Política

Los años de Escalona clandestino en Chile

Este es un extracto del libro “Bachelet. La historia no oficial" (Catalonia-UDP), de los periodistas Andrea Insunza y Javier Ortega, fundadores de la productora periodística Un Día en la Vida.

Patricio Fuentes Y.

El extracto del libro “Bachelet. La historia no oficial” detalla el reencuentro de Camilo Escalona y Michelle Bachelet a mediados de los 80, en plena clandestinidad durante el régimen militar. Mientras el dirigente PS está clandestino y usa un nombre falso, ella trabaja públicamente como médico, pero secretamente colabora con la estructura clandestina del PS Almeyda.

***

No son más de diez los militantes del PS Almeyda que se han reunido en una villa popular de Santiago. Durante una mañana, en el living de un pequeño departamento, una mujer les ha enseñado una serie de técnicas para militar en la clandestinidad. Realizar labores compartimentadas -es decir, que no estén en conocimiento de otros militantes-, intercambiar información con seguridad a través de buzones, reconocer un seguimiento con medidas de chequeo y contra chequeo, son algunos de los puntos que se abordan.

Al finalizar, la instructora anuncia con tono golpeado:

- Compañeros y compañeras, ahora les va a hablar el compañero Alfonso.

Michelle Bachelet está ahí. De inmediato reconoce al hombre que aparece desde una de las piezas. Es Camilo Escalona. El ex presidente de la Feses durante la UP, y jefe de la JS en el exilio desde 1978, se encuentra viviendo ilegalmente en Chile. Bachelet lo ha visto por última vez en la RDA, a fines de los 70, antes de retornar al país.

Varios años han pasado desde entonces. Falta poco para iniciar la segunda mitad de la década de los 80. Y «Alfonso» es el jefe del «frente interno» del PS Almeyda en Chile.

El ingreso ilegal de Camilo Escalona se produce a principios de 1982. Con veintisiete años, es enviado por Clodomiro Almeyda a cumplir una delicada tarea: organizar a la colectividad para enfrentar a la dictadura frontalmente. El PS Almeyda ha abrazado la tesis lanzada en septiembre de 1980 por el Partido Comunista. Si el secretario general de esta colectividad, Luis Corvalán, propone utilizar «todas las formas de lucha» para derrocar a la dictadura, Clodomiro Almeyda habla de «luchar con todos los medios a nuestro alcance». Desde mediados de los 70, de hecho, varios militantes socialistas son entrenados militarmente en Alemania, la Unión Soviética y Cuba. Otros reciben cursos para vivir en la clandestinidad. A principios de los 80 se inicia un progresivo ingreso de estos cuadros a Chile. Algunos que han sido expulsados del país pueden volver legalmente. Otros lo hacen con identidades falsas.

Al llegar a Santiago, sin embargo, Escalona se encuentra con un partido desmoronado que, en los hechos, es comandado por Eduardo Gutiérrez, un dirigente con tal voluntarismo que se niega a ver la precariedad en que la colectividad se desenvuelve: apenas quedan en pie algunos retazos de la estructura territorial y existen claros indicios de infiltración por parte de la CNI.

A mediados de 1982, tras la detención de Silvio Espinoza -otro integrante de la cúpula PS conocido como el Negro Elías-, se produce la debacle: la CNI cuenta con un completo organigrama de la directiva partidaria, conoce los lugares de encuentro de los principales hombres del partido y, como si fuese poco, tiene grabaciones de varias de las reuniones de la comisión política. El PS Almeyda está contaminado.

Escalona debe salir al «exterior» para informar de la situación a Clodomiro Almeyda. En la primera reunión que sostiene con la totalidad del secretariado exterior del PS en Berlín Oriental, apenas puede hablar. Está desconsolado. Cuando trata de explicar el delicado momento que la colectividad vive en Chile, llora. Nadie quiere que vuelva a repetirse la tragedia de 1975, cuando el partido perdió a varios de sus mejores exponentes.

Después, Almeyda y Escalona conversan a solas, y el joven dirigente recibe una nueva instrucción:

- Mire, Camilo, esto va para largo. Usted va a volver a Chile, pero va a montar una estructura paralela. Nadie puede saber que está ahí. Esto lo vamos a saber los dos. Del resto, me encargo yo.

Muy pocos conocen el plan. Cuando otros dirigentes le preguntan al mandamás de esa facción del PS a qué han sido destinados algunos fondos donados por los países de la órbita socialista para financiar la resistencia contra Pinochet, él solo responde: «Compañero no pregunte, yo sé lo que estoy haciendo».

Así, Escalona ingresa secretamente a Chile por segunda vez. «Alfonso» —como se hará llamar— empieza a tejer, lentamente, los hilos de la nueva orgánica del PS Almeyda. Durante el primer año se extreman las precauciones y Escalona se mantiene prácticamente en una situación de aislamiento. Pero cuando en 1983 las protestas toman fuerza, el cerco a su alrededor se relaja. Entonces, el dirigente viaja a Buenos Aires para reunirse con Almeyda.

- Es hora se juntarse con el resto del partido —le ordena el secretario general.

