Columna de Javier Ramírez: “Pollos esféricos e innovación”


Existen muchas versiones del chiste que se hizo conocido gracias a su aparición en la sitcom The Big Bang Theory. Un físico es contratado como consultor en una granja avícola, para resolver un problema productivo; luego de hacer sus cálculos encuentra una respuesta, pero antes de explicarla advierte que “esta solución sólo funciona en pollos esféricos al vacío”.

La anécdota, que refleja la costumbre de los físicos de dotar de condiciones de borde ideales a las soluciones que proponen, se extiende mucho más allá de las fronteras de la física teórica y alcanza también a la innovación tecnológica.

Un caso paradigmático son los hongos de pudrición blanca. Bajo ese poco-sexy nombre, se escondía una tecnología que prometía ser uno de los grandes casos de éxito de transferencia tecnológica en Chile. Después de una serie de exitosos proyectos de I+D cofinanciados entre el Estado y grandes empresas, y ejecutados por la universidad, las cepas fúngicas y su revolucionario método para digerir la lignina de la madera y por tanto blanquear la pulpa, auguraban excelentes resultados para la industria de la celulosa, no sólo financieros sino también medioambientales, al disminuir considerablemente el uso de químicos en el proceso.

Sin embargo, luego de más mil millones de pesos invertidos en I+D, patentes e implementación de una planta de producción, finalmente el proyecto se cerró, sin jamás llegar a la solución prometida. ¿Qué sucedió?

Al igual que el físico del chiste, la tecnología fue concebida considerando condiciones de aplicación ideal. Simplificando la situación, asumía patios de acopio en las plantas de celulosa, donde los troncos se guardaban en filas ordenadas mientras un ejército de operarios con brochas aplicaban la pasta semi sólida que contenía al hongo. En la realidad, los cerros que formaban los troncos apilados en desorden hacían que la seguridad de los trabajadores, los costos de implementación y en general su coordinación con el resto de las operaciones de la planta, hiciese imposible su aplicación práctica. La solución propuesta por la empresa: un sistema de duchas impregnaría los troncos en su entrada a la planta, sin alterar su operación general y haciendo irrelevante su forma de almacenamiento posterior. Naturalmente, para ello los hongos tendrían que ser semi líquidos y para ello… bueno, para ello tendría que haberse concebido así, desde un comienzo, 10 años y mil millones de pesos en el pasado.

La investigación científica puede ser exitosa incluso cuando no logra los resultados previstos originalmente, pero un proyecto de I+D necesariamente tiene que incluir al cliente en su hipótesis; considerar el valor real que los resultados de investigación generan al cliente, mejoran considerablemente las posibilidades de insertarse en la matriz productiva y transformarse en innovación. De lo contrario, los años de esfuerzo y recursos invertidos servirán solo de material para una columna que advierta contra este tipo de situaciones.

Peor que un mal chiste de científicos.

*Director ejecutivo Know Hub Chile

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