Aprendiendo a leer después de los 30: el desafío de la alfabetización en adultos

Hoy en Chile cerca de 600 mil mayores de 15 años, en pleno auge del mundo digital, no saben leer ni escribir. Una empresa que detectó esa carencia comenzó hace seis años un programa para alfabetizarlos. Se preparan durante un año. Y un nuevo mundo se abre a esos empleados de entre 39 y 70 años. Nunca es tarde para aprender.


Es viernes por la mañana, y en una sala de la comuna de Providencia, en Santiago, un grupo de adultos revisa tareas. Tienen entre 39 y 70 años. Por algunas horas olvidan el trabajo diario y regresan al pupitre. Toman apuntes, preguntan a las profesoras sobre vocabulario y comentan entre ellos sus avances. Rompen así con las frustraciones y dificultades vividas por una carencia de años, que prefieren no comentar: no saben leer ni escribir.

Es la base de cualquier aprendizaje y herramienta vital para desenvolverse socialmente. Pero muchas personas en Chile no la tienen. ¿Cuántas es la población analfabeta en Chile? Son cerca de 600 mil (3,6%), los mayores de 15 años que en pleno auge del mundo digital no saben leer y escribir, según datos Casen 2017. Una cifra que en las últimas décadas no baja del 5%. En el año 1990, fue 4,9%, en el 2000, 3,7% y en 2013, 3,6%.

Las razones de por qué un adulto no cuenta con ese aprendizaje es muchas veces por malas experiencias en su etapa escolar. Carmen Sotomayor, investigadora del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile, Ciae, indica que son quienes desertaron tempranamente del colegio. “Fueron a la escuela, pero no aprendieron por problemas de trastornos específicos del lenguaje no tratados. Por lo general fueron, pero estuvieron pocos años y terminaron saliéndose de la escuela, porque si no saben escribir y leer no pueden seguir”.

Pero también está el peso de las carencias económicas y de cuidado importantes, que impidieron que continuaran. El resultado en la mayoría es marginación social. Por ello, conseguir un puesto de trabajo sin leer ni escribir es muy difícil o se restringe a opciones de muy baja calificación.

Nunca es tarde para aprender

Esa fue la carencia que el Grupo Eulen Chile percibió en el año 2012. Muchos de sus empleados que se desempeñan en trabajos de primera línea, no sabían leer ni escribir. Comenzaron entonces un programa de alfabetización, señala Yorcy Sánchez, subgerente de Formación y Sostenibilidad de Grupo Eulen Chile.

La compañía, que presta servicios de externalización a empresas, como seguridad, limpieza, operaciones, peajes, entre otros, y cuenta con más de 11 mil trabajadores a nivel nacional, elaboró un programa de alfabetización funcional. Entre gerentes y encargados de las diferentes áreas les enseñaban a leer y a escribir.

Pero pronto se dieron cuenta de que necesitaban mucho más. Requerían de apoyo pedagógico. Un modelo más estructurado para el logro del objetivo. “Fue así, como acudimos a establecimientos como la Universidad Andrés Bello, que aceptó este proyecto como un desafío para sus estudiantes”, explica Sánchez.

Julia, tiene 58 años y participa en las capacitaciones. Su meta al inicio era aprender a leer de corrido. Comenta que al empezar se sentía insegura. Más fue el temor cuando su hija le dijo que cómo iba a estudiar tan vieja, si no lo había hecho antes. “Pero yo le contesté que nunca es tarde para aprender. Ahora lo entienden, mi hija y mi nieta me ayudan en las tareas, se dieron cuenta que yo tenía razón”.

Pese al entusiasmo por aprender, las dificultades son numerosas. De parte de las personas -que en este caso ya tienen un trabajo- significa invertir tiempo y energía a costa del escaso tiempo libre o la posibilidad de otro ingreso, en algo que no necesariamente representará una mejora directa o a corto plazo.

Trabajadora en el taller de psicopedagogía. Crédito: Eulen.

Un año es el que deben destinar para ese aprendizaje, todos las mañanas de los viernes. Si se considera que no fue fácil su paso por la escuela, y sumado a que el no leer, ni escribir, es una experiencia traumática, el factor emocional es muy importante, indica Sotomayor. Que no se sientan amenazados, sino más bien que están en un ambiente amigable. “Que se sientan seguros, los adultos tienen muchas experiencias de vida, no se pueden tratar como niños. No leen, pero saben muchas cosas, por eso es importante considerar su experiencia y ligado a ello buscar textos que sean interesantes para ellos, que estén relacionados con su vida, con su trabajo, hijos, nietos”.

