Presidente del Senado: “Para empezar a conversar se necesita respeto, y el Presidente ha faltado el respeto a los que piensan distinto”

Carlos Montes percibe el descenso de las expectativas: “Se han generado problemas de empleo, cierre de empresas, un conjunto de hechos que llevan a pensar que la situación no está tan bien, y eso se conversa en todas partes”. No concuerda con los cálculos: ”Me parece bien que aumente la inversión, pero no saquemos cuentas como que esto es el milagro Piñera, ya que tiene que ver con el ciclo”.


Cerrando el año, al presidente del Senado, Carlos Montes (PS), lo aqueja una preocupación más allá de la coyuntura, que es el futuro de la democracia en un ambiente mundial y regional tan convulsionado que ha derivado en el resurgimiento de los nacionalismos.

En ese marco cree que en Chile se está actuando como una isla y critica al gobierno del Presidente Sebastián Piñera, porque en este primer año no abrió los canales de diálogo que anunció, ni ha enviado propuestas estructurales.

Por ello, sostiene, su evaluación ciudadana ha descendido: “Se ve en las encuestas que la gente esperaba más de este gobierno: mejor resultado económico, que se notara en su vida, y en seguridad, porque eso dijo en campaña. Él hizo un ataque muy fuerte al gobierno anterior y generó la sensación de que bastaba que llegara para que todo se transformara”, remarca.

¿Coincide con la nota 6 con que se autocalificó Piñera para 2018?

-No me gusta ponerlo así, pero creo que es bastante menos que eso.

¿Cuál es el balance que hace de esta administración?

-Han tenido objetivos claros: que la derecha dure al menos dos períodos en La Moneda y revertir las reformas de Michelle Bachelet, y para ello han presentado las reformas tributaria, laboral, y algo similar en lo ambiental, para cambiar los estándares con su visión de la sociedad y del crecimiento.

También he visto bastante flexibilidad táctica para enfrentar algunos temas, como en el feminismo, el aborto en tres causales, hasta que enfrentaron la situación de Catrillanca.

¿Ese es el punto más bajo que observa?

-De repente ellos se sienten demasiado capos, teniendo respuestas para todo, y aparecen con medidas poco reflexionadas, y en este caso de Carabineros ha faltado una respuesta más moderada, modesta. Se enredaron, porque el problema era muy complejo, y no bastaba con la estrategia de Piñera de los manotazos, de sacar a toda la jefatura, y eso provocó cierto desgaste y distancia con la ciudadanía.

¿El caso Catrillanca podría marcar un antes y un después para la evaluación de Piñera?

-No lo sé. Este caso desencadena una crisis en Carabineros muy fuerte, y en este episodio la oposición ha sido muy seria y consistente, porque podría haber salido a enrostrarle todo su mal diseño, pero optó, en ambas cámaras, por acoger el llamado del Presidente y reconocer su facultad de remover a Soto.

¿Cómo calificaría la relación gobierno-oposición este año?

-Estamos en un momento en que hay que tener una mirada más amplia, no solo de coyuntura, como es lo que consume a este estilo de gobierno. Chile requiere entendimientos de largo plazo, pero para empezar a conversar se necesita respeto y el Presidente ha faltado el respeto a los que piensan distinto a él.

Hablar de antipatriotas o que la izquierda promete el paraíso y termina en el infierno, ¡pero imagine a un Presidente con esos dichos!; y después dice “quiero que todos conversemos”.

¿Cuesta sentarse después de eso?

-El que permanentemente descalifique lo que se hizo antes, y aparezca él con todas las varitas mágicas para resolver los problemas -lo cual no ha ocurrido-, obviamente lleva a que el espacio de diálogo sea limitado. Nosotros necesitamos una visión de largo plazo que no busque ventajas pequeñas ni frases grandilocuentes, no se ve una disposición genuina al diálogo. Además, en lo más inmediato, es legítimo que en una democracia haya diferencias, pero según él quienes se suman a sus proyectos son los buenos, y los otros, los malos; eso es un enfoque bastante contradictorio con su llamado al diálogo.

Ese enfoque le dio resultado si vemos que el gobierno es mejor evaluado que la oposición.

-Ese es otro problema. Si hablo de ánimo de entendimiento, veo una actitud de buscar los dos o tres votos para aprobar las leyes, aunque saben que no hay reforma estructural que resista con dos o tres votos de diferencia. El gobierno anterior tenía mayoría para aprobar la Reforma Tributaria (RT), pero buscó acuerdo y logró que fuera unánime.

