Andrónico Luksic Lederer y Macario Valdés, la nueva dupla del poder en Quiñenco
Ambos tienen 44 años, reemplazaron a Jean Paul Luksic y a Francisco Pérez Mackenna, respectivamente, en la vicepresidencia y gerencia general del holding industrial y financiero del grupo Luksic, tienen formación y experiencia para fusiones y adquisiciones y son los representantes de lo que la misma compañía llamó "el recambio generacional". Andrónico III dejará Antofagasta Minerals para poner especial "dedicación a inversiones y desarrollo de nuevos negocios" del holding completo.
La decisión de Francisco Pérez Mackenna (67) de dejar la gerencia general de Quiñenco para hacerse cargo de la Cancillería del próximo gobierno de José Antonio Kast sólo adelantó un movimiento interno en el holding industrial y financiero del grupo Luksic que de todos modos iba a ocurrir, pero que se tenía previsto para dos o tres años más.
La clave de ello la señaló el propio presidente de Quiñenco, Pablo Granifo (67), en el comunicado que envió oficialmente el grupo para dar a conocer los cambios: “Las nuevas nominaciones se hicieron ‘priorizando el proceso de recambio generacional en el que hemos venido trabajando’“.
Y la pauta la había dado el jefe del conglomerado, Andrónico Luksic Craig (71), quien se retiró en diciembre de 2023, poco antes de cumplir los 70 años, de todas sus responsabilidades en el grupo.
Bajo el marco del recambio generacional, la masiva transformación en el liderazgo de Quiñenco y sus filiales informado este miércoles, y que se aplicará a contar del 31 de enero, posicionó a dos hombres de la misma edad, 44 años, en cargos clave para el desarrollo futuro de la compañía: Andrónico Luksic Lederer y Macario Valdés Raczynski.
El hijo mayor de Andrónico Luksic Craig fue nombrado vicepresidente del directorio de Quiñenco en reemplazo de su tío Jean Paul Luksic Fontboná (61), y Valdés, gerente general del holding, en reemplazo de Pérez Mackenna. En la mesa directiva, además, se produjo la salida del histórico director Hernán Büchi (76) después de 35 años, en cuyo reemplazo asumió Óscar Hasbún (56), uno de los que se perfilaba como candidato a suceder a Francisco Pérez y que dejó la gerencia general del que ha pasado a ser el principal negocio del holding, la naviera Vapores.
“Lo más relevante es que Luco (Andrónico III) fue escogido como el sucesor y se armó una dupla con Macario”, asegura una fuente conocedora del grupo.
El advenimiento de Luksic Lederer y Valdés como dupla, a muchos conocedores del grupo les recordó lo que ocurrió hace 28 años, en 1998, cuando el mismo Pérez Mackenna, con 33 años, fue convocado por el hoy fallecido Guillermo Luksic, sólo dos años mayor, para hacerse cargo de la gerencia general del holding. Una pareja que multiplicó el valor de la compañía varias veces.
Aunque nadie habla de metas numéricas para esta nueva dupla, sí existen expectativas, pues consideran que son dos directivos que pueden jugar bien juntos.
“Tienen la misma edad, un lenguaje común y tienen una vida profesional que ha ido coincidiendo, puesto que ambos, por ejemplo, se han ido especializando en M&A” (fusiones y adquisiciones), cuenta un conocedor de los dos.
Y tales expectativas se cifran en elementos concretos.
A Andrónico III (su abuelo se llamaba Antonio Andrónico y su padre se llama Andrónico Mariano), que lleva ya diez años como director de Quiñenco, se le encomendó una tarea muy clara, que también es subrayada en el comunicado oficial: “especial dedicación a inversiones y desarrollo de nuevos negocios”.
Hoy Quiñenco cuenta con una caja de unos US$2 mil millones, monto suficiente no sólo para invertir en los activos actuales, sino también para pensar en una nueva línea de negocios.
Para ello, entre ambos deberán sacar a la luz las habilidades que han ido desarrollando en sus respectivas carreras, el primero en el negocio minero de la familia y el segundo, en el portuario y naviero.