La clase es guiada por cuatro estudiantes de segundo año de la psicopedagogía, las que desarrollan el plan iniciado por la empresa. Entre las clases, los trabajadores comparten sus historias, marcadas por el esfuerzo para salir adelante.

Y los estudiantes se muestran muy interesados. La nula deserción lo reafirma, dicen las profesoras. La conclusión de quienes se involucraron en el proceso es que definitivamente se puede aprender durante toda la vida. “Se puede llegar a ser alfabetizado en cualquier momento, sólo que se hace más difícil, pero no imposible, como lo demuestran con su perseverancia este grupo de trabajadores”, destaca Sánchez.

Algunas de las dificultades son el material que se usa para que aprendan. Daniela Brito, estudiante de segundo año de Psicopedagogía vespertino de la Universidad Andrés Bello, casa de estudio a cargo del programa de Eulen. La bibliografía de alfabetización está orientada a niños, dice, por eso buscan las temáticas que sirvan para orientarlos, como cosas del entorno cotidiano e ir relacionando sus significados. “Muchas veces se frustran y bloquean cuando no llegan rápido con una respuesta, por eso es importante la selección del vocabulario en la clase”, dice Brito.

Para poder aprender a leer y escribir ellos deben adquirir o potenciar habilidades como seguir una instrucción. Pero la ansiedad les juega en contra. “Ahí vimos graves falencias porque están ansiosos, cuando les dábamos instrucciones no respondían y comenzaban a acelerarse”, cuenta Brito. Entonces buscaron fórmulas para calmar la ansiedad, como que el grupo entendiera que es necesario seguir el paso a paso de una instrucción. Para eso aplicaron técnicas como crear figuras con origami.

Al iniciar ese aprendizaje en adultos, Sotomayor destaca que se considerar el nivel en qué parten. Puede haber uno u otro que no conozca nada, pero lo más probable es que conozcan algo. “Algunos puede un que lea silábicamente, otros palabra a palabra, otros que tengan problemas de compresión de lectura, otros pueden leer fluido pero no entiende por problemas de vocabulario. Es importante considerar los niveles”.

Analfabetismo funcional

Y si bien en Chile a nivel general, el analfabetismo es bajo, agrega Sotomayor, especialmente si se compara con el resto de América Latina, existe un alto nivel de analfabetismo funcional, personas que no comprenden lo que leen. Los resultados de la Encuesta sobre Competencias de los Adultos (PIAAC), desarrollado por la OCDE en el año 2016, un 53% de los adultos chilenos tiene un bajo nivel de desempeño en comprensión lectora.

Muchos adultos no comprenden lo que leen. Solo aquellos que tienen un trabajo donde se les exige leer y escribir, tienen mejor comprensión lectora, que no leen pierden las habilidades de lectura. “Por eso es importante que tengan oportunidades y exigencia de escritura o lectura. Porque si no practican la escritura y la lectura, se pierde”. La recomendación en ese sentido, dice Sotomayor, es que en los espacios de trabajo existan recomendaciones y carteles escritos, y que a los trabajadores se les pida informes por escrito.

La semana pasada en el curso de alfabetización en Eulen, sus alumnos y alumnas recibieron el diploma de finalización del programa. Ya saben leer y escribir. En esa ceremonia Julia leyó un fragmento que escribieron con sus compañeros y compañeras de clase. Querían agradecer. Pero además, ella buscaba vencer el miedo. Algo tan sencillo para muchos, era muy significativo a sus 58 años.

Julia, se paró frente al grupo y leyó: “Queremos agradecer a nuestra empresa Eulen por darnos la oportunidad de los días viernes poder vivir esta experiencia. A nuestros jefes por darnos los permisos para poder asistir a nuestras clases, a los encargados del área de capacitación, a la señora Inés por los ricos desayunos de los días viernes y a las profesoras por su paciencia y disponibilidad hacia nosotros y finalizando a nosotros los que llegamos a final de esta carrera, porque es sólo el inicio de todas las que quedamos vamos a correr desde ahora en adelante“. Así derribó los prejuicios de quienes al empezar le dijeron “cómo iba a estudiar tan viejas”. Nunca es tarde para aprender.



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