Los bancos centrales alrededor del mundo divergen a medida que Omicron nubla el crecimiento y las perspectivas de inflación

Se espera que el Banco Central Europeo dé señales de que seguirá comprando bonos durante algún tiempo. PHOTO: ALEX KRAUS/BLOOMBERG NEWS

Los bancos centrales de Estados Unidos, el Reino Unido y la eurozona proporcionarán orientación, esta semana, sobre las futuras tasas de interés.




Las orientaciones de las políticas de los principales bancos centrales del mundo están divergiendo marcadamente, creando vientos cruzados para los inversionistas, ya que la variante Omicron de covid-19 nubla una recuperación global ya desigual y hace correr el riesgo de agravar la inflación al rojo vivo.

Los responsables de la formulación de políticas de tres influyentes bancos centrales —la Reserva Federal (Fed por sus siglas en inglés)), el Banco Central Europeo (ECB por sus siglas en inglés) y el Banco de Inglaterra (BOE por sus siglas en inglés)— se reúnen esta semana para brindar orientación sobre las futuras tasas de interés. Se espera que se muevan a diferentes velocidades, reflejando distintas respuestas a la pandemia y perspectivas divergentes de crecimiento e inflación.

En Europa, donde la recuperación económica aún no se ha completado y se han impuesto nuevas y duras restricciones para contener una ola de infecciones por covid-19, la llegada de Omicron ha reducido las expectativas de crecimiento para los próximos meses. Al mismo tiempo, esta variante, que es más contagiosa, podría hacer subir los precios si los brotes empeoran los cuellos de botella en la cadena de suministro y exacerban la escasez de mano de obra.

Todo eso está complicando las decisiones de algunos bancos centrales respecto a cómo eliminar gradualmente los multimillonarios programas de estímulo y pasar a tasas de interés más altas.

El jueves, se espera que el ECB indique que seguirá comprando bonos durante algún tiempo y que no subirá las tasas de interés el próximo año. Eso es a pesar de que la inflación ha alcanzado el 4,9%, la más alta desde que comenzaron los registros en 1997. La variante Omicron podría retrasar aún más el calendario esperado para un aumento de las tasas si pesa sobre la confianza de los consumidores y las empresas, aunque su impacto general sobre la inflación sigue siendo incierto.

En el Reino Unido, los economistas e inversionistas esperaban hasta hace poco que el BOE subiera las tasas en su reunión del jueves para contener la inflación que fue del 4,2% en octubre, la más alta en casi una década.

FILE PHOTO: En la foto se puede ver una vista general del Banco de Inglaterra en Londres, Gran Bretaña, 22 de octubre del 2021. REUTERS/Tom Nicholson/File Photo

Pero la rápida propagación de Omicron en el Reino Unido y la decisión de la semana pasada del gobierno de volver a imponer restricciones de covid-19, significan que el banco puede retrasar un aumento, dicen algunos economistas. El gobierno afirma que la nueva variante podría convertirse en la dominante en el Reino Unido en las próximas semanas.

En China, el banco central actuó la semana pasada para inyectar dinero en la economía en un esfuerzo por evitar una caída en su vasto mercado inmobiliario y reavivar el crecimiento.

Por el contrario, en Estados Unidos, donde la economía se está expandiendo rápidamente y la inflación es la más alta entre las principales economías, se espera que el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, señale el miércoles, un cierre más rápido del gigantesco programa de compra de bonos del banco, probablemente preparando el escenario para aumentos de las tasas de interés estadounidenses el próximo año. Un ritmo más rápido pondría el programa de estímulo en camino de finalizar en marzo, en vez de junio. La inflación de Estados Unidos se disparó a 6,8% en noviembre, el nivel más alto en 39 años, según afirmó el Departamento del Trabajo de Estados Unidos el viernes pasado.

FILE PHOTO: En la foto se puede ver al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, preparándose para testificar ante una audiencia híbrida del Comité Bancario del Senado sobre la supervisión del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal en Capitol Hill en Washington, Estados Unidos, 30 de noviembre del 2021. REUTERS/Elizabeth Frantz/File Photo

Los mercados emergentes están atrapados en el medio, navegando los efectos colaterales del aumento de los costos de los préstamos, el alza del dólar y el aumento de los precios de los alimentos y el combustible.

La nueva variante plantea un dilema para algunos bancos centrales: ¿deberían simplemente esperar a ver su impacto o actuar de forma preventiva?

Los principales bancos centrales pasaron gran parte del año diciéndoles a los inversionistas que el aumento de los precios al consumidor sería temporal. Han ido reduciendo esas afirmaciones en las últimas semanas a medida que la inflación se disparaba cada vez más. Ahora se espera que los cuellos de botella en la cadena de suministro global, una de las causas de los precios más altos, persistan, al menos, durante la primera mitad del 2022.

“Creo que existe la preocupación de que la inflación no vuelva a bajar tan rápido como la gente había sentido y los bancos centrales deben reaccionar”, afirmó Iain Stealey, administrador de portafolios de J.P. Morgan Asset Management.