En ese sentido, ¿cómo ha visto el avance de su agenda?

-En Chile hay un problema serio con la desigualdad y con el desarrollo, y este gobierno no ha planteado ninguna iniciativa de crecimiento. Esperábamos que la capacitación hubiese estado en el centro, pero no hay nada. Acá hay que definir prioridades, porque cuando se empieza a apuntar a todo, están haciendo exactamente lo mismo que criticaron en el gobierno anterior.

Pero no con tanta prisa…

-Ellos tienen la RT, la de pensiones, y viene la laboral y la de isapres. Las reformas a Carabineros y pensiones son prioritarias, pero no están tan claramente ubicadas como tales. La RT tiene problemas políticos y técnicos, uno se pregunta ¿para qué le sirve al país, qué le aporta?

En pensiones se requiere una reforma estructural, y a esta le falta mucho para tener ese carácter. Ahora, si la prioridad que dicen las encuestas son las pensiones, el gobierno debiera estar dedicando buena parte de su tiempo en buscar alternativas y oír a quienes piensan distinto, y no lo percibo así.

En términos de crecimiento, en todo caso, ha cumplido, porque este año terminará en 4%, harto más que el 1,5% anterior.

-Se puede ver que el viento que agarra este gobierno viene del tercer trimestre del año pasado, y ya se desaceleró en el tercer trimestre de este año; tuvo un período limitado y eso lo expresan las cifras.

¿Insinúa que en el tercer trimestre debía notarse el impacto del gobierno y lo de antes solo era viento de cola?

-Lo que pasa es que ellos caricaturizaron y se rieron mucho cuando anteriormente se decía que los problemas de la economía eran provocados por la situación externa, y han terminado dando las mismas explicaciones, porque no han logrado mantener el ritmo y el próximo año vamos crecer menos. Las mismas razones.

¿A qué atribuye la caída de las expectativas?

-Piñera generó expectativas especialmente con la crítica al gobierno anterior, donde él aparecía como el gran salvador, la gran alternativa, y la gente sintió que el impulso partió antes y no cuando llegó este gobierno; había una expectativa de que esto era más fácil, pero se han generado problemas de empleo, cierre de empresas, un conjunto de hechos que llevan a pensar que la situación no está tan bien, y eso se conversa en todas partes.

No obstante, hubo más inversión en 2018, tras varios ejercicios con caída.

-Es cierto, pero producto de la reactivación de proyectos mineros por mejoría en el precio del cobre, no se es muy riguroso a veces con lo que se dice. Hicieron gran alarde de que el endeudamiento público era alto, y hoy cada vez hay más gente que alerta sobre el endeudamiento privado, de las empresas, no de los bancos. Ese es un riesgo fuerte si el dólar tiene un cambio brusco.

¿No reconoce que estas inversiones fueran gatilladas por este gobierno?

-No quiero ser absoluto en eso. Me parece bien que aumente la inversión, porque yo quiero que haya crecimiento, pero no saquemos cuentas como que esto es el milagro Piñera, ya que tiene que ver con el ciclo.

¿Cómo ha visto el rol del ministro de Hacienda, Felipe Larraín?

-Creo que él partió muy agresivo con lo de las holguras, y después ha ido amortiguando su discurso. Creó una imagen de que el gobierno anterior había sido un desastre, y ha tenido que ver en la realidad que las cosas son un poquito más complejas; poco a poco ha ido entendiendo que debe conversar con el Congreso y en el Presupuesto fue más dialogante, está aterrizando.

En suma, ¿qué le ha parecido esta forma de gobernar?

-La información que uno tiene es que están todo el día con indicadores semanales y diarios, y pareciera que están siguiendo mucho el clima ambiental, y muchas de sus conductas se definen a partir de eso.

Cuando el país enfrenta problemas como preocuparse más de la democracia porque hay deterioro de imagen de instituciones (Carabineros y Fuerzas Armadas); cuando se ve que el vuelito del crecimiento no es suficiente y no se ven iniciativas; cuando uno ve la tremenda desigualdad y el gobierno ni lo menciona; uno piensa que se requiere mayor amplitud de mirada.

