexan -además- a la juguera de dificultades.

Los tironeos en el gobierno

Aunque la decisión de Kast fue abrir una nueva etapa, instalando en su “gabinete de emergencia” a un grupo de personas que intenta simular el arco que se dio para el Rechazo -desde Demócratas a republicanos-, el ajuste de piezas y su convivencia no ha sido fácil.

Con distintos tonos, las bases republicanas y los sectores más duros de la UDI y RN cuestionan la “tibieza” adoptada por Kast para cumplir sus promesas de campaña, entre ellas el tema de los indultos a funcionarios condenados por acciones cometidas durante el estallido social. Esto, junto con impulsar acciones -como la acusación contra el exministro Grau- y apoyar proyectos como “Escucha su corazón”, de Nacional Libertarios, o la privatización de Codelco, que no están en la agenda gubernamental.

Para el exministro Carlos Maldonado (Demócratas) los episodios de tensión dan cuenta de un proceso de ajuste. “Si bien la unidad lograda para el 4-S cambió el escenario político, nunca es fácil crear coaliciones de un día para otro. Lo importante es el entendimiento que se ha alcanzado a nivel político y, especialmente, en el Parlamento para sacar adelante la agenda de gobierno, que es un paso relevante con miras a una proyección”.

El propio Kast ha tenido que intervenir para bajar los decibeles, con dos reuniones de coordinación con los timoneles de los partidos (el 3 y el 23 de julio). Aunque se confidencia que han quedado con gusto a poco. Porque tal como lo ha reconocido el propio jefe del Estado, a él no le preocupan mayormente las diferencias, siempre que le aprueben sus proyectos en el Congreso.

“La mejor señal de orden es el resultado legislativo, y en eso hemos logrado esa unidad legislativa”, sostuvo en T13 el 10 de agosto.

Paradójicamente, el mayor ruido está, por estos días, con la reforma a la Constitución en materia de seguridad, tema que enfrentó nuevamente a las derechas. No solo por los amplios poderes que le entrega a este y a futuros presidentes; también porque se vuelve a tocar la Carta Magna, texto que para muchos quedó cerrado con el Rechazo del 4-S y sepultado con el segundo proceso constituyente.

El presidente José Antonio Kast junto a los timoneles del oficialismo.
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