“Macario tiene habilidades de banquero de inversión, que las aprendió cuando estuvo en su pasada anterior por Quiñenco, lo que viene a jugar perfectamente con lo que le toca hacer ahora”, cuenta un exejecutivo de la compañía. “No tengo ninguna razón para pensar que no se va a llevar de maravilla con Andrónico hijo”, agrega.
La historia de Luco
A Andrónico Guillermo Luksic Lederer, tanto en la familia como en el trabajo le llaman Luco, un derivado de su apellido.
Al igual que sus cuatro hermanos, su educación primaria y secundaria la hizo en The Grange School y, tal como lo hizo su padre, estudió Administración de Empresas en la exclusiva escuela de negocios Babson College en Massachusetts, Estados Unidos.
Su primer trabajo en el grupo fue en el Banco de Chile como ejecutivo de cuentas. De hecho, le tocó llamar para captar o gestionar cuentas de clientes.
“Mi hermano fue jefe de cuentas en el Banco de Chile. Mi hermano se llama igual que mi papá, así que imagínate que te llama alguien y te dice: Hola, soy Andrónico Luksic, tu nuevo jefe de cuentas. Imagínate cómo lo agarraban pa’l hueveo”, contó jocosamente su hermano Max Luksic, hoy alcalde de Huechuraba, en el podcast Somos Rentable, hace un mes.
Luego se fue al área bursátil, como analista en banca de inversión en Banchile Corredores de Bolsa. La experiencia bancaria le sirvió para conocer el rubro, aunque su interés estaba en la minería, el negocio con el que su abuelo partió su fortuna.
En 2006 ingresó al equipo de comercialización de Antofagasta Minerals, la compañía minera de la familia, como jefe de negociaciones de venta de cátodos. Tres años después se trasladó a la oficina de Toronto, Canadá, donde se centró en desarrollo de negocios, exploración y factibilidad de proyectos.
En 2014 volvió a Chile para hacerse cargo de la vicepresidencia de desarrollo, donde desplegó su gusto y su expertise por las M&A, puesto que se puso a la cabeza de los procesos de adquisición del 50% de la mina Zaldívar a Barrick en 2015 y del 19% de la minera peruana Buenaventura, en diciembre del 2024.
Pero la dedicación prioritaria que requiere la vicepresidencia de Quiñenco, la gestión de las áreas actuales del grupo y la búsqueda de nuevos negocios hace incompatible permanecer en este cargo, por lo que dejará la minera.
Quienes conocen cómo funciona el grupo ven a Andrónico III como el más similar a su padre de sus hijos, sobre todo por la mirada futura del negocio familiar.
“Luco, junto al segundo hermano, Davor, son los que tienen más vocación empresarial”, dice un conocedor de la familia.
“Tiene una visión parecida a la de su papá. Lo que más llama la atención de Andrónico padre es esa capacidad de ver a 30 o 50 años lo que viene”, cuenta una excolaboradora. “Luco tiene mucha hambre de hacer cosas”, agrega.
“Tiene esa disrupción de su padre, de no guiarse por lo que piensan todos, de tener arrojo empresarial, atreverse a invertir donde otros no lo están haciendo”, dice otra fuente cercana.
Ahora, añade un exejecutivo, también tiene una misión que no es explícita, pero que se hará patente en el tiempo: “Tener que poner el peso específico de la tercera generación” de la familia.
El aporte de Macario
El primer acercamiento de Macario Valdés con el grupo Luksic fue en Estados Unidos. Mientras cursaba su MBA en la U. de California-Berkeley -tras pasar por IM Trust- le comentaron que Quiñenco estaba buscando a un subgerente de desarrollo y envió su currículum. Le pagaron el pasaje para que fuera de San Francisco a Nueva York a una entrevista con Francisco Pérez y Felipe Joannon, entonces gerente de desarrollo.
La subgerencia de desarrollo es el semillero del grupo Luksic para detectar y hacer crecer talento ejecutivo. Allí estuvieron gerentes como Nicolás Correa (Enex), José Ignacio Bulnes (Ruana Copper), Antonio Cruz (CCU) y Martín Rodríguez (exCCU). Y allí llegó Valdés.