La mayoría de las empresas no esperan que la inflación mundial alcance su punto máximo hasta el próximo año y casi dos tercios se han vuelto más negativos sobre las perspectivas de crecimiento global durante el último mes, según una encuesta de algunas de las empresas más grandes del mundo aplicada por Oxford Economics, realizada poco después de la aparición de la variante Omicron. Ahora, aproximadamente una quinta parte espera que las disrupciones en la cadena de suministro los afecten más allá del 2022, según la encuesta.

Si los bancos centrales se mueven demasiado rápido para frenar la inflación, corren el riesgo de obstaculizar la recuperación económica antes de que se complete. Pero si esperan demasiado, es posible que deban aumentar agresivamente las tasas de interés en el futuro, lo que podría desencadenar una recesión.

“Si los mercados financieros realmente piensan que los bancos centrales deberían aumentar las tasas y no lo hacen, los inversionistas podrían pensar que los responsables de las políticas públicas se están volviendo complacientes con la amenaza de una mayor inflación”, afirmó Stefan Gerlach, ex vicegobernador del banco central de Irlanda. “El riesgo es que los inversionistas vendan bonos ahora para evitar pérdidas futuras relacionadas con la inflación. Por lo tanto, los bancos centrales deben prestar mucha atención al sentimiento de mercado”.

El banco central de Canadá dejó caer una referencia a las presiones que empujan los precios hacia arriba como “temporales” en una declaración de política monetaria el 8 de diciembre, pero dejó su tasa de interés clave a un día (tasas diarias a los préstamos) sin cambios en 0,25%, decepcionando a algunos inversionistas que esperaban una señal más fuerte de que el banco pronto aumentaría las tarifas. El dólar canadiense cayó frente al dólar estadounidense.

“La inflación es elevada y el impacto de las limitaciones en la oferta global se está trasladando a una gama más amplia de precios de bienes”, afirmó el Banco de Canadá. Advirtió que las incertidumbres provocadas por la variante Omicron podrían afectar el crecimiento al agravar las disrupciones de la cadena de suministro y reducir la demanda de algunos servicios.

En Noruega, el banco central podría mantener las tasas de interés en espera el 16 de diciembre a pesar de señalar un aumento de tasas en su reunión de noviembre, ya que han aumentan los casos de covid-19 y Omicron agrega incertidumbre, según analistas de Bank of America. La inflación en Noruega saltó al 5,1% en noviembre desde un 3,5% el mes anterior.

Los inversionistas esperan que la Fed aumente las tasas de interés dos o tres veces el próximo año, y los datos de inflación del viernes fortalecieron el argumento a favor de las subidas, mientras que los funcionarios del ECB han señalado que es poco probable que el banco aumente las tasas en 2022.

La cautela del ECB refleja en parte las preocupaciones sobre el sur altamente endeudado de Europa, donde los costos de endeudamiento del gobierno están aumentando a medida que los inversionistas anticipan una desaceleración en las compras de bonos del ECB, lo que pone en riesgo la recuperación, dicen los economistas.

“A diferencia del ECB, la Fed realmente se está saliendo del negocio de compra de bonos”, afirmó el economista jefe de Commerzbank, Joerg Kraemer. “Simplemente, la Fed no tiene que apoyar a Italia”.

Las agresivas compras de activos por parte de los principales bancos centrales, especialmente la Fed y el ECB, han demostrado ser un apoyo vital para los mercados emergentes desde el inicio de la pandemia, al inundar los mercados globales con liquidez.

Los mercados emergentes ahora podrían verse presionados a medida que la avalancha de liquidez disminuya, las tasas de interés estadounidenses suban y el dólar se fortalezca. Los bancos centrales de Brasil, Rusia y México han aumentado las tasas de interés de manera agresiva en los últimos meses para apuntalar sus monedas frente al dólar y enfriar la inflación creciente.

Un dólar más fuerte y un crecimiento chino más débil podrían afectar los precios de las materias primas en 2022, lo que se sumaría a los desafíos de crecimiento de los mercados emergentes debido a los mayores costos de los préstamos estatales, según Fitch Ratings.

El 8 de diciembre, el banco central de Brasil elevó las tasas de interés en 1,5 puntos porcentuales y señaló otro aumento de ese tipo en febrero. Los mayores costos de los préstamos ayudaron a llevar a la economía más grande de América Latina a una recesión en los tres meses previos a septiembre, mientras que la inflación ha subido a dos dígitos.

En Rusia, la inflación subió a un máximo de cinco años llegando a un 8,4% en noviembre, más del doble del objetivo del banco central del 4%. Los inversionistas esperan que el banco central de Rusia aumente las tasas de interés en un punto porcentual completo este mes a 8,5%, a pesar de que la economía se está desacelerando y enfrenta vientos en contra por las restricciones de covid-19.

Si las tasas de interés de Estados Unidos suben, es probable que los administradores de fondos internacionales muevan dinero de los mercados emergentes a EE. UU., en parte para minimizar el riesgo en sus portafolios, afirmó Gerlach. “No será un espectáculo agradable para los mercados emergentes”, sentenció.

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