A esas alturas, la dirigencia se ha recompuesto. Germán Correa, Eduardo Loyola, Ricardo Solari, Luciano Valle, Jaime Pérez de Arce y Raúl Díaz están al mando de la colectividad. Con todos ellos Escalona retoma un periódico contacto, pero es en agosto de 1984, en el V Pleno Nacional Clandestino del PS Almeyda, cuando el sector comandado por Eduardo Gutiérrez es formalmente aplastado. La comisión política del PS queda integrada, entonces, por hombres como Manuel Almeyda, Germán Correa, Jaime Pérez de Arce, Ricardo Solari y el propio Escalona, quien, como “Alfonso”, es designado jefe del «frente interno» de la colectividad.

En ese contexto se produce el azaroso reencuentro entre Bachelet y Escalona, cuando ella asiste al curso de instrucción en una población de Santiago.

* * *

Tiempo después, Michelle Bachelet decide contactarse con Alfonso. Escoge como mensajero a Gregorio Navarrete, un dirigente que durante la UP integró la Brigada Socialista Universitaria, fue detenido en 1975, participó en el secretariado exterior en la RDA, para regresar posterior mente a Chile a colaborar con la dirección interior.

El Goyo, como lo llaman, es casado con Gladys Cuevas, una cercana amiga de Michelle. Gracias a ese lazo, Bachelet le hace llegar una nota a Escalona. Le pide una reunión. Y Alfonso dispone que se organice el encuentro.

Se reúnen en un café cercano al Campus Oriente de la Universidad Católica, en Ñuñoa. No hay espacio para abrazos o saludos efusivos. En la clandestinidad no se permiten gestos que puedan levantar sospechas.

- Qué gusto verte -dice uno.

- Qué sorpresa -responde el otro.

Dejan pronto el lugar. Los temas importantes sólo deben ser abordados cuando los involucrados caminan. Por cuestiones de seguridad no siguen un trayecto recto. Recorren una cuadra, doblan, siguen por otra, vuelven a doblar.

- Estoy a tu disposición -le manifiesta Bachelet al mismo dirigente al que, años antes, cuando era estudiante secundario, le hizo clases de formación política. Los papeles se han invertido.

A Escalona le sobran ideas. Bachelet rechaza varias. Le propone entregar periódicamente un informe de análisis de coyuntura, tal como lo hizo antes de salir al exilio. Los documentos tendrán una particularidad, pues se abordará la situación de las Fuerzas Armadas.

Escalona no pregunta ni entra en detalles. Conoce el origen familiar de Bachelet e imagina que su compañera tendrá suficientes contactos para realizar esa tarea. Él necesita ese tipo de insumos. Y, además, le interesa mantener un permanente diálogo con Bachelet, quien tiene la ventaja de moverse en el «frente público».

Acuerdan reunirse periódicamente, aproximadamente una vez al mes. Definen un «sistema de encuentros» propio de la clandestinidad. En una fecha acordada, cada uno recorrerá un mismo trayecto -generalmente en el sector oriente de la capital- desde puntos opuestos. Deberán partir a la misma hora, la que, por razones de seguridad, tendrá que contemplar «minutos quebrados», es decir, nunca marcar la hora «en punto»: las 9.09, las 10.10 o las 11.11 horas. El objetivo es encontrarse en algún lugar intermedio por azar y, entonces, iniciar una caminata en conjunto, respetando siempre la regla de doblar en algunas esquinas cada cierto tramo del recorrido.

Si por algún contratiempo o por motivos de seguridad no hacen contacto, deberán repetir la misma operación en días posteriores, pero siguiendo una ruta diferente y en un horario distinto. Si así y todo no logran conversar, podrán hacer uso de la «reserva»: un último lugar de encuentro, fijado previamente, para una fecha más distanciada de las anteriores. En algunas ocasiones, Escalona enviará a un emisario para recoger a Bachelet. En otras, se encontrarán en alguna «casa de seguridad».

Con el tiempo, ella encabezará un selecto equipo dedicado a realizar análisis de coyuntura, especialmente sobre los militares. De esto es informado Clodomiro Almeyda.

Por normas de compartimentación, ningún otro integrante de la comisión política conocerá la reservada función que Bachelet empieza a cumplir. No hay espacio para que integre la cúpula clandestina, pues el estar en contacto con organismos de derechos humanos y desenvolverse en el «frente público», la exponen demasiado.

En sus periódicos encuentros con Alfonso -a veces almuerzan en locales populares algunos platos típicos como porotos con riendas-, Bachelet le entrega los documentos que elabora. Los textos contienen apreciaciones estratégicas sobre lo que ocurre en las instituciones castrenses. Están elaborados, principalmente, con información pública. Pero también contienen información valiosa y reservada. A grandes rasgos, apuntan a una evolución de los militares. Algo que, a mediados de los 80, coincide con la apertura que la Fuerza Aérea, la Armada y Carabineros muestran hacia el Acuerdo Nacional, cuestión que Pinochet se encarga de abortar.

Escalona, sin revelar la identidad de la autora, pone en conocimiento de la comisión política algunos de los textos. En otras ocasiones, cuando los antecedentes son demasiado delicados, opta por la comunicación compartimentada o, sencillamente, los mantiene en total reserva.

Esta secreta colaboración se prolongará por años.

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