Acuerdos de Escazú y migración: “La Cancillería no ha hecho un buen papel… Ha sido bastante débil”

– “El cuestionamiento con lo sucedido en Nicaragua y Venezuela de democracias que se transformaron en dictaduras; o las situaciones de Perú con cinco presidentes procesados; Argentina con la corrupción, y la elección de Jair Bolsonaro en Brasil, reflejan que hay un problema claro de necesidad de fortalecer la democracia en América Latina, y no podemos decir que no nos afecta”, remarca el presidente del Senado, Carlos Montes, al detallar su principal foco de inquietud.

¿Por qué le inquieta este tema en particular?

-La historia nos ha enseñado que lo que ocurre en Brasil influye bastante en Chile, a la larga. Uno puede decir “bueno, vivo mi vida, a nosotros no nos pasa eso”, o decir que tenemos que fortalecer la democracia y en ningún momento descuidarnos de temas como la transparencia o la corrupción. Y en el gobierno uno no ve señales de preocupación sobre cómo fortalecer la democracia, por el contrario, algunos creyeron que lo de Bolsonaro era una buena señal, y eso yo lo encuentro preocupante.

¿Por qué si ambos son de derecha?

-Fue una mirada muy cortoplacista, del momento, muy sesgada, de no mirar el conjunto y la perspectiva de futuro. Y vemos que ya se le está complicando con el polo pinochetista -como lo llamó Escalona (Camilo, PS)- que está empezando a desplegarse, porque estaba latente, y eso son efectos directos de la situación de Brasil.

¿Ese despertar también lo relaciona con la forma en que el gobierno enfrentó esa elección?

-El gobierno no ponderó todo el potencial del problema que se podría generar. La conclusión que yo sacaría es que hay que hacer grandes esfuerzos por fortalecer la democracia representativa. Estas son noticias en desarrollo, y hay reacciones iniciales a veces más serias, a veces menos responsables. Está por verse qué hará el gobierno y cómo le afectará; al final el Presidente ha terminado diciendo que José Antonio Kast no es un proyecto bueno para Chile o una frase similar.

¿Cómo liga esto con la no firma de dos tratados internacionales como el de Escazú sobre medioambiente y el de Marruecos sobre migración?

-Mucha gente que sabe ha dicho que el gobierno está dando señales de ubicarse en un bloque internacional más duro, que no considera la necesidad de tener organismos internacionales fuertes para ponerse de acuerdo en cosas básicas. Además, lo hace de una manera tal, que no es suficientemente decantada, reflexiva, de darle legitimidad, lo hace sin diálogo. Lo que ocurrió en el pacto de migración es realmente un pésimo tratamiento. Nuevamente mucho cortoplacismo, poca mirada de conjunto ni de coordenadas.

En ese sentido, ¿cómo ve la Cancillería con Roberto Ampuero?

-Creo que en estos dos casos, la Cancillería no ha hecho un buen papel ni ha tenido una propuesta oportuna. En lo de La Haya mantuvo lo que venía y tuvo un desempeño consistente, pero en esto último ha sido bastante débil.

Hablando de transparencia y deterioro de imagen, ¿cómo evaluaría el desempeño del Senado en este, su año en la presidencia?

-Fue bastante difícil, pero finalmente llegamos a que el 100% de las asesorías externas estuvieran en la página del Congreso. Ese es un tema superado. Más al fondo, no sé hasta qué punto hay conciencia en el Congreso de que es muy importante abrir una nueva etapa y tener cambios.

Ha sido bien difícil, porque hay quienes tienen esa conciencia y otros que no. Yo soy un convencido de que el mayor problema que hoy tenemos tiene que ver con el sistema de dirección del Senado, de no tener a alguien que se haga cargo.

Y la oposición, ¿cómo pasó 2018?

-La oposición, es verdad, ha tenido debilidad en 2018. Los partidos han ido resolviendo sus problemas internos. Ha habido actitudes distintas frente al gobierno y el PS ha estado en una actitud más crítica, pero también se han aprobado leyes malas, como la de Aula Segura, y otras como el Presupuesto, donde hubo un sentido de responsabilidad país y se lograron modificar aspectos fundamentales. Es primera vez desde 1988 que estamos sin una coalición y, sin duda, eso influye en la capacidad política de la oposición, pero creo que vamos a ir avanzando en más entendimiento al interior de la centroizquierda.

¿Eso abre la posibilidad de que Piñera cumpla con tener un segundo período para la derecha?

-No. Creo que aún está en juego, y los problemas deberían superarse en 2019.

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