“Para elegirlo se busca excelencia académica: de una buena universidad en Chile y en el extranjero. Pero sobre todo, se busca personalidad: inteligencia, empatía, liderazgo, carácter, y en eso Macario es superlativo”, dice alguien que le ha tocado estos procesos.
Noveno de diez hermanos, a Macario Valdés le llamaron así porque significa “Bienaventurado” en hebreo, aunque sus amigos bromean con que después de ocho hijos, fue porque a sus muy religiosos padres -el empresario José Ignacio Valdés y la periodista exsubeditora de Artes y Letras de El Mercurio Christianne Raczynski- se les habían acabado los nombres.
Durante su niñez, cuando lo apodaron “Chete”, tuvo su época traviesa. Estudió en el colegio San Benito, “educados en el rigor, el cariño, el bajo perfil y el contacto con la naturaleza”, dice uno de sus hermanos.
Mateo como la mayoría del clan, siempre quiso ser ingeniero comercial. Estudió en la Univrsidad Católica y al salir se fue a IM Trust, banco de inversión donde aprendió de M&A y llegó a ser gerente de finanzas corporativas en tres años. “Fue una sorpresa cuando se fue por las finanzas, se veía más operativo”, cuenta otro familiar.
Al llegar a Quiñenco en 2011, debió enfrentar el proceso de adquisición, rescate y reorganización de Sud Americana de Vapores, una compra que al grupo le costó perder US$2 mil millones en tres años y aportar US$1.000 millones en capital para que no quebrara. Y que pudieron revertir luego de que la absorbiera la gigante alemana Hapag-Lloyd y, pandemia mediante, recuperar con creces.
En ese marco, desde Quiñenco se involucró en la separación del negocio portuario y de remolcadores de Saam, donde trabajó con Pérez y Óscar Hasbún, quienes lo fueron formando. Para este spin off requerían una nueva administración. Y trajeron a Javier Bitar como gerente general y el propio Valdés pidió tomar la gerencia de desarrollo. Ambos entraron el mismo día a Saam.
“Sólo en puertos, tenían socios americanos en San Vicente y San Antonio, en Guayaquil estaban solos, en Antofagasta con Agunsa. Eran muchos negocios con socios distintos. Y el crecimiento pasaba por muchas asociaciones, fusiones, compras, concesiones. Entonces, la gerencia de desarrollo era crítica y él era un gerente más operativo, que se involucraba en todas las evaluaciones, como las concesiones nuevas”, cuenta un exejecutivo que le tocó trabajar con él.
Allí es donde demostró su conocimiento en M&A, pues, por ejemplo, le tocó fusionarse con los negocios en América de la segunda mayor empresa de remolcadores del mundo.
En 2016, Bitar se fue y Valdés quedó al mando de Saam. “Asumió una gerencia muy joven y fue capaz de echarse al equipo al bolsillo. Genera muchas lealtades y es muy clever. Analiza y corta: no se da mil vueltas”, cuenta una excolaboradora.
En su familia creen que el momento donde se le vio más pleno profesionalmente fue a la cabeza de Saam. Allí, de hecho, logró un enorme éxito financiero. Justamente, en M&A. En 2023, vendió su negocio de puertos y de logística, que representaba más de la mitad de sus ingresos, en casi US$1.000 millones a la misma Hapag-Lloyd. “Tuvo que hacerlo solo. La gente del grupo tenía muchas limitaciones para meterse, por normas sobre conflictos de interés, porque Quiñenco era el principal accionista de Hapag”, cuenta un cercano.
Y en dos años, sin esos activos, le devolvió tamaño a la compañía. “El Ebitda de Saam de hoy es similar al del 2020, sin esos otros negocios”, dice un excolega. En 2020, su flujo de caja operacional fue de US$213 millones, en 2024 llegó a US$188 millones y a septiembre de 2025, acumulaba US$157 millones.
Con este deal como medalla, Valdés quedó en la retina de sus jefes en el grupo. Y lo catapultó a la decisión revelada esta semana. “Es el candidato elegido después de un delivery de muchos años. Ha construido su carrera en el grupo sin errores, sino al revés, con aciertos significativos y permanentes”, dice alguien que conoce el grupo.
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